PRELIMINAR

 

Para nadie es un secreto que la fe del católico de a pie está sometida en nuestros días a una dura prueba. La cultura española ha dejado de ser católica, para transformarse no sólo en anticristiana, sino en groseramente materialista. Y bien sabido es que la fuerza ejercida por la cultura ambiente en el hombre, sobre todo joven, es superior a la de la educación recibida de los padres y de la Iglesia.

 

Por otra parte, quienes se declaran increyentes o agnósticos -cosa que sienta bien, está de moda- no las tienen todas consigo. El tema religioso es demasiado serio, para tratarlo a la ligera, en el fuero interno, y hacerlo depender de una moda. La inmensa mayoría de nuestros ateos, agnósticos, descreídos, no lo son más que de boquita. En su interior están convencidos, cuando menos, de la existencia de Dios, y bien les gustaría poder aclarar ciertas cosas en la materia.

 

Se comprende el interés que está despertando el libro religioso, sobre todo el que expone y defiende los fundamentos racionales de la fe.

 

Cuando en enero de 1993 comencé a escribir en la revista Avanzar una serie de artículos, para facilitar una respuesta del cristiano de la calle al insistente llamamiento del Papa a la “nueva evangelización”, no sospechaba que habrían de suscitar el interés que después he ido constatando.

 

La aventura a la que Juan Pablo II nos invita consiste en algo muy viejo, y, a la vez, actualísimo: estar “dispuestos a dar respuesta a todo el que os -nos- pida razón de vuestra -nuestra- esperanza”, según la expresión de San Pedro, en su primera carta.

 

Dar razón de la propia esperanza no es tan sencillo, no es el simple -indispensable e importantísimo- dar testimonio con la conducta, con coherencia de vida, de la verdad del Evangelio. Pide dirigirse a la inteligencia del hombre, para hacerle comprender que creer en Dios, en Jesucristo y en su Iglesia, no sólo no es indigno del ser humano, sino del todo razonable y enoblecedor. Lo mejor, además, para satisfacer sus más hondas y nobles aspiraciones.

 

Se ha denigrado y relegado tanto este trabajo propio de la Apologética en el postconcilio, que -a pesar de seguir considerándola importante y necesaria- yo mismo había llegado a dejarla un poco de lado. Debo a Mns. Fernando Sebastián y a uno de sus libros [1] , precisamente sobre la nueva evangelización, el haberme decidido a ponerla al alcance de ese hombre de la calle, por una parte, capaz de entenderla y, por otra, muy necesitado de ella.

 

Desde el primer momento, comprendí que mi tarea iba a ser larga y así se lo previne a los lectores. Treinta artículos de más que medianas dimensiones me ha pedido.

 

A lo largo de los tres años en que han ido apareciendo, me ha alentado el interés que, como digo, no esperaba y pronto empecé a advertir en todo tipo de personas.

 

Varios me han sugerido la conveniencia de agrupar esos artículos en un libro. He aceptado, en la esperanza de que pueda ser útil para un público más amplio que el de los lectores de la modesta revista Avanzar. Útil no sólo para creyentes necesitados de fundamentar racionalmente su fe, sino también para quienes honestamente piensan no haber encontrado razones válidas para abrirse a la verdad del Evangelio.

 

Con esto ya sabes qué libro tienes entre manos. No te imagines, sin embargo, que se trata de un pesado manual de Teología fundamental. Es un simple escrito de divulgación. En él, eso sí, he procurado que el estilo, más bien periodístico, sea vehículo de una sólida argumentación. Ésta, a veces, podrá parecerte, por filosófica, difícil. No lo es tanto, créeme. Todo hombre, por naturaleza, lleva dentro un filósofo y, por ende, es capaz de moverse con cierta facilidad en el mundo de lo suprasensible, propio de la Filosofía, en busca de las razones últimas de las cosas, las únicas que pueden satisfacer plenamente sus legítimos deseos de saber. En confirmación, puedo decirte que, entre quienes me han manifestado su contento por esos artículos, hay catequistas, sin mayor preparación que la que requiere su misión de enseñar a los niños las verdades de la fe, y simples profesionales nada duchos en estos temas.

 

Y, con esto, ya te he dicho todo lo que necesitas para iniciar una lectura, que te deseo provechosa y agradable.

 

 

 

José Mª Fernández-Cueto, CPCR

 

Pozuelo de Alarcón, 15 de mayo de 1996

 

 

 

 

 

 

[1]“Nueva evangelización”, Fernando Sebastián Aguilar. Ediciones Encuentro, Madrid 1991