BEATA MARIA DEL SAGRARIO Y DE SAN LUIS GONZAGA
DE
LA FARMACIA AL MARTIRIO
“Un cristiano salga o no salga el
sol, debería estar siempre feliz y
contento porque tiene el Sol de la Vida brillando en su existencia”
Beatificada en Roma por Juan Pablo II
en Mayo de 1998, Elvira Moragas (de religiosa, María del Sagrario),
nace el 8 de Enero de 1881 en Lillo, un pueblo de la provincia de Toledo.
Recibe el bautismo el 17 del mismo mes.
Hija y nieta de farmacéuticos. Ricardo,
su padre, regenta el establecimiento en esa localidad hasta el momento que
llega a ser proveedor de la Casa Real en 1885. Por ese motivo, toda la familia
traslada la farmacia y el domicilio habitual a Madrid, en el actual nº 97 de la
calle Bravo Murillo.
Su formación académica es rica.
Dotada de viva inteligencia para los estudios, cursa Bachillerato. Siendo
fervorosa en las primeras etapas de su formación, “la fe y la piedad sufren
en mí una importante merma al iniciar los estudios universitarios. En el
colegio acudía regularmente a los actos religiosos, pero mi verdadera inquietud
estaba en el estudio, en el reto que me ofrecía el ingreso en la Universidad,
que estaba toda en posesión de los varones”. “Mi abuelo Severiano y mi padre
cursaron Farmacia y yo deseaba fervientemente no romper esa tradición, máxime
cuando además mi padre llegó a ser farmacéutico de la Casa Real”.
Después de aprobar el curso
preparatorio que comprendía matemáticas, física, química, mineralogía, botánica
y zoología, es admitida el 25 de Mayo de 1900, con 19 años, en la ya hoy
inexistente Universidad de la calle de San Bernardo de Madrid. “Siguiendo
una extraña y dura medida discriminatoria que se aplicaba hacia las escasas
alumnas universitarias, para podernos matricular las mujeres curso tras curso,
los respectivos catedráticos debían acreditar por escrito ante el Rectorado que
la presencia de cualquiera de nosotras en el aula no había alterado para nada
el orden y la buena marcha de las clases”. ”En mi curso era la única chica
entre unos 85 muchachos. Me veía muy rara entre tantos hombres, que al
principio me observaban como un bicho raro. A clase me acompañaba con
frecuencia mi padre o mi hermano; pero a partir del segundo curso comencé a ser
muy apreciada por los catedráticos y respetada en grado sumo por mis
condiscípulos, que en más de una ocasión me gastaron bromas”.
Finalizada la Carrera, establece su
farmacia en el nº 11 de la calle San Bernardino de la Capital de España. “Casualmente
uno de mis clientes fue el párroco de San Marcos, el padre Ballesteros,
quien en su celo de evangelización, hizo
renacer en mí aquella espiritualidad que la Universidad me hizo perder”. “De
forma también casual me topé un día con el padre José María Rubio, que el Señor
utilizó para alcanzar en mí de forma decisiva un completo discernimiento
espiritual. Fue con este sacerdote con el que llegué a ver clara mi auténtica
vocación que no estaba en la venta de frascos de medicinas, sino en una entrega
total de mi vida al Rey de Reyes”.”Mi espiritualidad estaba escondida en el
fondo de mi ser, y el Señor la afloró y la potenció.
Ahora veía claro el sentido de mi vida. La farmacia podría seguir siendo
regentada por empleados, y yo podría volar mucho más alto en beneficio de las
almas a través del sacrificio, el recogimiento, la caridad y la oración”.
Sorteando el pasado tiempo de
frialdad y liberada del acoso de varios pretendientes, ingresa en el convento
de las Carmelitas Descalzas de Santa Ana y San José en la actual calle Conde de
Peñalver de Madrid, el 21 de Junio de 1915, cumplidos los 34 años. Desde el
monasterio sigue regentando oficialmente la farmacia hasta que su hermano se
hace con el título. Cambia su nombre por el de María del Sagrario de San Luis
Gonzaga. Toma el hábito el 21 de Diciembre de ese año, y profesa solemnemente
el 16 de Enero de 1920.
Llega a ser Maestra de Novicias y
Abadesa. “Abandono todo para vivir únicamente para Dios en Cristo Jesús. De
El he aprendido por fin a servir y a sacrificarme en beneficio de todos mis
hermanos”. “Ante su Nombre el mismo infierno se detiene. No hay otro
Nombre en el que podemos ser salvos. El nos amó primero. Cómo no amar a este
Dios que dio todo por nosotros, que dio su propia vida, que se humilló hasta
ese extremo”. “Hermanas carmelitas que se creen buenas: nuestra bondad es aún
como inmundicia en comparación con la bondad y la hermosura de Jesús. El vino a
darnos su gozo, su paz, su bendición; nunca se cansará de tener su Mano extendida.
El está aquí. Cuando os sintáis solas, El susurrará a vuestro oído: Estoy aquí,
estoy contigo, no temas, sigue adelante, rema mar adentro sin miedo. El es el
Buen Pastor y nada nos faltará. Démosle toda nuestra mente, todas nuestras
preocupaciones, descansemos en El en paz completa y tengamos con El constante,
permanente comunicación. El es el Buen Pastor. El nos acogerá en el momento que
nuestra vida pase de este mundo a la gloria que nos tiene reservada. No
tengamos miedo”.
La espiritualidad de la madre María
del Sagrario se acrecienta día tras día. Se encuentra feliz en su profunda vida
de oración y contemplación. La comunidad la admira por su fidelidad a lo
pequeño, a lo cotidiano, la respetan y la quieren por su inteligencia, por su
prudencia para solucionar conflictos en la convivencia interna del monasterio.
Pero desgraciadamente, España entra
en conflicto social. El año 1936 hace de Madrid y de España entera un caos de
enfrentamiento. Se desatan violencias, rencores, odios. Y el convento no se
libra de ello. Es asaltado por la chusma. Las religiosas son hechas prisioneras
y llevadas a la Dirección General de Seguridad. “Mientras íbamos en el
camión fuimos cantando el Tedeum, el Magnificat, la Salve… Posteriormente los
guardias nos trasladaron en coches a diversos refugios. Me alojaron en el
domicilio de la Hermana Teresa, en la calle santa Catalina nº 3, cerca de la
Carrera de San Jerónimo. Aquí estoy recluida, pero sin miedo, y desde aquí dejo
escritas estas líneas mientras me entrego a la oración permanente, al
recogimiento, a la petición continua al Señor
para que se apiade y perdone a todos aquellos que basan la vida en la
violencia y en la muerte”.”Todo está muy mal, muy mal, pero creo que el Señor
nos pide todos estos sacrificios y todos estos sufrimientos para remedio de
tantos males”.
El 14 de Agosto entran en la casa un
grupo de milicianos armados. Piden identificación y María del Sagrario se
declara religiosa carmelita. Inmediatamente es empujada fuera y trasladada a la checa de la calle Marqués del Riscal.
Allí se encuentra con otras tres monjas de su convento. María del Sagrario
sufre tortura “para ejercer presión a la que se declara abadesa de confesión
de declaración de la ocultación de los tesoros y los haberes de su monasterio”,
según consta en el acta de interrogatorio. “Se le pone delante de la mesa un
papel en blanco que se niega a rellenar, no haciendo declaración alguna al
respecto, entrando en silencio. Solo pronuncia frases cortas acerca de su
Dios”.
Después de haber firmado su propia
pena de muerte con esa actitud, desaparece María del Sagrario de la sala
principal de la checa. Es llevada a la pradera de San Isidro y fusilada en la
madrugada del 14 al 15 de Agosto de 1936, festividad de la Asunción de María.
Tiene 55 años. No hay documento escrito de su ejecución, pero sí existe una
impresionante fotografía de su cadáver.
El proceso de canonización está en
fase avanzada en Roma. Sus restos mortales descansan en la Iglesia de las
Carmelitas en la calle General Aranaz, 58 de Madrid
José Ramón González