Ni celos, ni frialdad

 

Existen algunas actitudes que hacen daño en la relación de la pareja y que deben evitarse por encima de todo. Y si no se pueden evitar, hay que pedir al Señor que, al menos, no hagan ningún daño externo en el trato mutuo.

Corazón celoso. Una profesora de instituto, separada, que conocí este verano me comentó que sus problemas matrimoniales y el distanciamiento con su marido comenzaron por los celos de ella. Su esposo es también profesor y ella no soportaba verlo rodeado de mujeres, compañeras suyas de trabajo. Se trataba de unos «celos patológicos» que padecen tanto los hombres, como las mujeres; en estos casos, cualquier cosa sin importancia sirve para formarse un mundo inexistente, sin base ni lógica.

En estos casos hay que ser muy cautos y cuidar el comportamiento, procurando hacer crecer en sí mismos la autoestima y la confianza. Y es que, detrás de un corazón celoso hay una persona insegura, con complejo de inferioridad y que reacciona así por creer que es la única manera que tiene de autoafirmarse.

Mucha paciencia y actitud reposada se necesita. Y también mucho conocimiento del otro y mucha prudencia, evitando discusiones inútiles. En estos casos conviene mirar detenidamente si lo que vamos a decir puede convertirse en un problema para el otro.

 

Indiferencia. Otra actitud también muy perjudicial para las relaciones matrimoniales es la indiferencia; es decir, estar frío e indiferente ante todo.

No te contaré nada de mí, porque tú tampoco me contarás nada de ti... pero tú y yo sabemos que el frío del corazón es lo peor que puede pasarle a una persona, no solo en las relaciones matrimoniales, sino en el trato humano corriente e incluso, en la relación íntima con Dios.

Cuando un corazón se «enfría» no sabemos hasta qué actitudes o pensamientos puede llevar. ¿No es cierto que muchas de las cosas injustas de nuestra sociedad tienen su origen por «pasar» y no querer implicarse de verdad? Es decir, por frialdad.

Aquí debemos usar de nuestra inteligencia para saber de qué tenemos que «pasar» y en qué debemos «mojarnos». Es cierto que ante situaciones que pueden provocar reacciones negativas es bueno tener «oídos sordos». Pero en otros mucho momentos tenemos que estar muy atentos por nuestro propio bien y por el de los que nos rodean.

Preguntémonos ¿de qué puedo «pasar» que no tenga importancia (o que a mí me parece que no la tiene)? ¿Que ocurrirá si «paso» de esto en mi relación matrimonial? Con toda sinceridad, procuremos analizar nuestro corazón.

«Pasemos» de todo lo que puede enturbiar nuestra relación; pero impliquémonos con todo el corazón en aquello que puede hacer el bien a otros, aunque a mí no me interpele demasiado

De todo corazón,

Rosario