PABLO, Y SU
ENSEÑANZA
SOBRE LOS
SACRAMENTOS (I)
Ciertamente san Pablo habla de los
sacramentos. Del bautismo habla mucho. De
Gregorio Rodríguez, cpcr
Lo
sabemos y tenemos experiencia: la historia humana desde el principio está
contaminada por el abuso de la libertad creada (pecado de origen), que pretende
emanciparse de
¿Cómo
llega Jesús y su sí a mi vida, a mi ser? La respuesta fundamental de san Pablo,
y de todo el nuevo Testamento, es ésta: llega por
obra del Espíritu Santo. Si la primera historia se pone en marcha, por así
decirlo, con la biología, la segunda lo hace en el Espíritu Santo, el Espíritu
de Cristo Resucitado. Este Espíritu ha creado en Pentecostés el inicio de una
nueva humanidad, de la nueva comunidad,
El sacramento
del Bautismo
¿Cómo
llega el Espíritu a ser nuestro Espíritu? Para ser concretos: este Espíritu de
Cristo, el Espíritu Santo, llega a ser mi Espíritu, ante todo por la fe y el
bautismo en
El
Espíritu de Cristo llama a las puertas de mi corazón, me toca interiormente.
Pero ya que la nueva humanidad debe ser un verdadero cuerpo, ya que el Espíritu
debe reunirnos y crear verdaderamente una comunidad, ya que lo característico
del nuevo comienzo es la superación de las divisiones y la creación de la
agregación de los dispersados, este Espíritu de Cristo se sirve de dos
elementos de agregación visibles: de
Dice
san Pablo a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y
crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (10,9);
o sea, entrarás así en la nueva historia de vida y no de muerte.
Pablo
continúa: «Pero ¿cómo invocarán a aquél en quien no han creído? ¿Cómo
creerán en aquél a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y
¿cómo predicarán si no son enviados?» (Rm 10,
14-15). Y en un versículo posterior dice de nuevo: «La fe viene de la
predicación» (v. 17). Quiere decir que la fe no es producto de nuestro
pensamiento, de nuestra reflexión, es algo nuevo que no podemos inventar, sino
sólo recibir como un don, como una novedad producida por Dios. Entonces, la fe
no viene de la lectura, sino de la escucha. No es una cosa solamente interior,
sino una relación con Alguien. Supone un encuentro con el anuncio, supone la
existencia del otro que anuncia y crea comunión.
Es
más: aquel que anuncia no habla por sí mismo, sino como enviado. Está dentro de
una estructura de misión que comienza con Jesús enviado por el Padre, pasa a
los apóstoles —la palabra «apóstol significa «enviado»— y
continúa en el ministerio, es decir, en las misiones transmitidas por los
apóstoles.
Concluyendo:
el nuevo tejido de la historia aparece en esta estructura de las misiones, en
la que sentimos, en último término, hablar a Dios mismo, su palabra personal,
el Hijo que habla con nosotros, llega hasta nosotros.
No
en vano,
La primera: «hemos sido bautizados» es un pasivo. Es decir, nadie puede
bautizarse a sí mismo, tiene necesidad del otro. Nadie puede hacerse cristiano
por sí mismo. Ser cristiano es un proceso pasivo. Sólo podemos hacernos
cristianos por medio de otro. Y este «otro» que nos hace cristianos, que
nos da el don de la fe, es en primera instancia la comunidad de los creyentes,
Quede
esto claro: recibimos la fe, el Bautismo, de
La segunda es ésta: el Bautismo es algo más que un lavatorio.
Es muerte y resurrección. Pablo mismo, hablando en
Empieza
en ese momento realmente una nueva vida. Ser cristiano es más que una operación
estética, que añadiría algo bonito a una existencia ya más o menos completa. Es
un nuevo comienzo, es renacimiento: muerte y resurrección. Obviamente, en la
resurrección vuelve a emerger lo que era bueno en la existencia anterior.
Y la tercera es que la materia forma parte del
sacramento. El cristianismo no es una realidad puramente espiritual, implica al
cuerpo. Implica al cosmos. Se extiende hacia la nueva tierra y los nuevos
cielos. Volvamos a la última palabra del texto de san Pablo: así -dice-
podemos «vivir una nueva vida». Elemento de un examen de conciencia para
todos nosotros: vivir una nueva vida. Esto, por el Bautismo.
Es
claro. El bautismo es un sacramento importante, muy importante, que aporta algo
nuevo y definitivo al ser humano. No es un lavado profundo, o un simple
«encuentro espiritual» con el Señor, que nos favorece. No. Es un real encuentro
personal con Cristo vivo, como el que tuvo Pablo en el camino de Damasco. Un
encuentro que cambia la vida natural del bautizado por una nueva vida: la de
Cristo en él. Pensemos. Meditemos. Valoremos. Y vivamos a lo Cristo. Si no,
¿qué hemos hecho con esa vida? ¿Habrá quedado atrofiada?
G.R.