SAN RAMON NONATO,
Cardenal, protector de las embarazadas.
“Tú eres mi hijo. Yo,
María, soy tu Madre”.
Siglo XIII, siglo de grandes cambios, luces y santos.
Ve la luz en Portell, pueblo de la provincia española de Lérida, lugar
del feudo de los condes de Cardona.
Sus padres, gente
de campo, humildes, sueñan con la llegada de un hijo. Sueños y anhelos que con el paso del tiempo
no se cumplen.
Cerca de su casa se
encuentra la ermita de San Nicolás de Bari con la imagen de
Pastorea las ovejas.
Se acerca a diario a la ermita. “Allí
pasaba mucho tiempo embelesado rezando y viendo aquel Niño arropado por su
Madre que yo no conocí ni tuve, pero
en más de una ocasión oí una voz en mi interior que me susurraba: Tú eres mi
hijo, Yo soy tu Madre”. “A veces
descuidaba el rebaño. Algún vecino lo puso en cono-cimiento de mi padre que
vino en mi búsqueda y me habló de
encontrarme extasiado y de que vio como un joven desconocido andaba a lo lejos recogiendo las ovejas que se
habían descarriado”. “Sentí la
misma voz interior que me invitaba a entrar en la orden de
A los 24 años, en
1224, se ordena sacerdote.
Regresa a su
convento de Barcelona y pide autorización para volver de misión a ese
país. En 1236 se le ve de nuevo
recorriendo las cárceles. “Me encontré con gran número de
rehenes sumidos en unas condiciones de espanto.
Los dineros que llevaba no daban
para más y me ofrecí a los mandatarios musul-manes
de quedarme en mazmorras a cambio de la liberación de los más que pudiese. Así
se hizo. Ellos salieron y yo entré. Compartí sufrimientos, malos tratos, hambre y
mucha sed”.
Ramón consuela a
compañeros de cautiverio, infunde confianza en el Dios que no desampara y en
Su presencia de
ánimo, sus continuas prédicas sirven de apoyo a prisioneros y carceleros. “Alguno de los captores se quedaban absortos oyéndome. Más
de uno encontró gran consolación”.
Los jefes de la
prisión conocen la nefasta influencia de este hombre. Vigilan sus pala-bras,
controlan sus movimientos. “Decidieron hacerme callar, pero
no lo lograron. Jesús y María me daban
fuerza, constancia y valor para remediar tanto dolor. El escarmiento fue horrendo. Perforaron mis
labios con una lezna al rojo y pasaron a su través un candado que abrían cada
tiempo para tomar algo de agua y algún alimento”.
Ocho meses
transcurrieron hasta que llegó desde España a Argelia el dinero enviado por
Pedro Nolasco para su liberación. “Ocho meses en los
que sentí muy cercana la muerte y muy cercana la presencia de María. Notaba su voz en mi interior: Hijo mío, confía,
estoy con vos”.
Tal testimonio de
vida evangelizadora, misionera, desprendida, llega al Vaticano. Es llamado a Roma por el papa Gregorio IX con el que departe varios días. Meses más tarde de aquel año 1.239, le promueve
a la dignidad de cardenal. Ramón
oye y lee su nombramiento, e indiferente
a él, vuelve a ocupar su humilde celda. “No cambié ni de
hábitos ni de vestimenta, ni cambié mi manera de vivir inmersa en oración de
súplica por los infieles y por tantos cristianos padeciendo”
.
El papa vuelve a
demandar su presencia. Puesto de nuevo
en camino, a escasos diez kilómetros de Barcelona, se ve sorprendido por una
alta fiebre. Las secuelas de su
cautiverio y tortura tienen quebrantada su salud.
“Se encontraba muy cansado para el
viaje, comenta
un fraile que le acompaña, cayó al suelo muy pálido y viendo que no podía continuar pidió el
Viático. Imploraba sin descanso a María y a Jesús. En el camino apareció alguien, una figura
regia, con
Es el 31 de agosto
de 1.240. Ramón acaba de cumplir 40
años.
La noticia de su muerte congrega a gentes de
comarcas y poblados. Desean venerar y
despedir los restos de un personaje humilde, sencillo, entregado a la causa de
liberar de penurias a
desprotegidos y cautivos. Su cuerpo no
presenta signos de descom-posición. Es venerado por espacio de 15 días.
La familia del
conde de Cardona quiere trasladarle a su castillo; el pueblo y el clero desean enterrarle dentro
de la iglesia y los religiosos de su Orden le quieren en su convento. Para
dirimir enfrentamiento se acepta la propuesta de colocar su cadáver sobre un catafalco
encima de una mula y que
En ese lugar se
levanta un Santuario dedicado a su memoria, erigiéndose en los dos anteriores
puntos de parada, un oratorio y una cruz con baldaquino.
Su cuerpo se
conserva incorrupto hasta
Su iconografía le
presenta con el hábito de
Los peregrinos que
acuden al santuario de San Ramón conservan la tradición de dar tres vueltas al
mismo antes de entrar a visitarlo.
San Ramón Nonato
libéranos de las ataduras físicas y
psicológicas que nos tienen atados, condicionados, frustrados y tantas veces
amargados y tristes. Que tu intercesión
ante el Señor y
José Ramón González