«Traigo los deberes hechos»
Olga
Bejano Domínguez
nació en 1963 en Logroño. Debido a una parálisis progresiva, iniciada a los
doce años, ahora sólo puede ver unos segundos cuando le levantan un párpado y
no puede hablar ni escribir. El deseo de comunicarse llevó a Olga a inventar un
sistema de abecedario, «unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me
cuida habitualmente, que escribo apoyando mi mano paralizada en mi pierna
derecha y con impulsos de la pierna muevo la mano».
En su
primer libro, «Voz de papel», ha dado forma literaria, para poder
animar a otros en su situación, a lo que experimentó tras la rebeldía ante la
enfermedad. «El alma es más fuerte que el cuerpo», se dijo, y
concluyó que la madurez espiritual y el crecimiento personal eran fruto de un
«alma fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una fe y confianza fuertes
en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda».
Todo ello
la llevó a una oración constante: «Desde que descubrí a Dios me sucede algo
similar a cuando una persona se enamora: rne levanto pensando en Él, durante el
día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y
el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que
cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante
ese tiempo».
En
segundo libro, «Alma de color salmón», dice de sí misma, «hablo
poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma». El título alude a la metáfora
del salmón que remonta el río nadando contracorriente. Fue publicado por
«Libros Libres» en 2002.
Olga
Bejano ha expresado, una y mil veces, ante el controvertido tema de la
eutanasia, que no desea ser manipulada ni a favor ni en contra. Que comprende
la dificultad de cada persona: «Como a cualquier ser humano, no me gusta
sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mí, en
más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla, pero ahora sé que si
sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y
otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya
precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día
y mi hora». Y exhorta: «En vez de hablar de ‘muerte digna’, se debieran
ofrecer ayudas para facilitar la «vida digna».
Ahora
entrega al público su tercer libro «Los Garabatos de Dios», cuyo
título hace alusión al sistema que usa para comunicarse. La obra, ha sido
publicada también por «Libros Libres». Aludiendo a una experiencia personal de
encuentro con Dios, explica su postura ante el encuentro definitivo: «Cuando
me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: ¡Otra vez estoy
aquí! Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver.
Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes».
(Resumido
de Zenit)
Nota: En carta dirigida a un
periódico el 13 de marzo de 1995, escribe entre otras cosas: Soy católica,
siempre he creído en Dios, en la existencia del alma y en que cuando uno muere
no termina ahí su vida, sino que sigue en otro lugar. Cuando estuve en coma,
tuve la suerte de tener la famosa experiencia del «túnel». Esto transformó mi
vida. Desde entonces, no tengo ningún miedo a la muerte, porque sé que cuando
uno se va, allí se siente mucho placer y bienestar.
(de «Guiones de bioética»)