Cooperadores Parroquiales de
Cristo Rey

Un fundador:
El P. Francisco de P. Vallet Arnau
¿Quién era el P. Vallet?
Los últimos años se había hablado mucho de él. En Cataluña era conocidísimo como predicador fogoso, convertidor de hombres, fundador de la "Obra dels Exercicis Parroquials."
Era, a su vez,
un convertido. Joven universitario, por los años 1906-1907, vive
una profunda crisis espiritual. Llega a pensar que ha perdido la fe. Intuye,
sin embargo, que en el silencio, en la soledad, podrá superar la
crisis. Le viene a la
mente un recuerdo de infancia: los Jesuitas daban unos ejercicios espirituales
en silencio... Se decide a practicarlos. Lo hace en Manresa, allí
mismo donde Ignacio de Loyola los viviera el primero, cuatro siglos antes.
    
Padre Francisco de Paula Vallet
Son un descubrimiento deslumbrante. En ellos se encuentra a
sí mismo y encuentra a Cristo. Cristo se le presenta como el "Señor
y Rey universal", Ideal vivo y fascinante. En Él halla el sentido
de su existencia.
La espiritualidad del librito de Ignacio le marca tan profundamente, que se transforma en el alma de su vida interior. Decide consagrarse enteramente a la difusión de esta experiencia espiritual. Pide entrar y es admitido en la Compañía de Jesús.
La O. E. P. (Obra de Ejercicios Parroquiales)
Durante los años de formación jesuítica va madurando un plan: la conquista para Cristo del hombre adulto, ese marginado del espíritu, "en cuyas manos se hallan casi todos los medios, tanto para hacer el bien, como para corromper a la humanidad", y al que nadie consagra todas sus energías.

P.Vallet en el noviciado de la Compañía de Jesús, en Gandía (Valencia)
En 1922, mientras da los últimos toques a su formación, comienza
a realizar ese plan. En su mente bullen, junto con el ideal de su vida, Cristo,
"el Rey de Verdad y de Amor, en cuyo Corazón y en cuyo Cuerpo,
la Iglesia, deben encontrar todos los hombres la comunión con el Padre
y entre sí", proyectos concretos. Ha pensado en la forma de dar
los Ejercicios a los hombres, en la perseverancia de los que los hayan practicado,
en el reclutamiento de nuevos ejercitantes; todo dentro de un movimiento de
apostolado seglar, la Obra de los Ejercicios.
Un encuentro con el Párroco de Cervera (Lérida), le hace descubrir que la red parroquial de las diócesis ofrece a la Obra de Ejercicios una estructura de base, sólida, en conexión vital y jerárquica con todo el Cuerpo de Cristo.
En la Parroquia ve asimismo una presencia inmediata y concreta de la Iglesia entera, Reino de Cristo y lugar de la Comunión trinitaria con los hombres.
El P. Vallet no vacila: la Obra de los Ejercicios será parroquial.