«Si quieres la paz, protege la creación»
Párrafos del Mensaje papal para
Invitaciones a cambiar
estilos de vida
Las situaciones de
crisis (...) son, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas
obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a
un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas
reglas y formas de compromiso,
apoyándose con confianza y valentía en las experiencias positivas que ya
se han realizado y rechazando con decisión las negativas. Sólo de este modo la
crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones».
Solidaridad con
los más pobres
El deterioro
ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de
altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes, que se transforman
lamentablemente en una seria amenaza para la creación. (...) Cuando se utilizan
los recursos naturales, hay que preocuparse de su salvaguardia, previendo
también sus costes -en términos ambientales y sociales-, que han de ser
considerados como un capítulo esencial del costo de la misma actividad
económica. Compete a la comunidad internacional y a los gobiernos nacionales
dar las indicaciones oportunas para contrarrestar de manera eficaz una
utilización del medio ambiente que lo perjudique. Para proteger el ambiente,
para tutelar los recursos y el clima, es preciso, por un lado, actuar
respetando unas normas bien definidas incluso desde el punto de vista jurídico
y económico y, por otro, tener en cuenta la solidaridad debida a quienes
habitan las regiones más pobres de la tierra y a las futuras generaciones».
Parece urgente
lograr una leal solidaridad intergeneracional. (...) El uso de los recursos
naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan
consecuencias negativas para los seres vivientes, humanos o no, del presente y
del futuro; que la tutela de la propiedad privada no entorpezca el destino
universal de los bienes; que la intervención del hombre no comprometa la
fecundidad de la tierra, para ahora y para el mañana».
(...) Se ha de
reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional, especialmente en las relaciones entre
países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados: (...) La
crisis ecológica muestra la urgencia de una solidaridad que se proyecte en el
espacio y el tiempo. En efecto, entre las causas de la crisis ecológica actual,
es importante reconocer la responsabilidad histórica de los países
industrializados. No obstante, tampoco los países menos industrializados,
particularmente aquellos emergentes, están eximidos de la propia
responsabilidad respecto a la creación, porque el deber de adoptar gradualmente
medidas y políticas ambientales eficaces incumbe a todos. Esto podría lograrse
más fácilmente si no hubiera tantos cálculos interesados en la asistencia y la
transferencia de conocimientos y tecnologías más limpias».
Cada uno de nosotros debemos sentirnos
implicados
Cada vez se ve con
mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los
comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de
consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde
el punto de vista social, ambiental e incluso económico. (...) Todos somos
responsables de la protección y el cuidado de la creación. Esta responsabilidad
no tiene fronteras. Según el «principio de subsidiaridad», es importante que
todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar
el predominio de los intereses particulares. Un papel de sensibilización y
formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad
civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y
determinación en favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada
vez más enraizada en el respeto de la «ecología humana».
Lo más importante es la persona misma
Por otro lado, una
correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a
absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona
misma. El Magisterio de
«Si quieres
promover la paz, protege la creación». La búsqueda de la paz por parte de todos
los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento
común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y
toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por
la divina Revelación y siguiendo