EL DESIGNIO
DE AMOR DE DIOS
PARA
Tras
I. La
acción liberadora de Dios en la historia de Israel,
II. Jesucristo, cumplimiento del designio de
amor del Padre,
III. La persona humana en el designio de amor de
Dios, y
IV.
Designio de Dios y misión de
Como puede
observarse, todo el capítulo está centrado en el proyecto o designio amoroso de
Dios sobre el ser humano y en su progresiva realización histórica. Así queda
muy claro que
a) La cercanía
gratuita de Dios, y b) Principio de la creación y acción gratuita de
Dios.
Ánimo y atenta lectura
de estos 8 breves párrafos, que resultará muy provechosa.
José Mª
Fernández-Cueto, cpcr.
I.
a) La cercanía gratuita de Dios
Cualquier experiencia
religiosa auténtica, en todas las tradiciones culturales, comporta una
intuición del Misterio que, no pocas veces, logra captar algún rasgo del rostro
de Dios. Dios
aparece, por una parte, como origen de lo que es, como presencia que garantiza a
los hombres, socialmente organizados, las condiciones fundamentales de vida,
poniendo a su disposición los bienes necesarios; por otra parte aparece también
como medida de lo que debe ser, como presencia que interpela la acción humana
-tanto en el plano personal como en el plano social-, acerca del uso de esos
mismos bienes en la relación con los demás hombres. En toda experiencia religiosa, por
tanto, se revelan como elementos importantes, tanto la dimensión del don y de
la gratuidad, captada como algo que subyace a la experiencia que la persona
humana hace de su existir junto con los demás en el mundo, como las
repercusiones de esta dimensión sobre la conciencia del hombre, que se siente
interpelado a administrar convival y responsablemente el don recibido.
Testimonio de esto es el reconocimiento universal de la regla de oro, con la
que se expresa, en el plano de las relaciones humanas, la interpelación que
llega al hombre del Misterio: « Todo cuanto queráis que os hagan los hombres,
hacédselo también vosotros a ellos » (Mt 7,12).1
Sobre el fondo de la
experiencia religiosa universal, compartido de formas diversas, se destaca
A la gratuidad del
actuar divino, históricamente eficaz, le acompaña constantemente el compromiso
de
Los diez mandamientos,
que constituyen un extraordinario camino de vida e indican las condiciones más
seguras para una existencia liberada de la esclavitud del pecado, contienen una
expresión privilegiada de la ley natural. «Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del
hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente,
los derechos fundamentales inherentes a la naturaleza de la persona humana».3 Connotan la moral
humana universal. Recordados por Jesús al joven rico del Evangelio (cf. Mt
19,18), los diez mandamientos «constituyen las reglas primordiales de toda vida
social».4
Del Decálogo deriva un
compromiso que implica no sólo lo que se refiere a la fidelidad al único Dios
verdadero, sino también las relaciones sociales dentro del pueblo de
Entre las múltiples
disposiciones que tienden a concretar el estilo de gratuidad y de participación
en la justicia que Dios inspira, la ley del año sabático (celebrado cada siete años) y del año jubilar (cada cincuenta años)5 se distinguen como
una importante orientación -si bien nunca plenamente realizada- para la vida
social y económica del pueblo de Israel. Es una ley que prescribe, además del reposo de
los campos, la condonación de las deudas y una liberación general de las
personas y de los bienes: cada uno puede regresar a su familia de origen y
recuperar su patrimonio.
Esta legislación
indica que el acontecimiento salvífico del éxodo y la fidelidad a
Los preceptos del año
sabático y del año jubilar constituyen una doctrina social «in nuce»
-en germen- .6 Muestran cómo los
principios de la justicia y de la solidaridad social están inspirados por la
gratuidad del evento de salvación realizado por Dios y no tienen sólo el valor de
correctivo de una praxis dominada por intereses y objetivos egoístas, sino que
han de ser más bien, en cuanto “prophetia futuri” –profecía del futuro-, la referencia
normativa a la que todas las generaciones en Israel deben conformarse si
quieren ser fieles a su Dios.
Estos principios se
convierten en el fulcro –punto de apoyo- de la predicación profética,
que busca interiorizarlos. El Espíritu de Dios, infundido en el corazón del
hombre -anuncian los Profetas- hará arraigar en él los mismos sentimientos de
justicia y de misericordia que moran en el corazón del Señor (cf. Jr 31,33 y Ez 36,26-27). De este
modo, la voluntad de Dios, expresada en el Decálogo del Sinaí, podrá enraizarse
de manera creativa en el interior del hombre. Este proceso de interiorización
conlleva una mayor profundidad y un mayor realismo en la acción social, y hace
posible la progresiva universalización de la actitud de justicia y solidaridad,
que el pueblo de
b) Principio de la creación y acción
gratuita de Dios
La reflexión
profética y sapiencial alcanza la primera manifestación y la fuente misma del
proyecto de Dios sobre toda la humanidad, cuando llega a formular el principio
de la creación de todas las cosas por Dios. En el Credo de Israel, afirmar que
Dios es Creador no significa solamente expresar una convicción teorética, sino
también captar el horizonte original del actuar gratuito y misericordioso del
Señor en favor del hombre. Él, en efecto, libremente da el ser y la vida a todo
lo que existe. El hombre y la mujer, creados a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-27), están por eso mismo llamados a ser el signo
visible y el instrumento eficaz de la gratuidad divina en el jardín en que Dios
los ha puesto como cultivadores y guardianes de los bienes de la creación.
En el actuar
gratuito de Dios Creador se expresa el sentido mismo de la creación, aunque
esté oscurecido y distorsionado por la experiencia del pecado. La narración del
pecado de los orígenes (cf. Gn 3,1-24), en efecto,
describe la tentación permanente y, al mismo tiempo, la situación de desorden
en que la humanidad se encuentra tras la caída de nuestros primeros padres. Desobedecer a Dios
significa apartarse de su mirada de amor y querer administrar por cuenta propia
la existencia y el actuar en el mundo. La ruptura de la relación de comunión
con Dios provoca la ruptura de la unidad interior de la persona humana, de la
relación de comunión entre el hombre y la mujer y de la relación armoniosa
entre los hombres y las demás criaturas.7 En esta ruptura originaria debe buscarse la raíz más
profunda de todos los males que acechan a las relaciones sociales entre las
personas humanas, de todas las situaciones que en la vida económica y política
atentan contra la dignidad de la persona, contra la justicia y contra la
solidaridad.
(Continuará)
-------------------------------------------
1 Cf Catecismo de
2 Catecismo de
3 Cf. Catecismo de
4 Juan Pablo II,
Carta enc. Veritatis splendor, 97: AAS 85 (1993) 1209.
5 La ley se encuentra en Ex 23; Dt
15; Lv 25.
6 Cf. Juan Pablo II,
Carta ap. Tertio millennio adveniente, 13: AAS 87 (1995) 14.
7 Cf. Concilio
Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 13: AAS
58 (1966) 1035.