Por
amor de Dios
La
necesidad de «tiempos fuertes» de oración y discernimiento se siente más y más
en la Iglesia. En esta línea nos estimula la reciente noticia, difundida por
«Zenit», según la cual el Pontificio consejo «Cor unum», ha organizado, por
primera vez, un «gran retiro espiritual» dirigido a los responsables de ayuda
humanitaria de las diócesis ubicadas en las dos Américas1, que tendrá lugar en Guadalajara (México) el próximo
mes de junio. Este Consejo para la promoción humana y cristiana, fue creado por
el Papa Pablo VI y “expresa la solicitud de la Iglesia católica hacia los
necesitados para que se favorezca la fraternidad humana y se manifieste la
Caridad de Cristo”. Su actual presidente, el Cardenal Paul Josef Cordes,
explicando a «Zenit» los motivos de este «Gran retiro», afirma: «Tenemos la
Cruz Roja, tenemos las organizaciones de las Naciones Unidas; y todo esto es
muy bueno. Pero nosotros queremos una actitud diferente».
En el
fondo se trata de procurar dar todo su sentido a la expresión que encabeza
estas líneas y que en muchos oídos ha perdido su verdadero vigor: «Por amor
de Dios». En su primera encíclica, Benedicto XVI nos da una una enseñanza
muy precisa al respecto, referida a una expresión equivalente: «por amor a
Jesucristo». Leemos en «Deus caritas est»: Consiste justamente
en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni
siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo
con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a
implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya
sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo: su
amigo es mi amigo. Más allá de la apariencia exterior del otro descubro su
anhelo interior de un gesto de amor, de atención, que no le hago llegar
solamente a través de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal
vez por exigencias políticas. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro
mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que
él necesita. En esto se manifiesta la imprescindible interacción entre amor a
Dios y amor al prójimo, de la que habla con tanta insistencia la Primera carta
de Juan. (nº 18).
Si hemos
puesto una imagen de la Madre Teresa de Calcuta en nuestra portada, es poque
ella, como «alma» para su inmenso trabajo de ayuda a los más necesitados, vivió
y transmitió a sus hijas la necesidad de la oración, de «encontrarse con el
Esposo». Esta «alma» es la que procurará fomentar el «Gran retiro» de
Guadalajara, puesto que la verdadera acción caritativa cristiana sólo puede
hacerse con ese «encuentro íntimo con
Dios» al que se refiere Benedicto
XVI.
Los
Ejercicios espirituales de San Ignacio son también, por experiencia de siglos,
un momento fuerte para dar una nueva visión a la realidad, para «dar alma a la
vida». En ellos, desde el principio hasta el fin, el ejercitante pide al Señor
que todo en su vida sea «por amor de Dios». Cuantos los hemos practicado
recordaremos muy a menudo la «petición» que hicimos en todas las mediaciones: «que
todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en
servicio y alabanza de su divina majestad».
Hagamos
con frecuencia esta petición, que resume el fruto del «Principio y Fundamento
de los Ejercicios, ya que tiende, de suyo, a que ese «encuentro íntimo con
Dios», en que se funda la nueva forma de amar al prójimo, según el texto
citado de la encíclica papal, se convierta en «comunión de voluntad» y que
incluso llegue a implicar el sentimiento».
1El Consejo Pontificio tiene intención de hacer más adelante convocatorias en otros continentes