La pedagogía de Dios con las consolaciones

y las desolaciones

 

¿Por qué Dios da la Consolación

y Permite la Desolación?

Querido Federico:

Me explicas en tus líneas que le compartiste los correos que te envié a un amigo. Te cuento que también él me escribió y, comentando uno de mis envíos que se refería a la consolación y a la desolación, pregunta: «¿Qué busca Dios con todo esto?».

Ayudas

Te transcribo lo que le contesté: «Grandes ayudas Dios nos regala con la consolación: nos da lucidez para caminar, seguridad de ser amado y acompañado por El y fuerzas para poder afrontar los períodos de pruebas difíciles de la vida. En la desolación, por otro lado, nos damos cuenta que no podemos solos, y así vamos aprendiendo a vivir ‘colgados’ de Dios, que nos da siempre las fuerzas suficientes».

Peligros

Está, sin embargo, por una parte, en el consolado el peligro de enorgullecerse, de «tener muchos humos», de considerar tal estado anímico como un fruto que está al alcance de su mano, que puede tenerlo cuando quiere, y por otra; parte, en el desolado, el riesgo de que se desaliente.

Evitar golpes inútiles

La experiencia señala que para asimilar estas cosas, uno choca mu­chas veces con la misma piedra; por eso te envío este e-mail, que puedes reenviar a Oscar, tu amigo, dándote otra indicación de discernimiento, para el botiquín de primeros auxilios, evitando así que te golpees inútilmente:

«El que está consolado procure humillarse y abajarse cuanto puede, pensando lo poco que vale en tiempo de la desolación, sin aquella gracia y consolación. Por el contrario, el que está en desolación piense que puede mucho, con la gracia suficiente de Dios, para resistir a todos los enemigos tomando fuerzas en su Creador y Señor.» [Ejercicios espirituales, 324]

 

No al engreimiento

Necesitas tomar conciencia de la consolación y, siendo ésta positiva, vivirla con realismo y con cierta sobriedad, no derrochando descuidadamente la gracia; es decir, previniendo posibles excesos. Recordaba el salmista: «Y yo en paz decía: ‘Jamás vacilaré’». Uno piensa que es así y no es verdad. Es importante que conozcas tu verdad, de lo que vales en desolación. Esto, ade­más, te ayuda a ser comprensivo con los demás. Acuérdate de las ilusiones que se hizo Pedro: «Aunque todos tropiecen, yo no» (Mc 14, 29).

 

Buen consejo

¡Qué buen consejo le daba por carta San Ignacio a una dirigida suya, Sor Teresa Rejadell! ¡Toma nota!: «Por donde es menester mirar quién com­bate: si es en consolación, bajarnos y humillarnos, y pensar que luego viene la prueba de la tentación». ¿Qué opinas?... No debes olvidarte que la luz y energia que ahora recibes has de emplearlas para permanecer fiel en el tiempo de la desolación. Al «tiempo de las vacas gordas» le sucederá otro no tan bueno; como lo experimentaste en la desolación pasada.

 

Dios es el Autor

En la vida espiritual una de las lecciones más difíciles de aprender es la de ser realmente humilde y reconocerle a Dios los dones. Jesús lo recuerda clara­mente: «Porque separados de mí, nada puedéis hacer» (Jn 15, 5). Todo lo que tenemos lo hemos recibido gratuitamente. «¿Qué cosas tienes tú que no las hayas recibido?» (1 Co 4, 7).

 

Dice el P. Vallet

Enardecidamente el P. Francisco de Paula Vallet dice: «Faltan hom­bres de humildad heroica, de los cuales pueda Dios echar mano con su sapientísima Providencia, sin temor de su gloria. O sea: sin que se atribuyan a sí mismos lo que no les toca, sino solamente a la gracia de Dios. Y, con esto, le den la gloria del todo, como se le debe, y de la cual «está Él santísimamente celoso»

 

Humildad

Sin humildad no se puede caminar con seguridad, no puede haber virtud sólida y cada regalo de Dios se puede transformar, por vanidad, en una falta, y además sabemos que: «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes» (St 4, 6). Debes conservar la verdad del propio ser, mante­nerte en el justo lugar, sin creerte que se es mayor o mejor por algo que no es tuyo, sino don gratuito del Señor. ¡Que no se te « suban los humos a la cabeza!»

 

Agradecimiento

El agradecimiento frecuente a Dios es signo de que le atribuyes sus dones, como bien dice un proverbio chino: «Cuando bebas el agua piensa en la fuente».

 

No desalentarse, no aflojar,

ni abandonar

¿Y el que está en desolación?

Por otro lado, nos cuesta abandonamos filial y confiadamente a su poder que sostiene nuestra debilidad, sobre todo en el momento de la prueba. La experiencia muestra que muchas veces la noche de la prueba hace estragos, porque induce a la desconfianza, no pocos se derrumban y, de hecho, están quienes desertan en esos momentos.

 

Ayuda sobrenatural

Si bien todo se hace «cuesta arriba» en la desolación, ¡por grande que sea!, debes pensar que «Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: ‘Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible’». (Mc 10, 27).   Escribía el P. Vallet: «Faltan hombres de confianza grande, valga la palabra: atrevida, imprudente, a los ojos de los prudentes según la carne. Aunque fundamentada en la fe más absoluta en las palabras de Jesús, núestro Dios, sin vacilar». Como a San Pablo el Señor te dice: «Mi gracia te basta» (2 Cor. 12, 9). Sin dudas di, entonces: «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Flp 4, 13).

 

Aprender

La desolación, así como la consolación, tienen, por consiguiente, funciones pedagógicas complementarias, para que aciertes con el camino justo, Todo, absolutamente todo, recuerda una vez más, es para tu bien. «Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rm 8, 28).

 

Felicidades Federico y hasta pronto,

P. Hugo

 

 

 

 

Práctica para el discernimiento espiritual:  «Orando con tu vida».

 

/ ° Pide: Conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarte de ellos y conocimiento de la vida verdadera que enseña el Sumo y verdadero capitán, y gracia para imitarlo.

2° Sigue haciendo memorial de lo vivido, bajo la mirada amorosa de Dios: ¿Cómo «te hiciste pequeño» = humildad, en la consolación, y cómo te apoyaste en Dios, en la desolación.

3° Sigue tomando nota en tu historia clínica sobre el discernimiento y escribe lo quieras decir al Señor.

(Personalmente o comunitariamente puedes /eis tomar esta pauta para ver cómo crece en humildad tu familia, la comunidad parroquial, etc. cuando Dios la bendice y derrama sus gracias y cómo se apoya en Dios en la desolación)