CANTO A LA MUJER

 

Que nadie se extrañe si desde esta humilde tribuna nos atrevemos a cantar a la mujer. ¡Ninguna extrañeza!

Una Obra apostólica como la nuestra, cuya acento pastoral está puesto en el varón —y precisamente por eso— sabe entonar un canto a la mujer. Es más, puede y debe hacerlo porque está abierta a la familia, a la vida y a la Iglesia. Conoce la valía de la mujer, su vocación y su misión, grandes como su mismo origen y sentido: Dios-Amor con todo su arte creador. Y reconoce además la manipulación y degradación femenina, que el hombre del comercio y del placer, de la publicidad y del marketing ha llegado a realizar y sigue realizando.

Queremos cantar un canto a la mujer. Y es éste:

- Tú, mujer, tienes un referente último «divino»: María, Madre de Dios y nuestra; la Mujer, plenitud de Amor y Vida por obra y gracia del mismo Dios. Tu prototipo, mujer, es María, Madre del Amor Hermoso, Mujer y Esposa a lo divino. Ella es el sueño de Dios sobre ti. Y tu naturaleza se comprende en plenitud en la de ella. No en las modelos, ni en las de «cuota», y ni siquiera en las de la férrea y mendaz ideología de género.

- Tú, mujer, eres mujer-madre: lo querido y obtenido por el Creador en la persona y en la vida de Santa María para su Hijo; el inigualable proyecto del Amor de Dios para cada mujer. Ella es fuente participada, pero real de la vida. Santuario sagrado de ese inmenso don de Dios y de su desarrollo en los primeros estadios. Ella es acogida suma del amor y por ello mismo entrega altísima de amor. Es compañera gestante del amor: maternidad. Eso estás llamada a ser tú, mujer, cualquiera que seas, si lo eres de verdad.

- Tú, mujer, eres mujer-esposa, sonrisa cautivadora de Dios para la vida, y para el esposo. Vuestra unión definitiva de relación íntima y recíproca expresa la comunión de Dios. Y entonces, esa comunión divina salta en vosotros a este mundo -precisamente a tu seno- y llega como vida humana, persona dignísima desde ti y contigo.

- Tú, mujer, eres mujer-hija, mujer- hermana, mujer-trabajadora, y por todo eso, mujer-multiplicadora e inagotable, porque eres toda para la entrega más genuina, para el amor más entrañable, para el don hacia arriba, hacia abajo, hacia todos lados. En ese auténtico don-regalo eres tan humana como divina, tan sencilla y humilde como grande.

- Tú, mujer, eres también mujer-consagrada, desde donde vives, por elección libre y gratuita de amor, totalmente y sólo para Dios; y desde Él, y al estilo de Jesús y de María, para todo el que esté lastimado en la vida. Eres júbilo fecundo de la paradoja más grande de la historia: mujer madre-virgen.

- Tú, mujer, y por todo ello, eres delicadeza fuerte e invencible, cuidadora del hombre, para que no se desvíe con el machismo, la violencia, su ardor físico y aventurero, y aprenda a ser la complementariedad necesaria de la imagen y semejanza de Dios que sois los dos, por naturaleza no por cultura o por devenir histórico y social. Del hombre estás llamada a ser estímulo en la fe, ejemplo en la esperanza y modelo en el amor. Ni capricho, ni esclavitud, ni confrontación.

- ¡Eres el genio femeninol Sé tú misma, mujer. Sé lo que Dios ha querido que seas. Lo necesitamos. La historia, la Iglesia, la humanidad, el hombre mismo te lo agradecerá, y los engrandecerás. ¿Quién si no nos reflejará vivencialmente a Santa María?