MUJER,
VIRGEN, ESPOSA Y MADRE
Esa fue Santa María,
• Es mujer, María. La mujer sencilla y
joven de Nazaret. La mujer cuya pretensión no es otra que la de ser eso, mujer;
con todas las posibilidades futuras que se abrían a una mujer del pueblo y de
la fe de Israel: la posible maternidad mesiánica. La mujer cuya identidad
profunda es: Llena de gracia. Su rasgo más hondo de esa identidad: Hágase
en mí según tu Palabra. Su vivir y actuar está evidenciado en el Magníficat. Su gloria: mujer vestida de
sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
María es siempre, ayer y hoy, profecía de la más verdadera y rica
feminidad. El icono más bello en que toda mujer ha de encontrar su verdad,
belleza e identidad. ¿Dónde buscas, mujer, tu valía? Sólo la encontrarás en
María. Y tú, hombre, aquí tienes a la mujer. Sé tú y favorece todo lo que le
ayude a serlo.
• María es virgen. Y sin contradicción
con el amor fecundo que ella es y significa. Su corazón, -y su vida-, es todo
de Dios: Llena de gracia, el Señor está contigo. No tiene otro amor
mayor ni otro vínculo humano, familiar o social, que le supere o le estorbe: «No
conozco a varón». No ha tenido esa relación hombre-mujer, honda como
ninguna, y que es vínculo y signo de un amor-comunión mutuo y fecundo, que crea
alianza o compromiso para siempre. Es toda pureza. Toda dulzura. Toda acogida.
Toda entrega. Toda capacidad de recibir y de dar amor. Mujer toda íntegra como
ninguna. La mujer virgen es el icono vivo de la mujer plenificada: realizada y
madura, femenina y entrañable. No incompleta. En este icono, la mujer, -y el
hombre- , aprenden a no reservarse nada; ser acogida y don. Misterio mutuo
admirado, respetado y delicado. Al tiempo que rica y complementaria colaboración.
• Es esposa también, María. No es mujer
solitaria. Es compañera y complemento inseparable. Tiene un compromiso
vinculante con José. José es esposo de María. María vive para el otro y desde
el otro: Dios y José. Ante la prueba dura y desconocida, dolorosa, María, en
silencio, espera la oportunidad de la comunicación. Y José quiere retirarse,
sin más, ante el misterio que intuye, pero no comprende. Es respeto amoroso
puro y total. Y como lo suyo es la unidad y la comunión, el amor, el cielo
responde y ayuda a resolver la situación. ¿No enseña María a José a ser toda de
Dios y suya sin contradicciones? Y José ¿no enseña a María un vigoroso respeto,
hecho de discreción y prudencia sin el más mínimo atisbo de violencia? La
esposa es mujer que alegra el corazón del hombre y lo cincela por el amor en
una estrecha correlación de vida y de tareas, en casa y fuera de ella. A través
de este icono, ¡aprende hombre a ser esposo! ¡Y tú, mujer, a ser esposa!
• Madre. María es la mujer virgen,
esposa y madre. La madre de Dios hecho hombre en ella por obra del Espíritu
Santo. Es el milagro del Amor. Sólo del Amor divino concretado y encarnado
en su seno. Ahora ya, y por siempre, Jesús y María son presentados juntos,
existe una relación profundamente humana entre niño y madre. El niño es un ser
dependiente de los cuidados de su madre. Y necesita una atención y dedicación
muy particulares. Todo eso lo hace y es María para su niño. De día y de noche.
Durante casi treinta años. ¡Cuánto amor el de la madre! ¡Qué dedicación! Ésta es
la verdadera Madre. ¿Aprenderemos los hombres a tenerla como tal? ¡Y tú,
mujer-madre, intenta serlo al estilo de María! Tu fecundidad será gozo, aún en
el sufrimiento.