Feminismo radical

 

Me ha dejado sorprendida todo el revuelo que se ha levantado con ocasión del Proyecto de Ley para el estudio del feminismo como asignatura en las universidades.

A mí siempre me ha molestado profundamente el machismo extremo; hablo del que puede desembocar, como desgraciadamente ha ocurrido, hasta en la violencia de género. Pero el feminismo extremado también me tiene preocupada.

¿Contempla ese feminismo el derecho a la vida desde el primer momento de la fecundación  del óvulo por el espermatozoide?

¿Puede el feminismo radical escuchar con paz a mujeres que se manifiestan en contra del aborto?

¿Reconoce el feminismo los valores buenos que pueda tener el hombre, y los ensalza cuando dichos valores sean dignos de alabanza, y se manifiestan como tales en sus causas y efectos justos?

¿Alguna mujer imbuida con ese feminismo radical sería capaz de animar a las jóvenes a que amen a sus maridos?

Por las expresiones que se oyen con demasiada frecuencia entre las líderes del feminismo, parece como si tuviéramos que tener siempre al hombre como un enemigo; si no claramente declarado, al menos capaz de volverse en cualquier momento contra nosotras...

 Si una mujer afirma que se siente perfectamente realizada, ofreciendo su amor y prestando servicios en su familia, ¿por qué surgirán voces de protesta entre las feministas más descaradas?  No he encontrado a ninguna -al menos entre las que nos ha tocado ver y oír en la TV o leer en la prensa- que no diga que esa actitud pueda hacer daño a una mujer, aunque sea a la larga, sin proponérselo.

Yo concluyo con esto:

Femenina, sí, con elección de todo lo bueno, que conduzca al bien personal mío y de los demás. Femenina radical, nunca.

De todo corazón,

Rosario