Sentir el verano
Con un juego de palabras quiero
redactar una reflexión que pueda ser útil a la hora de situarse ante el próximo
tiempo de verano. Un juego de palabras que riman con «sentimiento», me sirve
como breve hilo conductor...
1. Sentimiento
Salir del ritmo ordinario del tiempo
es percibido, en principio, como una gran liberación. Liberación de la sumisión
a la agenda, al horario, al ritmo apretado del trabajo y de las prisas. Implica
sentir el ritmo de la vida de otra manera: en su viveza, en su euforia o en su
angustia. Posiblemente la ruptura de la secuencia apretada de las horas permite
que afloren fuertes e intensos sentimientos. En medio de las prisas de las
actividades cotidianas se pueden desoír. Quitada de en medio la agenda y el
reloj, los sentimientos reprimidos afloran con insistencia. ¿Qué sentimientos
prevalecen?
2. Asentimiento
Se brinda la oportunidad de
experimentar la vida tal como se presenta, de aceptar con espontaneidad
los acontecimientos que la van tejiendo. Se trata de aprender a amar la vida.
Las estadísticas nos cuentan que es después de un tiempo de verano o
simplemente de vacaciones cuando crecen las separaciones, los divorcios, los
conflictos familiares. ¡Qué paradoja! Tal vez sucede
que sin la defensa de las rutinas programadas, emerge con fuerza la realidad
del vacío interior, de la propia soledad o frustración. El tiempo libre y
desorganizado brinda la posibilidad del descubrimiento de lo que son simples
rituales, rutinas que no sólo esclavizan, sino que defienden de la realidad de
la falta de relación cálida y comunicativa en la vida de pareja y de familia.
3. Consentimiento
Lo normal es que en el tiempo de
descanso veraniego se ejercitan relaciones nuevas; se traban nuevos contactos;
se visita a los amigos y familiares. Se hacen vacaciones con los hijos. Tal vez
en grupo. Es un tiempo en que se siente más con otros; se consiente la
comunicación, la confidencia; se consiente la memoria, los recuerdos y las
promesas. Pero al mismo tiempo, las vacaciones brindan la oportunidad y hasta
la necesidad de tomar decisiones de modo imprevisto. Y es ahí precisamente
donde aflora con más fuerza la realidad de las diferencias personales y
conyugales: diversidad de gustos, de apetencias, de amigos y familias. Y si no
se está atento la diferencia se vive como una amenaza. Y termina en conflicto.
Y enturbia el gozo deseado.
4. Resentimiento
¡Cuidado
con el resentimiento! Puede estar al acecho, brotar de manera especial. ¿Por
qué yo no puedo disponer de lo que otros disponen? ¿Es que estoy condenado a
ser infeliz? ¿No tengo yo derecho a ser feliz? ¡No me permiten gozar,
disfrutar...!
¡Estoy
siendo un esclavo/a de todos! Tal vez hay alguien que me ha robado alguna etapa
de mi vida... y ahora ya no me queda tiempo para disfrutar; tengo sentimientos
de frustración y decepción. Y eso se expresa en rabia y en brotes de cólera...
Me lamento de que no he aprendido a vivir. Me han negado la felicidad... ¿o me
la he negado yo mismo/a?
5. Presentimiento
El tiempo
del descanso vacacional representa la evidencia de que se puede vivir de otra
manera, de que las esclavitudes y los gozos del trabajo tienen su efecto de
anestesia. Cuando se libera la vida, surgen las ganas de vivir. Se presienten nuevas
oportunidades, nuevas relaciones. Se contrasta el lugar donde se vive con el
lugar donde se descansa y se disfruta...Se vislumbran nuevas posibilidades, una
vida más creativa, más fecunda... Y, sin embargo, se está sometido a la ley del
trabajo. Y hay que terminar reconociendo que es una bendición. Estamos en
tiempo de crisis.
Bonifacio Fernández, cmf
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