CANTO
A
Con gozo y esperanza cantemos a la
vida humana que comienza con la fecundación y se extingue aquí con el último
suspiro natural.
Canto a la vida porque la vida es un
poema de amor. Canto a la vida porque la vida es don. Canto a la vida porque la
vida somos tú y yo. Canto a la vida porque
La vida humana es algo tan original,
tan humano y tan divino que sólo se puede recibir, acoger alborozados y vivir
con admiración, cariño y esmero. Todo lo que se haga para favorecer y
desarrollar la vida es tarea noble y dignísima. Cuanto la denigre de algún modo
la daña, y está mal, muy mal: va contra el hombre y la mujer, va contra Dios y
la sociedad: es pecado de lesa humanidad. Es dar carta de ciudadanía,
—«derecho», dicen— al mal sobre el bien, a la muerte sobre la vida. ¿Podrá ser?
Quién y qué es primero ¿la muerte o la vida? Si la vida es lo primero y con
ella viene todo lo demás, no podrá ponerse la muerte y todo lo que atente
contra la vida, antes o en un primer plano de igualdad, derecho y dignidad. No.
Jamás. Si así fuera, esto no sería más que una tergiversación de criterios y
valores; una pérdida de luz y de verdad: el cáncer o el sida se habría impuesto
en la vida de la persona y en la sociedad como la manera más humana y divina de
ser y de vivir. ¡Gran mentira y sinsentido! ¿Tiene esto algún atisbo de bien,
de verdad? Ninguno. Si lo tuviera, la esquizofrenia humana se convertiría en el
prototipo del hombre y de la sociedad. ¿Y quién sería culpable de semejante
crimen? La sinrazón, la inmoralidad libertina y caprichosa del hombre y la
mujer, rotos ambos, por jugar a ser Dios. La vida es el primer y fundamental
derecho; ningún otro se le puede anteponer, y mucho menos el de la
manipulación, distorsión o muerte. Nadie puede dar un derecho que no existe. Nadie
lo tiene, ni tan siquiera la mujer, llamada a la alta vocación de ser cuna de
la vida y no tumba.
Quienes creemos en un
Dios-Trinidad-Amor, Fuente de la vida, que nos ha plasmado en Jesucristo y
animado con el mismo Espíritu de ambos, sabemos muy bien, como nos enseña
Creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre es trascendente: la vida, la verdad, la libertad y el amor de Dios le constituyen. Sabe que Dios es su Dios y Señor, que le quiere, le aprecia y es valioso para Él como ningún otro ser: Antes de haberte formado en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jeremías 1,5). Sabe que ha sido hecho para la vida y la vida en plenitud y sin fin. ¿Quién podrá usar, herir, maltratar o matar la obra querida de Dios-Ámor? ¡Hay de quien se atreva! Como católicos rechazamos leyes que se opongan a la vida, desde el inicio hasta el final. Por razón, fe y conciencia, las criticamos y rechazamos. Y siempre rezamos.