Gotas

 

 

“El Reino de Dios” no se encuentra en ningún mapa.

No es un reino como los de este mundo;

Su lugar está en el interior del hombre.

Allí crece y allí actúa.

(Benedicto XVI)

 

Desde muy antiguo, -el siglo II con toda seguridad-

ya entendían algunos Padres de la Iglesia, a Jesús mismo

como el reino de Dios en persona. Jesús mismo es el «reino»;

el «reino no es una cosa, no es un espacio de dominio

como los reinos terrenales. Es una persona, es Él.

Con el modo de hablar del «Reino de Dios -escribe Benedicto XVI-

Él (Cristo) conduce a los hombres al hecho grandioso de que,

en Él (Cristo), Dios mismo está presente en medio de los hombres,

y de que Él (Cristo) es la presencia de Dios entre nosotros.

Es esta una verdad importante. Y más importante, tenerlo claro.

Y más aún, estar convencidos de ello, porque en ello nos va la vida:

la Vida Verdadera vivida ya aquí y ahora por nosotros.

Es ésta una verdad profundamente consoladora.

Una interpretación muy valiosa, iniciada con Orígenes,

considera que el Reino de Dios se encuentra

esencialmente en el interior del hombre.

Fijémonos con que belleza y convencida expresividad lo expone:

Quien pide en la oración la llegada del Reino de Dios

-comenta en el Padrenuestro-, ora sin duda por el Reino de Dios

que lleva en sí mismo, y ora par a que ese reino dé fruto

y llegue a su plenitud...

Puesto que en las personas santas reina Dios

    [es decir, está el reinado, o Reino de Dios]...

Así, si queremos que Dios reine en nosotros

   [que su reino esté en nosotros],

en modo alguno debe reinar el pecado en nuestro cuerpo mortal (Rm 6,12)

Y todavía añade algo decisivo y renovador:

Entonces Dios se paseará en nosotros como en un paraíso espiritual (Gn 3,8)

 y, junto con su Cristo, será el único que reinará en nosotros.

Esto es atrevido, convincente, verdadero, vivificante y entusiasmante.

¿Quién reina hoy en mí?

¿Quién reina en nuestro corazón y se refleja en nuestra vida?

P. Gregorio