SANTA BERNADETTE SOUBIROUS,
la vidente
de Lourdes (II parte)
“No necesito consolación, sólo
fortaleza y paciencia. Iré al cielo si me porto correctamente. Cuanto más pequeña me hago, más crezco en
el Corazón de Jesús. Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que
acudimos a Ti.”
El 16 de julio de 1858, Bernardette, arrodillada lo más cerca posible de la gruta,
ahora cercada, vigilada y prohibido su acceso a ella por orden del gobernador de Tarbes, recibe la
última visión de
Ha cumplido una misión, con gran
valentía ante todos los sufrimientos, incomprensiones, calumnias, burlas,
injurias que tiene que soportar.
Dos virtudes resaltan en su vida: la
piedad y la modestia. “No sé como orar, pero paso horas enteras en oración.
Hablo a Dios, hablo a
La escogida de
El 3 de junio de 1858, con 14 años,
hace su Primera Comunión. Su salud no es buena. Padece asma crónica, abscesos
en oídos que le procurarán sordera, tumor en una rodilla, tuberculosis.
Bernardette no puede recibir en su casa la
atención que precisa su delicado estado. El gran número de visitantes y curiosos
le causa una fatiga añadida.
Las Hermanas de
En el Hospicio de Lourdes aprende con
16 años a leer y escribir. Su preceptora deja escrito: “Encuentro en ella
una inteligencia muy viva, un candor perfecto y un corazón exquisito. Es muy
lista y asimila muy bien la doctrina. Es recta, sincera, piadosa, algo
traviesa, muy vivaz, ríe, juega, bromea. Cuida a otros niños pequeños y se hace
niña con ellos. Es muy seria en cuanto a su vida espiritual”.
No considera el casarse, el formar
una familia. En
El obispo de Nevers contribuye a su
orientación. En agosto de 1864, con 20 años, comunica a la superiora del Hospicio : “Madre, he orado para saber si estoy llamada a
la vida religiosa. Creo que la respuesta es sí. Yo quisiera entrar en su
congregación si soy aceptada. Permítame pedirle que le escriba al obispo”.
Hecha su elección, más ataques de
enfermedad retrasan la puesta en práctica de su decisión.
A comienzos de julio de 1866, tiene
22 años, va a visitar por última vez su amada gruta: ”¿Ven
la gruta? Era mi cielo en la tierra”. Se despide de sus padres y
familiares, dejando atrás su pueblo natal para nunca más volver. “Sí, Madre
querida, tú te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña.
Tú, Reina del cielo y la tierra has querido servirte de lo que había de más
humilde según el mundo”.
Se va para comenzar su noviciado. En
los anales de
Al recibir el hábito de postulante
recibe el nombre de María Bernarda. Muere su madre y ésta es una de las
tristezas más grandes que experimenta. “Mi Dios, Tú lo has querido. Acepto
el cáliz que me das. Que tu Nombre sea bendito”. Durante su noviciado, es
tratada más severa y duramente que las otras novicias. Profesa en octubre de
1867. Tiene 23 años. Sin embargo, la felicidad de ese momento es teñida por una
nueva humillación al darle el destino de sirvienta en la enfermería. Su padre
fallece y Bernardette enferma de nuevo. Al
recuperarse, la nombran asistente del sacristán. Su nuevo destino le permite
pasar tiempo en la capilla, orar ante el Santísimo. Su salud empeora de nuevo.
A partir de 1877 no es más que una inválida. Pronuncia sus votos perpetuos en
septiembre de 1878 con 34 años en unos días que se encuentra mejor. Pero no
dura mucho la ausencia de dolor y enfermedad. En diciembre se recrudecen los
achaques; es trasladada a la enfermería para nunca más salir de ella. Sus
últimos meses son muy difíciles. Pasa por una tortura física y por un desierto espiritual,
por una noche oscura del alma. “Hay días que pierdo toda confianza, hay
turbación en mi corazón, tengo dudas, mi mente está muy confusa, no tengo
ánimo, y no deseo caer en la desesperación; soy indigna de la salvación…”.
Tentaciones del enemigo y confusión mental causada por la fiebre y el mal que
la consume. La estancia prolongada en cama le provoca llagas en la espalda; su
pierna tuberculosa se revienta. “Si no hubiesen sido tan evidentes sus
síntomas, nadie hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud serena y
gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su
fortaleza, a pesar de sus tentaciones y dudas”.
Bernardette entra en agonía en
Su cuerpo es puesto en la pequeña
capilla gótica situada en el centro del jardín del Convento bajo la advocación
de San José.
Después de 30 años, en septiembre de
1909, reconocen sus restos en vista del proceso de beatificación
. El cuerpo es hallado en perfecto estado de preservación. Su piel dura,
intacta, mantiene su color.
Bernardette es canonizada el 8 de diciembre de
1933.
Su cuerpo incorrupto se puede venerar
en su capilla de Nevers colocado en un féretro de cristal donde parece dormir
en un bello y apacible sueño, transmitiendo paz y esperanza a través de la
impresionante dulzura de su rostro.
José Ramón González