Vivencia fiel y renovada del compromiso matrimonial
El 27 de diciembre se celebró una Santa Misa en Madrid, en la que participaron 40 obispos
españoles y varios Cardenales y obispos de otros países de Europa Ofrecemos
párrafos de la homilía del Card. Rouco y el mensaje
íntegro de Benedicto XVI.
Queridas familias cristianas de
España y de toda Europa: miraos a vosotras mismas como esposas y esposos,
padres e hijos, en el límpido espejo de ese prototipo de la nueva familia
querida y dispuesta por Dios en su plan de salvación del hombre, que es la
familia de Jesús, María y José. ¿Verdad que también vosotros podéis certificar
que, cuando todo ese edificio de íntimas relaciones personales entre vosotros y
con vuestros hijos se fundamenta en la vivencia fiel y siempre renovada de
vuestro compromiso contraído sacramentalmente en Cristo, ante Dios y ante la Iglesia, os es posible e
incluso sencillo y gratificante configurar vuestra familia como esa íntima
comunidad de vida y amor donde se va abriendo día a día, «cruz a cruz», el camino
de la verdadera felicidad? Entonces os sentís «como elegidos de Dios, santos
y amados, para revestiros «de la misericordia entrañable, bondad, humildad,
dulzura, comprensión». Sabéis pedir perdón y perdonáis. Sabéis sobrelle-varos y os santificáis
mutuamente. Colocáis por encima de todo «el amor» que «es el ceñidor de la
unidad consumada». ¿En quién y en dónde podrán encontrar los niños, que van a
nacer, los discapa-citados, los enfermos, los
rechazados... etc., el don de la vida y del amor incondicional sino en
vosotros, padres y madres de las familias cristianas? ¿Hay quien responda mejor
y más eficazmente a las situaciones dramáticas de los parados, de los ancianos,
de los angustiados por la soledad física y espiritual, de los rotos por las
decepciones y fracasos sentimentales, matrimoniales y familiares, que la vida
verdadera, la fundada en la Ley
de Dios y en el amor de Jesucristo?
En esta madrileña
Plaza de Lima, el día 2 de noviembre de 1982, el inolvidable Juan Pablo II, declarado Venerable el pasado día 19 de diciembre por
nuestro Santo Padre Benedicto XVI, celebraba una
Eucaristía memorable, convocada como «la Misa para las familias» y afirmaba:
«Existe una relación inquebrantable entre el amor conyugal y
la transmisión de la vida, en virtud de la cual, como enseñó Pablo VI, «todo acto conyugal debe permanecer abierto a la
transmisión de vida». (...). Pero hay otro aspecto aún más grave y fundamental,
que se refiere al amor conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto
absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o
pública, puede ignorar. Por ello, quien
negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana
ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del
orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el
mismo fundamento de la sociedad.» (...)
6. El panorama que
presenta la realidad de la familia en la Europa contemporánea no es precisamente
halagüeño. (...). Un panorama a primera vista oscuro y desolador. Sólo a
primera vista. En el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza
cristiana: ¡Aquí estáis vosotras, las queridas
familias cristianas de España y de toda Europa, para dar testimonio de esa
esperanza y corroborarla. Con el «sí» gozoso a vuestro matrimonio y a vuestra
familia, sentida y edificada cristianamente como representación viva del amor
de Dios -amor de oblación y entrega, ofrecido y fecundo también en «vuestra
carne»- y con vuestro «sí» al matrimonio y a la familia como «el santuario de
la vida» y fundamento de la sociedad, estáis abriendo de nuevo el surco para el
verdadero porvenir de la Europa
del presente y del futuro. Europa, sin vosotras, queridas familias cristianas,
se quedaría prácticamente sin hijos o, lo que es lo mismo, sin el futuro de la
vida. Sin vosotras, Europa se quedaría sin el futuro del amor, conocido y
ejercitado gratuitamente; se quedaría sin la riqueza de la experiencia del ser
amado por lo que se es y no por lo que se tiene. El futuro de Europa, su futuro
moral, espiritual e, incluso, biológico, pasa por la familia realizada en su
primordial y plena verdad. ¡El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas
familias cristianas!
Habéis recibido el
gran don de poder vivir vuestro matrimonio y vuestra familia cristianamente,
siguiendo el modelo de la
Familia de Nazaret, y, con el don, una grande y hermosa tarea : la de ser testigos fíeles y valientes, con obras y
palabras, del Evangelio de la vida y de la familia en una grave coyuntura
histórica de los pueblos de Europa, vinculados entre sí por la común herencia
de sus raíces cristianas. Unidas en la Comunión de la Iglesia, alentadas y fortalecidas por la Sagrada Familia de
Nazaret, por Jesús, María y José, la podréis llevar a un buen y feliz término.
¡Sí, con el gozo jubiloso de los que han descubierto y conocen que en Belén de
Judá, hace dos mil años, nos nació de María, la Virgen y Doncella de
Nazaret, el Mesías, el Señor, el Salvador, lo podréis! Amén.
Mensaje de
Benedicto XVI desde Roma:
Que se
respire en vuestros hogares
el amor de total entrega
que Jesús ha traido al mundo
Saludo cordialmente a
los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de
Nazaret. ¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios,
habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta
institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un
llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor. De
ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a
nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la
familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola
y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro
de la humanidad. En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a
vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los
pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose
todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser
miembros de la misma familia. Pido a Dios que en vuestros hogares se respire
siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su
nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la
práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto
mutuo. Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María
Santísima, Reina de las Familias, y en la poderosa protección de San José, su
esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto
en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que
llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más
necesitados o que se encuentran en dificultad. Os
bendigo a todos de corazón.