Ponerse en oración, para la misión

 

 

Jesús estaba siempre filialmente pendiente del Padre desde lo más hondo de su corazón, y eso es oración. Pero, además, a lo largo de sus días y sus noches, tenía momentos particularmente densos de oración. Existían incluso situaciones en la vida de Jesús, en las que la oración se hacía particularmente intensa: como si el poder de la oración, su fuerza, fuera necesaria e incluso determinante, para lo que va a realizar después. 

Sucede después de su Bautismo a orillas del Jordán (Lucas 3,21-22).

 Jesús va a dar comienzo a su misión apostólica en oración: ...bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo..., y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo... 

Una vez bautizado, inicia su misión; pero antes y expresamente se pone en oración, busca la relación de intimidad con su Padre, y ésta se da perfectamente. El texto dice todo lo que ocurrió en ese encuentro íntimo: se abre el cielo, viene sobre él el Espíritu y oye a su Padre afirmar y confirmar: Tú eres mi Hijo... Analicemos las secuencias de la escena:

...Bautizado también Jesús y puesto en oración... Con el bautismo, todo cambia: habitado por el Padre y el Espíritu, la relación íntima de amor entre los Tres es continua, más fácil, y asequible en toda circunstancia.

Jesús hace sólo una cosa: ponerse en oración. Lo demás es don. Pero, ¿qué significa ponerse en oración? Que se retira interiormente, que se recoge, que deja de estar atento a lo exterior (todo el pueblo estaba bautizándose), para estarlo intensamente a lo interior. Quiere explícitamente entrar en diálogo silencioso de comunión y amor con el Padre. (Véase Lucas 22,41). En esas condiciones, acontecen en Jesús tres cosas importantes y decisivas para su misión:

- Se abrió el cielo, es decir, el Hijo del Hombre ve y oye, percibe y entra en comunión con todo lo trascendente y lo divino: no hay distancias de comunión y amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, dentro de sí mismo. Eso, gracias a ponerse en oración.

- Bajó sobre el Espíritu Santo: se le dio el Espíritu en plenitud, le inundó; desde entonces, el Espíritu le orientará en todo: le llevó al desierto y le sostuvo frente a todo dificultad y al mismo Tentador (Lucas 4, 1-14). Y después, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos (Lucas 4,14-15). Eso, gracias a ponerse en oración.

- Y vino una voz del cielo: Tú eres mi hijo. En esa intimidad, no sólo recibe el Espíritu en plenitud, sino que el Padre le habla cariñosamente, confirmándole que es su hijo, y según Mateo y Marcos, el amado en quien me complazco; lo cual es un abrazo entrañable del Padre, espaldarazo para su misión de Hijo a favor de los hombres. Eso también, gracias a ponerse en oración.

En la oración, Jesús ha sido iluminado sobre su misión, capacitado para ella y pertrechado del poder del Espíritu para consumarla. Como bautizados, nosotros también estamos capacitados para ponernos en oración, y habilitados como Jesús para la misión. ¿Por qué tanta dificultad en las dos? ¿Qué nos está pasando?

Lector amigo, oro contigo y por ti. ¿Quieres hacerlo por mí?

 

La práctica orante

 

1. Vete y ponte ahora en oración, como Jesús. Retírate e interiorízate. No te será difícil, si tomas la postura conveniente, el lugar adecuado, donde todo te invita al recogimiento: la Biblia abierta, la imagen elocuente, el velón encendido, la luz matizada... todo en calma y serenidad, expresión de una Presencia: la de Dios Personal.  Baja dentro de ti, despacio... la Trinidad mora en ti... Te acogen dentro de ti, el Padre y el Hijo en el Santo Amor del Espíritu... Dentro, muy dentro de ti... Tú, desea querer..., y quiere estar así... ahí... dentro de ti... No fuerces nada. No tengas prisa. Cree. Ama.

2. Todo lo demás lo hace Dios, lo está haciendo. Es don... Consiente a lo que quiere Dios... Consiente... Como bautizado, tienes una misión: ser santo; ser Jesús; ser Iglesia; ser evangelio vivo; ser evangelizador... En tu casa, en tu trabajo... Como esposo/a..., como padre o como madre... En la calle, en la oficina o en el parlamento, en tus tiempos de ocio y de relación social... Consiente a la Presencia Divina Trinitaria y a los dones que te regala... ¿No los ves? Sí los ves en la seguridad que te da la fe... Puesto que no hay distancias, hay comunión de amor... fecundo... dentro de ti... No te importe cómo. Eres el cielo de Dios en ti.

3. Como el Padre y el Hijo se están Amando en ti... El Santo Espíritu se derrama con más plenitud dentro de ti... Acepta... Acepta dentro de ti al Espíritu... El: calienta lo que está frío... dentro de ti... Reorienta lo torcido... dentro de ti... Fortifica lo débil... dentro de ti... Sana lo enfermo... dentro de ti... Pone en ascuas, para incendiar... la mortecina brasa de amor y de entrega, que está dentro de ti... Acepta... y consiente al don del Espíritu... dentro de ti...

4. Escucha... Te está hablando el Padre, tu Padre-Dios-Amor... Seguro, muy seguro. Pero ten en cuenta esto:  el lenguaje mejor de Dios es el silencio amoroso. Escucha... Te está hablando el Hijo... pero atento, su mejor lenguaje es seducir tu corazón hacia su imitación: ser otro él, hoy, tú... Escucha... Te está hablando el Espíritu... cuidado, no sabes de donde viene ni adonde va, pero habla el lenguaje sutil de la paz profunda, de la quietud honda, de la serenidad muy serena... del amor que fusiona y que... luego lanza... Escucha más y más. ¿Qué te dicen los Tres? 

 

P. Gregorio