Ante el laicismo creciente de Europa, ¿no sería lo
mejor sacudir el polvo de las sandalias e irse a otra parte?
Hace unos
días, leyendo en el Evangelio de S. Mateo la recomendación de Jesús, “Y si no
se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la
ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies. (Mt 10, 14)”, me vino a la
mente una pregunta: ¿Por qué se empeñan los CPCR en seguir ofreciendo sus
ministerios apostólicos en España, cuando tienen tan poca acogida? ¿No sería
mejor que se viniesen al Congo o se fuesen a cualquiera de los muchos lugares
en los que hay hambre de Dios y sería mucho más eficaz su apostolado? ¿Puede
darme una respuesta?
Un
misionero. Kimwenza (R.D.C.)
Tu pregunta
se la han hecho ya no pocos Cooperadores, como también se la han hecho, con
idéntica lógica, extendiéndola a
Ante todo,
debo decirte que la respuesta corresponde darla a quienes tienen la autoridad,
sea en nuestra pobre Congregación, sea en
Como
nuestros problemas al respecto se enmarcan dentro de ese cuadro más amplio de
Por de
pronto, no parece que sea la tentación del Papa y de los Obispos europeos
abandonar una Europa, en la que, entre otras muchas deficiencias, la práctica
religiosa se está reduciendo a algunos ancianos y ancianas, y que está
políticamente dispuesta a renegar de su pasado cristiano, avanzando cada vez
más resueltamente hacia un laicismo a ultranza. Por el contrario, pero en
consecuencia, insisten en la necesidad de una nueva evangelización del
Continente europeo. E incluso reclaman, una y otra vez, el reconocimiento de
las raíces cristianas del mismo, advirtiendo a gobernantes, estadistas y
políticos del peligro que el rechazo de ese reconocimiento conlleva; peligro de
la ruina moral y social de Europa y del mundo, dado el influjo cultural, moral y
religioso que el Viejo Continente ha tenido siempre y sigue teniendo en todos
los demás continentes. Lejos, pues, de abandonar Europa al progresivo laicismo,
Cuando las
sirenas anuncian fuego, no es cuestión de abandonar a las llamas bosques,
cultivos, casas y personas, y darse a la fuga; por más pobre que pueda parecer
y ser la colaboración de cada cual, nadie debe escabullirse. Dentro de Europa,
España,
Con esto
iniciamos ya una respuesta a tu pregunta relativa a nuestra Congregación.
Cuando, hace unos años, solicitamos al Arzobispo de Madrid la aprobación de los
nuevos Estatutos de
Supongo que
esta es la razón por la que nuestros Superiores no han cedido nunca a la
tentación de abandonar España. Habrán tenido presentes también los criterios
ignacianos “para acertar mejor en el enviar a una parte o a otra”. Podrían
añadirse los inconvenientes de desarraigar una institución que lleva en el país
64 años y que cuenta, hoy por hoy, con un personal no precisamente joven, para
implantarla de nuevo en otro. Abandonar un campo de acción, como destruir, es
cosa fácil, abrir uno nuevo, como construir, es siempre difícil y arriesgado.
En cuanto a
la cita evangélica, me parece que no constituye una norma decisiva y
perentoria.
Quiera el
Señor fecundar los muchos sudores y lágrimas, ya que no la sangre derramada, de
tantos Cooperadores y Cooperatrices que han vivido y trabajado en nuestra
Patria, y hacer brotar nuevas y numerosas vocaciones que colaboren con
entusiasmo en la recristianización de la misma.
J. Mª. F-C.