"Lo que os digo de
noche, decidlo en pleno día; lo
que escucháis al oído,
pregonadlo desde las azoteas."
y florecer en todos
los corazones, dando fruto abundante de vida nueva:
paz, verdad y bien,
justicia, misericordia y perdón y amor,
para conducir a la
íntima comunión con Dios ahora y por siempre.
No
sin «pasión», es la misión que continúa
se aprendiese, se
amase, se «grabase» en el corazón y en la vida.
De ahí
pasó a la voz, a la escritura, a la imprenta, a las ondas,
a la imagen, a las
pantallas, y hoy también a todos los medios virtuales.
Todo
esto, Jesús lo quería explícitamente.
Por
eso, en la despedida última de sus discípulos, reafirmó:
Por tanto, id a todas la naciones, haced
discípulos (...)
y enseñadles a
obedecer todo lo que os he mandado (Mt 28,19-20).
Está
claro:
está llamada a no «callar»,
a «gritar
con fuerza»,
a «anunciar
y más, a ser
guardianes que rompen el silencio de la indiferencia,
de la apatía
reinante por el desgaste
y el vaciamiento de
sentido de las palabras.
Cada
uno debe tener su Biblia y custodiarla de modo concreto y digno
(no cerrada en una
bella estantería, entre no menos bellos libros),
Leerla
y rezar con ella.
La
familia deberá encontrar y proponer
formas y modelos de
educación orante,
de catequesis y de
enseñanza sobre el uso y conocimiento de
para que los niños,
la juventud y también los ancianos comprendan,
alaben y vivan
¿Habrá
algo más congruente y urgente entre nosotros?
De
este modo, la atractiva figura de Cristo
se gravará en mentes
y corazones y la vida será testimonial.
El
misionero y
¡Oja/á escucharais hoy su voz! (Salmo 95/94,7).
P. Gregorio