Trabajar con amor
Cada día es una nueva ocasión que tenemos para
disfrutar de las relaciones humanas y, por lo mismo, una ocasión para que la
gente se adentre en el amor a Jesucristo, que es el único que puede hacer que
el mal y el sufrimiento tengan sentido. En efecto, sólo con Él y en El, amando
y redimiendo desde Él, con la mirada puesta en toda la humanidad, se irán
cambiando los rostros y se llenarán de
alegría los corazones. Parece excesivo, pero la verdad es que somos muy
importantes, valemos mucho, podemos hacer mucho bien ganando y regalando para
Jesucristo.
Quisiera que a cuantos leyeran este artículo les
dieran unas ganas enormes de colaborar en la propia parroquia. En ellas los
responsables piden gente voluntaria, a los que, preparándolo convenientemente, según sus capacidades, llegarían
a ser visitadores de enfermos, ministros
extraordinarios de la Eucaristía, lectores, ayudantes, etc. etc.
Nuestro trabajo tendría que ser humilde, efectivo
y afectivo.
— Humilde: hacer las cosas con la mirada puesta sólo
en el Señor, sin buscar los primeros puestos, haciendo las cosas sencillamente.
Y si vienen tentaciones de vanidad digámosle al Señor de todo corazón: «No a
nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre se dé la gloria», como
dice el comienzo de un salmo.
— Efectivo: tomar en serio todo lo que hacemos,
poniendo nuestra inteligencia para que quede bien. Procurar mejorar el
servicio, leyendo cosas instructivas sobre lo que hacemos y no teniendo reparo
en aceptar los consejos de quienes tienen más experiencia que nosotros; incluso
preguntar con sencillez cómo hacer para que quede mejor.
— Afectivo: Con un amor sincero y comprensivo. Que
nos alegremos con todo nuestro corazón de los éxitos que tengan los otros. Que
sepamos excusar los fallos que veamos. Que nos duelan de verdad lo errores u olvidos
de unos y de otros. Que nos pongamos al servicio de todos con la oración
frecuente, con el deseo de que en todo sea glorificado el Señor. Pensemos que
unos y otros somos humanos. Que si vemos un fallo en un sacerdote pensemos que será consecuencia de falta de salud, de
tantas preocupaciones que lleva su ministerio... Y en nuestra oración, pidamos
al Señor que les ayude en sus trabajos y dificultades. Que puedan unirse al
Señor y que encuentren en nosotros el cariño y la comprensión que necesitan...
De todo corazón.
Rosario