Finalmente ¿en qué consiste

el matrimonio?

 

¿Me puede aclarar Vd. en qué consiste finalmente el matrimonio? Porque con este jaleo del matrimonio homosexual, leo lo que dicen los que se oponen y me parece evidente que tienen razón; pero cuando leo las afirmaciones tan tajantes y solemnes, por ejemplo de la Vicepresidenta primera del Gobierno, me quedo perplejo.

P.C. Pozuelo

 

La palabra matrimonio etimológicamente viene de “Matris munus”, la función de la madre, es decir, concebir, gestar en su seno al hijo concebido, darle a luz, alimentarle y educarle. Todo ello, evidentemente en estrecha colaboración con quien se ha unido a ella para tal fin, el padre. De la misma manera que patrimonio viene de “Patris munus”, función del padre, que no consiste sólo en sostener económicamente a la familia y crear para ella un fondo de bienes, una propiedad familiar más o menos importante, sino y sobre todo en unirse con su esposa en un amor fecundo. El matrimonio es, pues, la unión estable de amor entre un hombre y una mujer en orden al logro de la perfección de ambos y la procreación de hijos. Digo “estable” porque el matrimonio es naturalmente indisoluble. La indisolubilidad del mismo no le viene de la voluntad de Cristo al instituir el sacramento del matrimonio, como algunos enseñan. Cristo, consultado sobre la licitud de repudiar a la propia mujer, respondió: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así» (Mt 19, 8). «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,  y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre» (Mc 10, 5-10). Ese “desde el principio”  de S. Mateo, como “desde el comienzo de la creación” de S. Marcos, alude a la naturaleza misma de las cosas, no a una ley posterior, aun divina.

Eso es por naturaleza el matrimonio. Una unión, por contra, de carácter sexual entre personas del mismo sexo podrá llamarse concubinato, que lo es, porque concubinato significa el estado de quienes se acuestan juntos, aunque no estén casados, pero no, matrimonio, porque esa unión es necesariamente infecunda, y el matrimonio existe como unión de amor, sí, pero fecundo.

Citas a la Vicepresidente primera del Gobierno. Diversas veces, en efecto, se ha pronunciado con aplomo para afirmar que la modificación del Código civil que la nueva ley en ciernes quiere llevar a cabo sólo pretende reconocer el derecho de casarse a quien no se le ha concedido. Ante todo hay que decirle a esa pobre mujer, que dos homosexuales no tiene ningún derecho a casarse, porque casarse es contraer matrimonio y el matrimonio se da entre personas de diverso sexo, capaces de procrear. Por tanto no hay tal reconocimiento. Lo que si hay es un cambio de definición de matrimonio, o más exactamente, supresión en nuestra legislación del verdadero matrimonio. Cosa grave para la cual un Gobierno no tiene autoridad. No entra en las atribuciones de un Gobierno modifica el sentido de las palabras y menos aún para ir contra el derecho natural. Si lo que pretenden es legalizar las uniones entre homosexuales, que lo hagan, aunque se trate de legalizar algo anormal e inmoral. Pero que no se empeñen en decir que eso es un matrimonio, porque no lo es. Llámenlo concubinato, repito, pero no matrimonio, cosa, por otra parte, que a la mayoría de los homosexuales les importa un comino. Y que no pretendan justificar esas uniones, diciendo que la homosexualidad es una tendencia normal del sexo, cuando a todas luces se trata de una anomalía del mismo, a pesar del escándalo farisaico que han montado contra el Dr. Polaino.

Y esperemos que, puestos a declarar normales las diversas tendencias sexuales, no lleguen a considerar normal también el bestialismo, esa inclinación sexual de algunas personas hacia un animal y pretendan conceder a quienes experimentan esa tendencia el derecho al matrimonio, matrimonio legal, claro, y bestial.

Querido amigo, estamos ante una revolución satánica, destinada a pisotear la imagen de Dios en el hombre y muy particularmente en la familia. El primer hachazo contra esta institución divina le dieron el día que legalizaron el divorcio. Porque, éste legalizado, el matrimonio legal ya no es indisoluble, es decir, ya no es verdadero matrimonio. Ahora se pretende considerar matrimonio indiferentemente al que se da entre hombre y mujer, o entre personas del mismo sexo. El matrimonio desaparece así de nuestro Código civil. ¿Me explico? Que Dios nos libre de “esta generación perversa y adúltera”. Que María intervenga una vez más para salvar a España, y para que vuelva a ser su tierra.

J Mª F-C.