VA POR TI, FAMILIA

 

En clave humana el matrimonio del hombre y la mujer y su consiguiente familia son de una belleza y riqueza que reclaman al Creador como su verdadero autor. Belleza y riqueza por la relación de amor que hace de dos seres humanos, hombre y mujer, una unidad indisoluble, no para rebajar a alguno de ellos, sino para elevar a los dos a la alta dignidad de un nosotros, que es más y más rico por la fecundidad co-creadora, (La generación es la continuación de la creación, Pío XII) y por todo lo que conlleva esa vida nueva de los dos, en lo matrimonial y en lo familiar. ¡Alégrate, familia! Por ti brindamos y oramos.

Desde la fe cristiana el matrimonio sacramento es una alianza de personas en el amor: un pacto de comunión que sólo ellos pueden realizar como personas libres que son. Además, en cuanto personas libres son capaces, ella y él, de un compromiso definitivo en el que cada uno pone lo mejor de sí para amar y alcanzar una cuota mayor de plenitud y libertad por la entrega amorosa reiteradamente estrenada. Este amor puede ser profundizado y custodiado, y por tanto, bellamente vivido, solamente por el Amor, el Amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Romanos 5,5).

Este Amor se actualizó por el sacramento del matrimonio en la pareja humana. Este Amor es el que la dignifica y eleva el nosotros relacional e íntimo del acto conyugal y lo hace sacro. Este Amor, el que les hace dar siempre un paso de valor incalculable, el de la generación, que al mismo tiempo les otorga la paternidad y la maternidad, coronación de su amor recíproco: así se enriquecen, enriqueciendo a la sociedad y a la Iglesia. Este Amor es el que no muere nunca y por eso sabe rehacerse y revitalizarse con frescura y generosidad. Este Amor tiene una fecundidad que no sólo abarca lo biológico, sino también los psicológico y lo espiritual. Este Amor, en la pareja y en la familia, es el que cura heridas, dulcifica sinsabores, da fuerza en la debilidad, restaura lo agrietado o lo que se ha podido romper. Este Amor es un crisol que purifica de toda ganga al matrimonio y a la familia. Este Amor es el que garantiza y da seguridad, bienestar y sano ambiente de afecto y cariño. Este Amor es la sabiduría que sabe educar, la moral que enseña a vivir, la relación que hace amistad, el sacrificio que enseña el servicio y la entrega a los demás, y el que pone a cada uno en su lugar. Este Amor es el que sabe llevar la Cruz, parte integrante de una vida buena, generosa, humana y cristiana. Este Amor es el que enseña a nacer, a vivir y a morir, a rezar, a llorar y a reír. Este Amor es el que hace nuevas todas las cosas; el que es digno de fe; el que santifica y salva. Este Amor es el que impulsa a amar a Dios y a los demás. Sólo este Amor. ¡Y eso eres tú, matrimonio y familia! ¡Alégrate y no temas! Por ti brindamos, te apoyamos, te defendemos y oramos.

Desde estas claves, el matrimonio y la familia cristiana están llamados a vivificar la Iglesia y la entera sociedad. Son irreemplazables. ¿Seremos capaces de perder esta perla? Sin ella, casi nada tendría valor: los hombres y mujeres no se entenderían; la vida sería muy gris y desgraciada; el futuro no estaría asegurado; el hombre y la mujer, degenerados; la sociedad no tendría un futuro altamente humano; la Iglesia... ¡qué sería la Iglesia! La humanidad... ¿sería un zoológico en la selva? ¡Bendita familia! ¡Sé tú misma: Comunidad de vida y amor! ¡Noble cuna de hombres, mujeres y pueblos generosos y santos!