Continuidad
y reforma
en la vida religiosa
Párrafos de la conferencia pronunciada en los Estados Unidos
el 12 de septiembre por el cardenal Franc
Rodé, prefecto de
El Papa Juan XXIII
describió el auténtico espíritu del Concilio, en su inauguración, cuando afirmó
que buscaba «transmitir pura e íntegra la doctrina católica, sin
atenuaciones». Y prosiguió: «Nuestro deber no es sólo custodiar este
tesoro precioso, como si únicamente nos ocupásemos de la antigüedad, sino
también dedicarnos con voluntad diligente, sin temores, a la labor que exige
nuestro tiempo, prosiguiendo el camino que
La continuidad suscita un diálogo
armonioso entre fe y razón. La razón iluminada por la fe no caerá en la trampa
del laicismo moderno. El auténtico profetismo en
Los frutos
Hoy sentimos gratitud hacia el
concilio Vaticano II por habernos proporcionado
directrices claras para distinguir la sustancia del depósito de la fe de sus
manifestaciones circunstanciales. La continuidad con lo que es esencial en la
vida religiosa no suprime, sino que estimula la reforma de lo que es anticuado,
accidental y perfeccionable. Esto resulta evidente cuando leemos los criterios
y las directrices, esmeradamente equilibradas, del decreto Perfec-tae caritatis (nn. 1-18), a las que ya he hecho referencia hablando de la
ruptura y la discontinuidad.
Si estos mismos números se
interpretan según la línea de continuidad, se nota que los cambios nunca se
deben separar de sus raíces. Quienes buscan la continuidad en la renovación
notarán que el Concilio invitó a una renovación que es eminentemente renovación
del espíritu, poniendo de relieve la centra-lidad de
Cristo como nos lo presentan los Evangelios, siguiéndolo en el camino trazado
por el fundador a través de los votos (cf. ib., 2).
Buscar la renovación
Afrontemos ahora la cuestión: ¿En qué
dirección podemos avanzar? ¿Hay una nueva vida para las comunidades religiosas
de Estados Unidos que aspiran a una auténtica reforma? Aquí conviene notar que,
aunque el fondo del problema es el mismo, y aunque hay problemas y desafíos
comunes para los religiosos y las religiosas (la ingeniería del lenguaje, la
deriva hacia el relativismo, la pérdida del sentido de lo sobrenatural y, en
algunos casos, dudas sobre la importancia y la centralidad de Cristo), también
es verdad que cada grupo debe afrontar sus propios desafíos específicos. (...)
Continuidad
con la fe católica
Podría parecer superfluo hacer esta
observación, pues en este punto no debería haber debate. En cambio, todos hemos
experimentado la presencia de grupos o de individuos que, bajo su propia
responsabilidad, se han «situado más allá de
De acuerdo con el Concilio, «la
autoridad misma de
Continuidad con el
carisma del fundador
Este punto es de importancia
fundamental, y es la clave para renovar y revitalizar nuestras congregaciones,
para atraer vocaciones y para cumplir nuestras obligaciones con respecto a los
jóvenes que optan por entrar en nuestras familias religiosas. El Concilio
insiste en este punto. Debemos garantizar que en nuestras congregaciones la
vida sea plenamente católica y en sintonía total con el carisma del fundador o
de la fundadora. En esta materia no puede haber contradicciones, dado que el
carisma ha sido dado a los fundadores en el contexto eclesial y ha sido
sometido a la aprobación de
A pesar de ello, algunos superiores
religiosos han descubierto que esto no basta. Están haciendo grandes esfuerzos
por reavivar la figura y la centralidad de sus fundadores; están renovando la
observancia religiosa y la vida de sus comunidades; pero dicen que todavía no
llegan las vocaciones. (...)
Quiero concluir con una oración
tomada de la oración colecta y de la oración después de la comunión de la misa
por los religiosos del Misal romano: «Oh Dios, que
inspiras y llevas a cabo todo buen propósito, guía a tus siervos y siervas por
el camino de la salvación. Concede a quienes lo hacen todo por amor a ti que
sigan a Cristo y renuncien al mundo, sirviéndote a ti y a sus hermanos y
hermanas, con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Concede que las
religiosas y los religiosos, reunidos en tu amor, se animen unos a otros en el
ejercicio de la caridad y en la práctica de las obras buenas, y que con su vida
santa sean testigos auténticos de Cristo en el mundo. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Amén».
(Zenit)