LUZ RODRÍGUEZ CASANOVA,

Fundadora de las Damas Apostólicas.

 

 

     “Me he propuesto constituir una organización médica que preste su colaboración gratuita asistiendo a enfermos carentes de recursos”.

Nace el 28 de agosto de 1873  en la localidad asturiana de Avilés.

Su padre, que fallece cuando Luz cuenta 12 años, es gobernador civil de Oviedo.  Su madre, marquesa de Onteiro, al quedar viuda, traslada la residencia familiar a Madrid.

En la capital de España, los cinco hijos del matrimonio reciben una esmerada educación cultural y humana, atendida en el hogar, después de los horarios de clase en los centros escolares, por profesores particulares.

Recuerdo que desde niña he tenido un carácter agradable, abierto, espontáneo, pero sumamente tenaz en lo que me proponía.  Los tutores indicaban a mi madre que la inteligencia que poseía era muy superior a la media, pero éso me dejaba más bien indiferente”.

Son patentes los rasgos espirituales de su personalidad: tendencia a la piedad, devoción a la Eucaristía, decidida vocación al apostolado, propósito de vivir en virginidad y ocupación hacia la infancia abandonada y personas muy necesitadas.

La Constitución de 1876 permite la libertad de cultos en España.

“La influencia de la propaganda protestante fue un estímulo para mí que me encendió el celo por la defensa de la fe católica, sobre todo en los niños”.

Se apoya en lo que se estaba haciendo en Italia en este sentido por la Obra de Propagación de la Fe erigida por León XIII, sostenida con igual fuerza por Pío X.

Con 29 años, Luz da comienzo a su acción creadora.

Forma un equipo con jóvenes de idénticas inquietudes, y a partir de 1902, crea y mantiene, en barrios marginados de Madrid, hasta 107 escuelas denominadas de la “Preservación de la Fe”.

“Mi celo apostólico me impulsa más lejos.  Encontré en mi labor educativa gran número de enfermos carentes de asistencia médica.  Decidí fundar un Patronato de enfermos.  Me propuse constituir una organización médica que prestara su colaboración gratuita asistiendo a enfermos carentes de recursos”.

Las consultas comienzan a funcionar de inmediato en los centros levantados por ella y en los domicilios de los pacientes.

Madrid se llena de inmigrantes que buscan trabajo Las autoridades se desentienden de los asuntos sociales más urgentes.  Es perentorio que haga algo para paliar en lo posible estas dramáticas situaciones”.

Luz no descansa.  Nuevas realizaciones protegen tanta pobreza en aquellos comienzos del siglo XX :  Nace El Comedor de los Pobres que reparte 700 raciones de comida al día, y La Oficina para Matrimonios, donde se preparan los expedientes para la celebración de este Sacramento entre parejas sin recursos, evitándose así el inicio de una convivencia irregular.

Emprendo y llevo a cabo todas mis acciones, toda mi actividad confiada totalmente en que no me va a faltar la Providencia de Dios”.

Su fe en la protección divina, su amor a Jesús, su permanente vida de oración, su devoción a la Eucaristía, su celo inmenso de ayudar y remediar las lacras de personas inmersas en conflictos de todo tipo, su formidable adaptación a cualquier circunstancia, son las herramientas de las que Luz se sirve para construir “aquel algo que tanta falta hace en medio de tanta indiferencia política y religiosa”.

El sacerdote jesuita José Rubio, canonizado recientemente en Madrid por Juan Pablo II, aparece en su vida. Su dirección espiritual y su guía son los últimos utensilios necesarios para su trabajo.  Bajo su consejo, Luz intuye claramente que es preciso embarcarse para ir más mar adentro.

Tiene 54 años, y “con gran emoción recibí la noticia de que la autoridad eclesiástica, con objeto de dar más estabilidad a mis obras apostólicas, concede el decreto de fundación de la Congregación Religiosa de las Damas Apostólicas del Corazón de Jesús”.

A partir de ese año 1927, continúa trabajando en una agotadora labor a favor de marginados, excluidos y pobres.

España entra en pocos años en una etapa de desestabilización.  Las revueltas y conflictos no cesan y la persecución religiosa toma en poco tiempo carices trágicos.  Todo ello desemboca en la Guerra Civil de 1936, durante la cual quedan totalmente destruidas todas sus obras y parte de los edificios levantados para albergar la recién fundada Orden.

“Es muy duro, a veces insoportable, ver todo lo que está pasando y todo lo que están haciendo grupos de incontrolados. Mi fe no se ve quebrantada por ello.  Me abandono en las manos del Sagrado Corazón y ni mi celo ni mi espíritu de sacrificio a favor de tantas personas que sufren, se verán alterados”.

La edad no perdona.  Los años pasan su factura.  Pero Luz permanece firme en su caridad sin límites hasta ese 8 de enero de 1949 en que, con 76 años, pasa a ocupar su merecido descanso en las manos amorosas del Padre. 

No obstante su grandeza espiritual, brilla en su rostro la humildad de quien se cree que nace para servir “meditando la palabra de Dios, ocupando sin interrupción la mente y el corazón en el Señor, de modo que todo movimiento que uno realice brote de esa contemplación y pueda uno entregarse sin reservas a aquellos que de verdad necesitan de ayuda”.

Lo que se hace por Dios y en nombre de Dios debe estar sustentado y marcado por las virtudes que Jesús practicó.  Con humildad, sencillez, naturalidad, paciencia, afabilidad, dulzura, firmeza, seguridad, caridad, mansedumbre y perseverancia se alcanzan las cimas más nobles y altas.

Alrededor de 36 comunidades de Damas Apostólicas con más de 200 religiosas repartidas por España, Italia, Bolivia, Perú, República Dominicana, El Salvador, Méjico y Angola que trabajan al servicio de personas necesitadas, son el fruto de aquella visión, de aquella tarea infatigable de Luz Rodríguez Casanova.

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José Ramón González.