GOTAS
Le entregaron el
libro del profeta Isaías...Todos tenían los ojos clavados en él. Y comenzó a
decirles: (...) Hoy, en presencia vuestra, se ha cumplido este pasaje de
Así de simple:
las palabras
pronunciadas por el profeta Isaías
550 años atrás, se cumplen, se actualizan
hoy, aquí,
cuando Jesús las
proclama en la sinagoga de Nazaret.
Así de simple
también:
las palabras de
se cumplen y
actualizan hoy y aquí, cuando se proclaman
y escuchan en
nuestras celebraciones,
y en nuestra lectura
personal y oracional.
¿Caemos en la
cuenta? ¡Inténtalo! Es decisivo.
Como Dios mismo, su
Palabra es contemporánea de todos los tiempos,
de todos los lugares
y de todos los hombres. No es una Palabra «en conserva».
Como Dios mismo, su
Palabra es viva y actual,
se pronuncia para mí
o para una concreta comunidad,
cuando la estoy
escuchando. No es una palabra muerta, o quizá vieja.
¿Caemos en la
cuenta? ¡Con la gracia, inténtalo! Es decisivo.
Cuando proclamo esa
Palabra y la escucho,
-o la medito y la convierto en oración-,
el Espíritu Santo la
reaviva para la renovación del corazón y la vida,
para santificación y
salvación de quien la escucha con humilde fe.
En los libros sagrados
-Dei Verbum, n. 21- el Padre que está en el cielo
sale amorosamente al
encuentro de sus hijos y conversa con ellos.
Los dos verbos,
salir y conversar están en presente:
sale, ahora mismo;
conversa ahora mismo. En este instante.
¿Caemos en la cuenta?
Dios lo desea. ¡Inténtalo, por favor!
La deficiencia está
en que nuestra relación con
con el libro o la
frase, y no con el Autor. Ahí radica el fallo.
Es una Palabra viva
de Alguien que se hace presente a través de ella y quiere entablar
con nosotros una
relación de amor.
¿Caeremos ya en la
cuenta? Para hacerlo, no te falta la ayuda del Espíritu.
¡Ojalá
escucharais hoy su voz! (Salmo 95/94, 7).
P. Gregorio