Corazón
de hombre
Me duele mucho que hayan aumentado
el número de muertes de mujeres por la violencia doméstica. Y me pregunto: ¿qué
es lo que falta en el corazón del hombre para que se sobrepase así en su
comportamiento? Cada uno sacará sus propias conclusiones, pero yo he procurado
más bien recoger algunas cualidades del corazón que me parecen puede ayudar a
vivir en armonía y a ser un poco mejores cada día.
— Corazón noble; es decir, generoso,
desprendido, desinteresado, que hace propias las recomendaciones de San Pablo: «buscad
el interés de los demás». Hacer feliz al otro no resulta fácil, porque
tendemos a «centrarlo» todo en nosotros mismos. Se necesita una alegría
sobrenatural que hemos de pedir al Señor en la oración.
— Corazón comprensivo; que hace
suyas las palabras de ese Himno litúrgico que dice: «que yo comprenda, Señor
mío, al que se queja y retrocede, que el corazón no se me quede
desentendidamente frío». Corazón que analiza el por qué, la causa del
comportamiento del otro y aunque no la encuentre en la superficie de su ser,
piensa que esa causa debe existir en el «sótano», en lo más hondo de su
corazón.
— Corazón contemplativo; que supera
la mirada despreocupada, indiferente, y procura atisbar lo más hondo de la
persona que tiene delante. Que sabe que cada uno se fija más en un aspecto de
la realidad y que el otro tiene otras preferencias distintas. Pero que esa
diferencia no hace a nadie, ni mejor ni peor, sino distinto, complementario. Que
el comunicar esas diferencias, en la paz y en el amor, pueden enriquecerse los
dos, porque así la visión es más completa.
— Corazón humilde; que sabe
reconocer las propias limitaciones y asume con ánimo grande las limitaciones de
los demás. Que valora las diferencias que puedan surgir en su justa medida.
¡Cuántas discusiones sin pies ni cabeza se podrían evitar si el maldito orgullo
no viniera a deshacerlo todo! Yo misma me he dicho en muchas ocasiones: «¿Y por esa tontería me enfadé? ¡Qué poca importancia
tenía!». Hubiera sido mejor haberse
acordado de poner una gotita de miel, una sonrisa, una broma oportuna y todo se
habría arreglado!
Que el Señor nos dé un corazón
nuevo, un corazón amplio y generoso como el suyo.
De todo corazón.
Rosario