El
Papa en Estados Unidos
Ofrecemos algunos párrafos de intervenciones
del Benedicto XVI en los Estados Unidos.
En
Desarrollar la
conciencia de ser
una «Familia de Naciones»
Al comenzar mi intervención
en esta Asamblea, deseo ante todo expresarle a usted, Señor Presidente, mi
sincera gratitud por sus amables palabras. Quiero agradecer también al
Secretario General, el Señor Ban Ki-moon, por su
invitación a visitar
Salvaguardar el
carácter sagrado de la vida, de la persona
y de la familia humana
El reconocimiento de la
unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y
mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de
proteger. Este principio ha sido definido sólo recientemente, pero ya estaba
implícitamente presente en los orígenes de las Naciones Unidas y ahora se ha
convertido cada vez más en una característica de la actividad de
Los derechos y
deberes, frutos de un
sentido común de la justicia,
son válidos para todos los
tiempos
y para todos los pueblos
Puesto que los derechos y los
consiguientes deberes provienen naturalmente de la interacción humana, es fácil
olvidar que son el fruto de un sentido común de la justicia, basado
principalmente sobre la solidaridad entre los miembros de la sociedad y, por
tanto, válidos para todos los tiempos y todos los pueblos. Esta intuición fue
expresada ya muy pronto, en el siglo V, por Agustín de Hipona, uno de los
maestros de nuestra herencia intelectual. Decía que la máxima no hagas a otros
lo que no quieres que te hagan a ti «en modo alguno puede variar, por mucha que
sea la diversidad de las naciones» (De doctrina christiana, III, 14). Por tanto, los derechos humanos han de ser
respetados como expresión de justicia, y no simplemente porque pueden hacerse
respetar mediante la voluntad de los legisladores.
Libertad religiosa
Obviamente, los derechos
humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como
expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una
visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente
entre la dimensión de ciudadano y la de creyente. La actividad de las Naciones
Unidas en los años recientes ha asegurado que el debate público ofrezca espacio
a puntos de vista inspirados en una visión religiosa en todas sus dimensiones,
incluyendo la de rito, culto, educación, difusión de informaciones, así como la
libertad de profesar o elegir una religión. Es inconcebible, por tanto, que los
creyentes tengan que suprimir una parte
de sí mismos —su fe— para ser ciudadanos
activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios
derechos. (...)
En el National Stadium (Washington
17-4-08)
Al final de la homilía en inglés, dijo estas
palabras para los hispanos:
Queridos hermanos y hermanas
de lengua española:
Deseo saludarles con las
mismas palabras que Cristo Resucitado dirigió a los apóstoles: «Paz a ustedes»
(Jn 20,19). Que la alegría de saber que el Señor ha triunfado sobre la muerte y
el pecado les ayude a ser, allá donde se encuentren, testigos de su amor y
sembradores de la esperanza que Él vino a traernos y que jamás defrauda.
No se dejen vencer por el
pesimismo, la inercia o los problemas. Antes bien, fieles a los compromisos que
adquirieron en su bautismo, profundicen cada día en el conocimiento de Cristo y
permitan que su corazón quede conquistado por su amor y por su perdón.
En
La unidad de una catedral
gótica, es sabido, no es la unidad estática de un
templo clásico, sino una unidad nacida de la tensión dinámica de diferentes
fuerzas que empujan la arquitectura hacia arriba, orientándola hacia el cielo.
Aquí podemos ver también un símbolo de la unidad de
¡Dirijamos, pues, nuestra
mirada hacia arriba! Y con gran humildad y confianza pidamos al Espíritu que
cada día nos haga capaces de crecer en la santidad que nos hará piedras vivas
del templo que Él está levantando justamente ahora en el mundo. Si tenemos que
ser auténticas fuerzas de unidad, ¡esforcémonos entonces en ser los primeros en
buscar una reconciliación interior a través de la penitencia! ¡Perdonemos las
ofensas padecidas y dominemos todo sentimiento de rabia y de enfrentamiento!
¡Esforcémonos en ser los primeros en demostrar la humildad y la pureza de
corazón necesarias para acercarnos al esplendor de la verdad de Dios! En
fidelidad al depósito de la fe confiado a los Apóstoles (cf. 1 Tm 6,20),
¡esforcémonos en ser testigos alegres de la fuerza transformadora del
Evangelio!