La
búsqueda sincera de lo verdadero,
de lo bueno y de lo bello,
prenda de un futuro mejor
Párrafos de la audiencia general del miércoles 30 de
septiembre, en la que el Papa hizo un breve resumen de su viaje a la República Checa.
(...) El amor de Cristo ha comenzado
a revelarse en el rostro de un Niño. Llegado a Praga, de hecho, realicé la
primera parada en la iglesia de Santa María de la Victoria, donde se venera
al Niño Jesús, conocido precisamente como “Niño de Praga”. Esa efigie
remite al misterio de Dios hecho Hombre, al “Dios cercano”, fundamento
de nuestra esperanza. Ante el “Niño de Praga” recé por todos los niños,
por sus padres, por el futuro de la familia. ¡La verdadera “victoria”, que hoy
pedimos a María, es la victoria del amor y de la vida en la familia y en la
sociedad!
El Castillo de Praga, extraordinario
tanto a nivel histórico como arquitectónico, sugiere una ulterior reflexión más
general: éste recoge en su vastísimo espacio múltiples monumentos, ambientes e
instituciones, casi representando una polis, en la que conviven en
armonía la Catedral
y el Palacio, la plaza y el jardín. Así, en el mismo
contexto, mi visita ha podido tocar el ámbito civil y el religioso, no
yuxtapuestos, sino en cercanía armónica dentro de la distinción. Dirigiéndome
por tanto a las Autoridades políticas y civiles y al Cuerpo diplomático, quise
referirme al vínculo indisoluble que debe existir siempre entre la libertad y
la verdad. No es necesario tener miedo de la verdad, porque ésta es amiga del
hombre y de su libertad; al contrario, sólo en la búsqueda sincera de lo
verdadero, de lo bueno y de lo bello, se puede ofrecer realmente un futuro a
los jóvenes de hoy y a las generaciones que vendrán. Por lo demás, ¿qué es lo
que atrae a tantas personas a Praga si no su belleza, una belleza que no es
solo estética, sino histórica, religiosa, humana en sentido amplio? Quienes ejercen
responsabilidades en el campo político y educativo deben saber entresacar de la
luz de aquella verdad que es el reflejo de la eterna sabiduría del Creador; y
está llamado a dar testimonio de ella en primera persona con su propia vida.
¡Solo un compromiso serio de rectitud intelectual y moral es digno del
sacrificio de cuantos han pagado caro el precio de la libertad!
(...) Para la Comunidad de la Europa centro-oriental éste
es un momento difícil: a las consecuencias del largo invierno del totalitarismo
ateo, se están añadiendo los efectos nocivos de un cierto secularismo y
consumismo occidental. Por ello he animado a todos a sacar nuevas energías del
Señor resucitado, para poder ser levadura evangélica en la sociedad y
comprometerse, como ya sucede, en actividades caritativas, y aún más en las
educativas y escolares.
Este mensaje de esperanza, fundado en
la fe en Cristo, lo extendí a todo el Pueblo de Dios en las dos grandes
Celebraciones eucarísticas celebradas respectivamente en Brno, capital de Moravia,
y en Stará Boleslav, lugar
del martirio de san Wenceslao, Patrón principal de la Nación. Moravia
hace pensar inmediatamente a los santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de
los pueblos eslavos, y por tanto a la fuerza inagotable del Evangelio, que como
un río de aguas curativas atraviesa la historia y los continentes, llevando a
todas partes la vida y la salvación. Sobre el portal de la catedral de Brno
están impresas las palabras de Cristo: “Venid a mí vosotros todos que estáis
cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). Estas mismas
palabras resonaban el domingo pasado en la liturgia, resonando la voz perenne
del Salvador, esperanza para las gentes ayer, hoy y siempre. Del señorío de
Cristo, señorío de gracia y de misericordia, es signo elocuente la existencia
de los santos Patronos de las diversas naciones cristianas, como precisamente
Wenceslao, joven rey de Bohemia del siglo X, que se distinguió por su
testimonio cristiano ejemplar y que fue asesinado por su hermano. Wenceslao
antepuso el reino de los cielos a la fascinación del poder terreno y ha
permanecido para siempre en el corazón del pueblo checo, como modelo y
protector en las diferentes vicisitudes de la historia. A los numerosos jóvenes
presentes en la Misa
de san Wenceslao, procedentes también de las naciones cercanas, dirigí la
invitación a reconocer en Cristo al amigo más verdadero, que satisface las
aspiraciones más profundas del corazón humano.
Debo finalmente mencionar, entre
otros, dos encuentros: el ecuménico y el de la comunidad académica. El primero,
celebrado en el arzobispado de Praga, ha visto reunidos a los representantes de
las diversas comunidades cristianas de la República Checa y
al responsable de la comunidad judía. Pensando en la historia de este país, que
por desgracia ha conocido ásperos conflictos entre cristianos, es motivo de
vivo agradecimiento a Dios el habernos reunido juntos como discípulos del único
Señor, para compartir la alegría de la fe y la responsabilidad histórica frente
a los desafíos actuales. El esfuerzo de progresar juntos hacia una unidad más
plena y visible entre nosotros, creyentes en Cristo, hace más fuerte y eficaz
el común empeño por el redescubrimiento de las raíces cristianas de Europa.
Este último aspecto, que llevaba tanto en el corazón mi amado predecesor Juan
Pablo II, surgió también en el encuentro con los
rectores de las Universidades, los representantes de los profesores y de los
estudiantes y demás personalidades relevantes en el ámbito cultural.(...) La
universidad de los estudios es un ambiente vital para la sociedad, garantía de
libertad y de desarrollo, como lo demuestra el hecho que precisamente de los
círculos universitarios comenzó a moverse en Praga la llamada “Revolución de
terciopelo”. Veinte años después de aquel histórico acontecimiento, he vuelto a
proponer la idea de la formación integral, basada en la unidad del conocimiento
enraizado en la verdad, para responder a una nueva dictadura, la del
relativismo combinado con el dominio de la técnica. La cultura humanística y la
científica no pueden estar separadas, al contrario, son las dos caras de una
misma medalla: nos lo recuerda una vez más la tierra checa, patria de grandes
escritores como Kafka, y del abad Mendel, pionero de la genética moderna.
(Zenit, Traducción del original
italiano por Inma Álvarez)