Necesaria y
urgente
regeneración
A
todos, o a una buena mayoría de nuestra sociedad, incluidos nuestros fieles
cristianos, tal vez con más razón, nos duelen ya los oídos y más aún el
corazón, de no escuchar más que quejas. No exageramos: hemos oído demasiados
lamentos en lo que va de año. La gente, el pueblo, está agobiada y tensa; se
siente defraudada, estafada y desanimada. Se vive en un ambiente local,
nacional e internacional sumamente enrarecido. ¿Qué ha pasado?
Se
tiene la impresión y se palpa en la calle, de que todo está resquebrajado, peor
aún, degenerado, es decir, como que la anterior y primera calidad u original
valor de cuanto pensábamos, creíamos y vivíamos ha declinado. ¿Puede ser? Como
que nada ya es igual, ni valen las virtudes y valores de nuestros mayores y que
se han mantenido hasta hace bien poco. ¿Qué ha sucedido?
Pareciera
como que todo (familia, sociedad, política, estado, trabajo, relaciones,
economía, fe y religión), todo y todos estamos atacados por la carcoma.
Incapaces de poner remedio, asistimos a un deterioro estructural de derrumbe.
Todos nos damos cuenta. Pero, ¿Quién reacciona y qué hacer?
Sea
lo que fuere, creemos que ha llegado la hora de dar un golpe de timón. Hay que
levantar la cabeza, abrir los ojos y ensanchar el corazón para percatarse de lo
mucho bueno y positivo que todavía existe, alegrarnos sinceramente de ello,
ponerlo más de relieve y dejar de lamentarnos. Desde ahí, hemos de emprender la
urgente e imprescindible tarea de sanear desde las raíces todos
esos ámbitos maltrechos de la vida personal, familiar, social, etc., para
regenerarlo todo. Éste es el primer paso necesario que todos podemos dar. Es
sencillo, aunque no sea tarea fácil y rápida.
Segundo
paso indispensable: tener clara conciencia de que hay que regenerar, ante todo,
la mente y el corazón humano; el hombre entero (persona, humanidad). Todo el
hombre. Todos los hombres. Con la gracia de Dios, hay que empezar por uno
mismo. ¿Cómo? Volviendo a Dios, así de claro. El hombre está desnortado porque
ha roto con Dios y no quiere saber de él. Va a la deriva y sin referencias. No
sabe quién es, ignora su origen y su fin. Se ha perdido por completo. No tiene
ni idea de su vocación trascendente.
Dios
lo es todo para el hombre, su mejor amigo y aliado. Con absoluta e infinita
gratuidad, Dios ha pensado, querido y creado al hombre para compartir con él su
Amor y para que este Amor sea el dinamismo más fuerte y fecundo de toda
relación indispensable con Dios y con los demás. Amor como alma vivificante de
su vida, su verdad, su libertad, su felicidad y la de los demás. Dios ha
creado al hombre a su imagen y semejanza, o lo que es lo mismo: el hombre
es imagen verdadera, reflejo vivo y real de Dios Amor en este mundo.
¡Hombre
(persona,
humanidad), tú y yo, volvamos a Dios! Conocemos su Rostro y su Corazón,
es Jesucristo. Está en el Evangelio, leámoslo; en los sacramentos, hemos de
recibirlos; en el hermano, tenemos que amarlos. Volvamos a Dios. Él es todo
don. Es regalo. Es presencia gozosa. Es comunión y abrazo. Quiere estar vivo en
cada uno de nosotros. Quiere que todos tengamos su misma Vida, -esa que
anhelamos desde lo profundo de corazón-, Vida-Amor-Felicidad, que es
constructiva y creativa, humanizadora, fraterna, y santificadora. Sólo así
habrá futuro, y entonces todo empezará a cambiar
Entre otras muchas, he aquí una propuesta sugestiva para regenerarnos y ser hombres nuevos: los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. ¡Hagamos la prueba! No hay tiempo que perder. Mañana será tarde.