“Ahora, más que nunca,

debemos estar unidos”

 

Juan Pablo II convocó para el 27de  octubre de 1986 el «Encuentro Interreligioso de Asís» a fin de rezar juntos por la Paz. Ciento cincuenta representantes de las doce principales religiones del mundo rezaron y ayunaron por esta intención.

La comunidad «Sant’Egido», de Roma, ha dado continuidad a este encuentro con sucesivas ediciones en diversos países. Este año tuvo lugar en Cracovia (Polonia) bajo el lema «Religiones y Culturas en diálogo». Los líderes religiosos que participaron aprobaron, el 7 de septiembre, un documento llamando a la paz del que ofrecemos algunos párrafos:

(...) Nuestras tradiciones religiosas, en sus diferencias, dicen juntas con fuerza que un mundo sin espíritu nunca será humano. Éstas inician el camino de vuelta a Dios, que es el origen de la paz. ¡El espíritu y el diálogo darán alma a este mundo globalizado!

Un mundo sin diálogo será esclavo del odio y del miedo al otro. Las religiones no quieren la guerra y no quieren ser usadas para la guerra. Hablar de guerra en nombre de Dios es una blasfemia. Ninguna guerra será nunca santa. La humanidad siempre es derrotada por la violencia y por el terror.

El espíritu y el diálogo indican el camino para vivir juntos en paz. Hemos descubierto con  más claridad que el diálogo libera del miedo y de la desconfianza hacia el otro. Es la gran alternativa a la guerra. No debilita la identidad de nadie y hace descubrir lo mejor de sí y del otro. Nada se pierde nunca con el diálogo.

El diálogo escribe mejor la historia, mientras el enfrentamiento abre abismos. El diálogo es el arte de vivir juntos. El diálogo es el don que queremos hacer al siglo XXI. Partimos por tanto de la memoria de la Segunda Guerra Mundial, de la profecía de Juan Pablo II, como peregrinos de paz, construyendo con paciencia y audacia una nueva etapa de diálogo, que una en la paz a quienes se odian y a quienes se ignoran, a todos los pueblos y a todos los hombres. ¡Que Dios conceda al mundo entero, a cada hombre y a cada mujer, el maravilloso don de la paz! . (Traducción del italiano por Zenit).

 

El Cardenal de Cracovia, Mons. Stanislaw Dziwisz

tuvo la intervención de clausura del Congreso:

(...) La paz es un don de Dios. La paz nace en el corazón del hombre, que considera a los demás como hermanos y hermanas. La paz es obra de las comunidades y de los pueblos que, conservando su identidad, se reúnen en la gran familia de los pueblos, y participan en una sorprendente sinfonía de lenguas, culturas y tradiciones.

La paz es un don frágil. Se ve amenazada por el egoísmo personal del hombre y por el egoísmo colectivo de las sociedades. Se ve amenazada por la falta de respeto por la diversidad. Se ve amenazada cuando actuamos según la ley de la fuerza y de la violencia y cedemos a la tentación del terrorismo. Se ve amenazada por la falta de solidaridad, sobre todo hacia los pobres y las víctimas de la injusticia.

 El Encuentro por la Paz  “Hombres y Religiones” ha querido recordar con fuerza que ninguna religión y ninguna fe puede ser chispa de conflictos, violencias y guerras. El nombre de toda religión es la paz, porque la paz es el nombre de Dios. Los participantes en el Encuentro no se han reunido para competir y luchar, sino para construir juntos vínculos recíprocos de fraternidad y reconciliación, vínculos sobre los que se sustenta la obra de la paz.

Estamos agradecidos porque la invocación de paz se ha elevado hasta el cielo de Cracovia, ciudad de la paz. Desde la ciudad del peregrino de paz, Juan Pablo II, que salió de aquí para servir al hombre y anunciar la paz a la tierra inquieta.

Nuestra invocación de paz se ha esparcido por el mundo entero en estos días, en los que recordamos el setenta aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Hoy nos hemos convertido en peregrinos en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, calvario del siglo XX, y nos hemos dado cuenta de la monstruosa forma que puede asumir el mal. Hemos confiado al Señor Todopoderoso a las víctimas inocentes del odio, entre las que figuran las hijas y los hijos del pueblo judío, gitano, ruso, polaco y de los demás pueblos europeos. Hemos rezado para que no se repita jamás esta tragedia.

Nuestra invocación de paz se eleva en el veinte aniversario de la caída de los regímenes totalitarios en Europa centrooriental. Deseamos profundamente que todos los pueblos de la faz de la tierra vivan en libertad, libres de dictaduras e ideologías enloquecidas (...)

¡Gracias por el Espíritu de Asís en Cracovia!

 

Pocos días después del congreso de Cracovia, el nuevo Patriarca Ortodoxo de Moscú, arzobispo Hilarión, estuvo en Roma. El día 17 tuvo un encuentro con la Comunidad «Sant’Egidio» en la que dejó un testimonio aleccionador que transcribimos a continuación. Luego tuvo lugar su visita a Benedicto XVI, de gran importancia ecuménica.

«Vivimos en un mundo descristianizado, en un tiempo que algunos definen -—erróneamente—  como post-cristiano». «La sociedad contemporánea, con su materialismo práctico y su relativismo moral, es una oportunidad para todos nosotros. El futuro de la humanidad depende de nuestra respuesta...

Ahora más que nunca, los cristianos debemos estar unidos».