El Papa en Tierra Santa,

¿peregrino o consejero político?

 

El viaje del Papa a Tierra Santa ha dado mucho que hablar y escribir. Dejo de lado los dimes y diretes sobre la conveniencia de este viaje. Se ha dicho y repetido, desde Roma, que el Papa iba como peregrino y no como político. Sin embargo, se ha añadido que como peregrino iba sobre todo para pedir a Dios la paz entre judíos y árabes en aquella Tierra Santa, paz que no solo afecta a los fieles del Judaísmo y del Islam, sino también y muy especialmente a los cristianos; se ha añadido también que el Papa, dada la situación, no podría soslayar una intervención acerca de ambos bandos. Y aquí viene mi pregunta, ¿estas declaraciones no le parece que tienen ya un carácter político incluso en el sentido peyorativo de la palabra? ¿No están diciendo que el Papa no debería meterse en política, pero que no tendrá más remedio que hacerlo? Y añado, ¿corresponde a un Papa intervenir, como lo ha hecho, indicando cuál sería la solución política de los problemas existentes en esa tierra entrañable?

S. M. Barcelona

 

Querido amigo, supongo que no tendrás inconveniente en conceder que la situación religiosa, política y, sobre todo y en definitiva humana, en Medio Oriente pide y hasta exige que quien crea, y aun solo sospeche, poder hacer algo para resolver el conflicto allí existente desde hace tantos años, lo haga.

Pues bien, el Papa ha pensado, desde el comienzo mismo de su pontificado, estar en esas condiciones, y que el buen trabajo realizado por su predecesor, Juan Pablo II, en su viaje a Tierra Santa, le pedía a él un esfuerzo similar. Y a propósito, tienes que saber que diversos personajes han calificado su viaje de valiente y muy valiente, sabiendo que se exponía en él, no solo a ser criticado muy duramente por judíos y árabes, no excluidos los miembros de la comunidades hebreoparlantes y áraboparlantes católicas, sino incluso a ser víctima de algún atentado.

Pero, para responder más directamente a tus dos preguntas, te diré primero, que no me parece tan claro que la intervención del Papa haya tenido un carácter político. Por de pronto, quiero trascribirte unas palabras del P. Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, que a mi entender dejan suficientemente claro que su actuación no es política: «es muy incierta la situación política en el área, y también las perspectivas de pacificación son frágiles. Pero el Papa se pone en camino igualmente, con una valentía admirable que se funda en la fe, para hablar de reconciliación y de paz». Y, entre los personajes políticos de la región, quien me parece haber entendido más claramente el verdadero sentido de la peregrinación papal, es el propio el presidente de Israel Shimon Peres, quien en su discurso de bienvenida, afirmó: «Los líderes espirituales pueden preparar el camino a los líderes políticos. Pueden limpiar el campo minado que obstruye la senda de la paz. Los líderes espirituales deberían reducir la animosidad, de manera que los líderes políticos no recurrieran a medios destructivos». Y en otro momento: «No necesitamos más vehículos blindados -añadió Peres-, sino liderazgo espiritual inspirado».

Pero además quiero añadirte que el adjetivo «político» tiene sentidos muy diversos y no todos significan algo que un Papa, un Obispo y un simple sacerdote no puedan hacer. La acepción más genérica indica una acción a favor del bien común, sea al interior de una sociedad civil, sea en el orden internacional. Esta acción política la puede ejercer perfectamente el Papa, como puede ejercer una acción cualquiera en defensa del hombre y de la ley natural, aun cuando ello conlleve una crítica severa de una personalidad política, de un entero partido y hasta del Gobierno de todo un país.

La Iglesia ha defendido siempre que su misión e infalibilidad se extienden no sólo a la difusión y defensa de la verdad revelada, sino también a la defensa y difusión de las verdades fundamentales de la razón. Y ello, porque esas verdades naturales se encuentran a la base de toda otra verdad incluso sobrenatural. Análogamente, en el orden moral o del bien, la Iglesia tiene pleno derecho y obligación de defender y promover no sólo las exigencias morales del Evangelio, sino también las de la Ley natural y el bien de la persona humana.

De manera que, cuando el P. Lombardi y otros prelados de la Curia Romana han afirmado que el viaje del Papa no tenía una finalidad política, no se referían a ese sentido más amplio del adjetivo político, sino a otros sentidos reservados a la acción de quienes tienen la vocación o la misión concreta de regir los destinos de la sociedad civil o de la sociedad de naciones, y, por supuesto, no caían en la actitud política peyorativa que tu sospechas en sus declaraciones.

Para terminar, te diré que a nosotros, católicos, nos toca respetar las decisiones del Papa y de nuestros pastores, siempre, pero sobre todo cuando apuntan a un fin tan noble como es el de la paz y la concordia entre los pueblos. Es más, nos toca secundar su actuación, orando y ofreciendo sacrificios personales, unidos al de Cristo, para que ese fin pueda lograrse cuanto antes, en Tierra Santa y en todas partes.

J. Mª F-C

 

Otros articulos del mismo mes