Examen de conciencia

 

 

 

Querido hermano en Cristo:

«Eres joven y eres rico, ¿qué más quieres, Federico?», dice un versito. En tu correo se ve una búsqueda profunda, como la del joven rico (Mc 10, 17-22), y es por eso, que sigo escribiéndote para ayudarte en tu progreso espiri­tual. Esta vez quiero manifestarte algo sobre el examen de conciencia espiri­tual, tan relacionado con el discernimiento, y por lo tanto tan útil para tu botiquín.

Posible esquema

Ya a esta altura de nuestro intercambio epistolar, de tu conocimiento experimental de las reglas de discernimiento de espíritus y de tu caminar espi­ritual, te propongo que en tu cuaderno espiritual hagas un esquema como el que te pongo a continuación, para anotar cada día los acontecimientos nota­bles en tu oración, trabajo, vida familiar... con el sentimiento que lo acompa­ña (consolación, desolación, aburrimiento, paz, tristeza...) y el pensamiento que puede brotar. Si se trata de una desolación intenta descubrir su causa, como te expliqué en uno de los e-mail anteriores y escríbela:

     Día              Acontecimientos       Sentimientos              Pensamientos     Causas

¿Para qué?

Si cada día escribes algo, la /s vivencia/s que te parece/n dominante/s, en forma de notas breves, pero claras y sin cuidarte del estilo, además no excluyendo nada por vergüenza, podrás ir viendo, al releer una vez por semana para tener una vista de conjunto, por una parte por dónde te invita el Señor a seguirlo, qué dirección de crecimiento te sugiere, y por otra por dónde eres tentado. En el caso de la desolación, verás que también las causas se repiten y podrás, con la ayuda del acompañante espiritual, buscar el remedio adecuado; quizás trabajarlo en el examen particular del que te hablé en el  correo anterior.

¿Por qué?

¿Por qué esto? Porque la Palabra de Dios nos invita a examinar la conciencia y no sólo desde los mandamientos en vista al sacramento de la reconciliación, sino también desde un nivel más profundo, en relación con su  voluntad concreta. Nos dice a proposito el apóstol san Juan en su primera carta 4, 1: «Queridos míos, no creáis a cualquiera que se considere ins­pirado: poned a prueba su inspiración, para ver si procede de Dios,  porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas».

Un tipo de oración

Es un tipo de oración, es decir, de encuentro con el Señor, que te ayuda a «buscar y hallar a Dios en todas las cosas», según la expresión de san Ignacio; es la oración del contemplativo en la acción, del apóstol, del que busca leer la globalidad de la vida a la luz de Dios. Consiste en usar la memoria para recordar lo que Él hizo en ti y lo que tú has hecho durante el día que te regaló. Examinas esa parcela de tu historia de salvación inmediata para sorprender al Señor trabajando. Favorece tu discernimiento y la oración con- tinuos.

Importante

San Ignacio te ayuda en lo que ha sido llamado su cuarto de hora más importante, al proponernos en el librito de los Ejercicios unas pautas, que me atrevo a ampliar:

Dar gracias

  Agradecer a Dios nuestro Señor los bienes recibidos.

Debes «evocar»: «Como los ojos de los servidores están fijos en las ma­nos de su señor» (Sal 123, 2), los dones recibidos gustando lo que gratifica e «invocar» a Dios, expresándole una acción de gracias, consciente de su obra en ti, en tu familia, en tu comunidad eclesial, en tu ambiente de trabajo... Captar los signos de su presencia, descubrirlos con sorpresa,   contemplarlos y alabar al Padre, por lo que ha hecho por ti; es el autor. Sólo el que se considera pobre puede apreciarlo y agradecerlo.

Pedir gracia

  Pedir a Dios la gracia para reconocer la obra del enemigo y mi mala respuesta. Para esto necesitas pedir una mirada de fe. Pedir su Espíritu para ver.

Examinar llamadas y respuestas

3° Examinar el día o parte del día con sus acontecimientos y  encuentros.

Algunas preguntas te ayudarán a descubrir las llamadas interiores y exteriores que te hizo durante el día: ¿Qué me regaló hoy, Dios?, ¿en qué me manifestó que me ama?  ¿Cómo me llamó?: por una persona, un acontecimiento, un buen libro, la naturaleza, por lo bueno que me dijeron o me hicieron en la oración... ¿qué sentimiento espiritual produjo? ¿qué pensé? ¿qué quería el Señor?, ¿qué me pedía?, ¿a qué me llevaba?.

¿Cómo respondí?, ¿con mala disposición? ¿Cuál fue la obra del enemigo?, ¿cómo he cedido?, ¿cuál fue la causa?  Me detengo en lo más notable.

Pedir perdón

4° Pedir perdón a Dios nuestro Señor de las faltas cometidas.

Dolor del corazón por negarte a amar, por tu infidelidad al plan de Dios... así el Padre puede ser el Padre misericordioso, Jesús el Redentor y te podrá dar su Espíritu consolador. Pide ser purificado de las reacciones «disonantes» con la voluntad de Dios.

Proponer enmienda

5° Proponer enmendarse con su gracia.

Mirar al día siguiente o a la parte del día que te queda con una resolu­ción cargada de esperanza, con corazón entusiasmado y pidiendo con un Pa­dre nuestro la fuerza de lo alto para responder con más fe, humildad y coraje; un aumento de gracia para poder tener reacciones «consonantes» con el divino querer.

 Anotar

Del primer y tercer punto sacarás lo que anotarás en el esquema que te propuse más arriba. Te habrá ayudado a percibir la presencia y acción de Dios en tu vida y más de una vez a quedarte con la boca abierta ya que: «Dios estaba ahí, y yo no lo sabía» (Gn 28, 19).

¡Ánimo!

No te extrañes, Fede, que al principio te resulte un poco mecánico. Es inevitable, porque todavía estás en la fase del aprendizaje. Para Ignacio, ya maduro en su fe, esto era instantáneo y espontáneo.

Cariños a tu esposa y a tus hijos,

P. Hugo