Providencial artífice de Unidad

 

El vienes 14 de marzo falleció en su residencia de Rocca di Papa, cerca de Roma, a los 88 años, Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, cuyo nombre oficial es «Obra de María». Es considerada una de las figuras femeninas más importantes del cristianismo en las últimas décadas.

 El Movimiento surgió cuando era maestra de alumnos de primaria, con algo más de veinte años, en Trento (Italia). Se había matriculado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Venecia, pues quería llegar a la verdad más profunda de las cosas y de la vida. Pero había estallado la Segunda Guerra Mundial.

En medio de las bombas, descubrió que el único ideal que no se derrumba es Dios. Fue creciendo en su interior su deseo de ser toda para Dios y el 7 de diciembre de 1943, en soledad y en una capilla de su ciudad, se consagra a El para toda la vida. Esta fecha marca oficialmente el inicio del Movimiento de los Focolares.

Su casa fue destruida el 13 de mayo de 1944, durante uno de los más violentos bombardeos que sufrió Trento. Su familia busca amparo en las montañas cercanas. Chiara decide quedarse en la ciudad.

 Abrazando entre los escombros a una madre enloquecida por la muerte de sus cuatro hijos, siente que debe abrazar el dolor de la humanidad, y así, entre los pobres de su ciudad, junto con otras compañeras que la siguen en su decisión, trata de vivir el Evangelio al pie de la letra, como Palabra vivida.

Al hacerlo, experimenta que ha descubierto la más poderosa revolución social, capaz de incendiarlo todo con un solo fuego: el amor. Ese amor es unitivo y enseguida comprende la necesidad de difundir la aspiración profunda de Cristo: «Que todos sean Uno». Repasemos algunas de sus múltiples realizaciones en el campo de la Unidad:

 

Unidad entre los católicos

Un día, para protegernos de la guerra, nos encontramos en un refugio y a la luz de una vela abrimos el Evangelio. Era la solemne página de la oración de Jesús antes de morir: «Padre, que todos sean uno». Tuvimos la impresión de comprenderla, aunque es difícil, pero sobre todo nos quedó la neta sensación de que nosotras habíamos nacido para aquellas palabras, para la unidad, para contribuir a realizarla en el mundo.

El mandamiento nuevo, que nos esforzábamos en mantener siempre vivo entre nosotras, realizaba precisamente la unidad. Y la unidad es portadora de una realidad extraordinaria, excepcional, divina, del mismo Jesús: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre (es decir, en su amor), yo estoy en medio de ellos». Donde está la unidad está Jesús. Alegría, luz, paz. Y porque estaba Jesús, porque vivía entre nosotras y en nosotras, no se podía dejar de advertir su presencia. Se advertía una alegría que no se había probado nunca, se experimentaba una paz nueva, un nuevo ardor; una luz iluminaba y guiaba el alma... Y, porque estábamos unidos y Jesús estaba entre nosotros, el mundo a nuestro alrededor se convertía. «Que sean uno para que el mundo crea», había dicho Jesús. He aquí que muchas personas volvían a Dios, muchos otros descubrían a Dios por primera vez.

 

Unidad entre los cristianos

Ya el 17 de noviembre de 1965, Chiara habló en la catedral anglicana de Liverpool. Era la primera vez que una laica católica romana hablaba en aquella iglesia.

Las actividades de la «Obra de María» con respecto a las Iglesias evangélicas y con los Ortodoxos han sido muy numerosas. Como un ejemplo entre mil ofrecemos algunos datos de su estancia en Ginebra, en octubre de 2002, invitada por las Iglesias de dicha Ciudad y por el Instituto ecuménico de Bossey:

El tema de la “espiritualidad de la unidad”, que abraza todos los ámbitos de la vida, estuvo en el centro del mensaje de Chiara Lubich y fue de gran interés para los organismos que la invitaron. El reverendo Dr. Konrad Raiser, secretario general del Consejo Mundial de las Iglesias, dirigiendo la invitación a Chiara Lubich, subrayaba su “contribución vital al movimiento ecuménico”. Afirmaba que “sus numerosas iniciativas no solo en el campo espiritual y religioso, sino también en el ámbito político, económico y social, demuestran la potencialidad del testimonio en común y la necesidad del compromiso para recomponer la comunión”. “Todo esto – agregaba – pone en evidencia la importancia de la espiritualidad en el contexto actual y su preciosa y decisiva contribución no sólo para la unidad de las Iglesias, sino de la entera familia humana” .

El programa de aquella visita de Chiara Lubich comprendió: un seminario para estudiantes y cuerpo de profesores del Instituto Ecuménico de Bossey, la celebración ecuménica en la Catedral reformada de San Pedro. Debate público, en el Consejo Mundial de las Iglesias sobre el tema: “Espiritualidad y comunión” y un intercambio de puntos de vista sobre espiritualidad y procesos socio-económicos y políticos.

Esta visita coincidió con el encuentro anual ecuménico internacional de los obispos amigos del Movimiento, promovido por el cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga.

Esta fue la tercer visita de Chiara Lubich al Consejo Mundial de las Iglesias. Las visitas precedentes tuvieron lugar en 1967 y 1982.

 

Unidad entre las religiones

Chiara fue la primera mujer cristiana y laica que ha sido invitada a hablar de su experiencia espiritual en un Templo budista a 200 monjes y monjas budistas y a más de 800 estudiantes de la universidad budista de Chiang Mai en Tailandia (enero ‘97), en la histórica Mezquita «Malcolm X» de Harlem (Nueva York) a 3000 musulmanes afro-americanos (mayo ‘97) y a los miembros de la comunidad hebrea de Argentina y Uruguay, por invitación de la B’nai B’rith Argentina y de otras organizaciones hebreas (abril ‘98).

El diálogo con el hinduismo se ha iniciado a partir de enero del 2001, cuando Chiara encuentra a cientos de hindúes en Bombay y Coimbatore (Tamil Nadu), India. En esta ocasión Chiara también es distinguida con el Premio ‘Defensor de la Paz’, que le otorgan dos prestigiosas instituciones hindú de inspiración gandhiana: la Shanti Asharam y el Movimiento Savoyadana, durante una ceremonia oficial en Coimbatore. Con cada uno de estos acontecimientos se han abierto nuevas y prometedoras perspectivas para el diálogo interreligioso. Más de 200 musulmanes amigos de los Focolares, provenientes de los 5 continentes, se encuentran en el ’98 y en 1999 en el Centro internacional del Movimiento para profundizar en el espíritu de unidad de los Focolares.

 

Unidad entre los profesionales y los empleados

En 1956 hace surgir a los «Voluntarios», nueva rama de su movimiento, constituido por personas adultas comprometidas en los más diversos campos sociales: política, economía, justicia, salud, docencia, arte, industria, etc. Tratan de ser animadores en sus actividades y vivirlas en unión con cada persona desde Dios.

En el 1991 en Brasil, se siente impactada por el contraste social y la miseria de las «favelas», y pone en marcha la Economía de Comunión, entonces un proyecto y hoy una realidad en creciente desarrollo de esta novedosa teoría y praxis económica. Sobre ella se están publicando tesis y trabajos de investigación en las universidades de todo el mundo, y existen centenares de empresas aplicándola en vivo en todas las latitudes.

 

Unidad entre los políticos y en el ámbito de la cultura

Entre los desarrollos más recientes promovidos por Chiara Lubich destaca en el ámbito de la Política el «Movimiento político por la unidad», surgido en 1996. Asume la fraternidad como categoría política y se ha difundido en varios países de Europa (especialmente en Italia), y en Iberoamérica (Brasil, Argentina y Uruguay...). Se comprometen a poner la fraternidad como base de su vida y de su compromiso político.

 En el ámbito de la Cultura, funda en 1990 la «Escuela Abba», para profundizar la dimensión doctrinal del carisma de la unidad. Desde 1998 se ha alargado a otros 350 profesores y expertos, de muchos países, abriendo nuevos espacios en su desarrollo, fruto de la experiencia de comunión entre saber y vida.

El Movimiento de los Focolares hoy se encuentra difundido en 182 países, con más de dos millones de adherentes y una irradiación entre varios millones de personas.

 

Último pensamiento espiritual de Chiara Lubich:

Desde su cama, en el “hospital Gemelli”, poco antes de su “partida” dijo:

“Quisiera esta vez subrayar el valor de la relación, de las relaciones entre nosotros.

Viviendo la Palabra, en los inicios, en Trento, cambió, tanto nuestra relación con Dios como nuestra relación con los hermanos. Así nació aquella que entonces llamábamos “comunidad cristiana”. No nos olvidemos de estos orígenes. Construyamos nuestra obra sobre estas bases”.