ENCUENTRO DE LAS FAMILIAS

EN LA PLAZA DE COLÓN

 

Saludo del Papa

 

 

Saludo a los participantes en el Encuentro de las Familias que se está llevando a cabo en este domingo en Madrid, así como a los Señores Cardenales, Obispos y sacerdotes que los acompañan. Al contemplar el misterio del Hijo de Dios que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José, invito a las familias cristianas a experimentar la presencia amorosa del Señor en sus vidas.

Asimismo, les aliento a que, inspirándose en el amor de Cristo por los hombres, den testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia. Ésta, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural. Por eso, los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos, en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana. Vale la pena trabajar por la famiia y el matrimonio, porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios.

Me dirijo de modo especial a los niños, para que quieran y recen por sus padres y hermanos; a los jóvenes, para que estimulados por el amor de sus padres, sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa; a los ancianos y enfermos, para que encuentren la ayuda y comprensión necesarias. Y vosotros, queridos esposos, contad siempre con la gracia de Dios, para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel.  En las manos de María, “que con su sí abrió la puerta de nuestro mundo a Dios” (Enc. Spe Salvi, 49), pongo los frutos de esta celebración.  Muchas gracias y Felices Fiestas.

 

Benedicto XVI

 

Testimonios

 

 

 

 

Chiara Lubich, Fundadora de la Obra de María (Focolari)

 

Llenad de significado la vivencia familiar

 

(...) Un gran designio sostiene la familia y la pone tras las huellas de la Santa Familia de Nazaret. La familia, lugar de un amor que va y vuelve, de comunión, de fecundidad y ternura, es signo, símbolo y tipo de cualquier otra forma de humanidad asociada.

No es retórico afirmar que la familia es el primer bien social. En la gratuidad cotidiana que da sentido y valor a sus funciones de generación y educación, la familia introduce en el tejido social ese bien insustituible que es el capital  humano poniéndose de esa manera como recurso eficaz de la humanidad. 

 (....)  Pero si es grande su designio, igualmente grande tiene que ser el compromiso para llevarlo a cabo. Hoy, más que nunca, vemos que la familia manifiesta al mundo su fragilidad. Vemos esposos que, ante las primeras dificultades de la vida en pareja, dejan de creer en el amor que se tenían.

Vemos hijos que, privados de la cercanía de unos padres unidos, encuentran dificultad para alzar el vuelo hacia un futuro comprometido. Vemos ancianos que, alejados del núcleo familiar, han perdido su ciudadanía y su identidad.

(...)  Hoy más que nunca la familia tiene que ser amada, protegida y sostenida. Es necesario, no dejar de acudir nunca, al designio originario de la familia, que la ve unida con un ‘para siempre’ que la consolida y la realiza. Es necesario llenar de significado la vivencia familiar con una espiritualidad de comunión, inherente a la familia, pequeña comunidad de amor. Son necesarias corrientes de opinión fundadas sobre los valores, y políticas familiares adecuadas.

Este es el ardiente deseo que pongo en las manos de María Santísima, sede de la sabiduría y ama de casa, para el bien de la familia hoy y para la realización de toda la familia humana.

Mensaje escrito, leído por una focolarina

 

 

Kilo Argüello, Fundador del Camino neocatecumenal:

 

Podemos amar, gracias al amor de Dios

 

Vosotros sois el testimonio que no es verdad que todos se separan. Gobiernos laicos y ateos nos quieren hacer creer que esta nave que es nuestra sociedad, que es nuestra vida, no va a ninguna parte. Como si fuéramos un enorme transatlántico en medio de un mar obscuro que no va a ningún sitio. Digámoslo: no es verdad, nuestra nave, nuestra sociedad, nuestra vida va al Cielo. Vamos a la Jerusalén celeste. Nosotros lo sabemos porque Cristo nos llamó y nos ha dado de su victoria sobre la muerte, la vida eterna que nos permite amarnos más allá de la muerte. Por eso no nos separamos. El está en medio de nosotros. Podemos amar el enemigo... gracias al amor de Dios en nosotros (...) Solo la familia cristiana da a los hijos una identidad: son fruto del amor de sus padres que por ser cristianos lo han tenido como un don de Dios.La familia les da una moral y una fe y sobre todo los padres dan a los hijos un destino glorioso: la vida eterna. Digámoslo al mundo, hemos que dar testimonio de nuestra fe: Cristo ha muerto por todos, Cristo ha resucitado. Para todos se abre ahora el cielo: cantemos a Cristo: Resucitò.

 

 

Francisco Ayuga, de la Acción Católica:

 

Formación para todos y colaboración en las parroquias

 

(...)  ¡Queridas familias! Demos importancia a la formación, basada especialmente en el Magisterio de la Iglesia que nos da certezas. No podemos dialogar con nuestros vecinos o nuestros compañeros de trabajo si no tenemos una buena formación cristiana. La formación es para toda la vida, para todos los miembros de la familia, sean niños, jóvenes, adultos o ancianos. Colaboremos en las parroquias en tantas necesidades que se presentan: educación cristiana y evangelización, atención a los pobres, a los enfermos y abandonados. Estemos abiertos a todas las necesidades del mundo.

¡Alegrémonos! Estemos siempre alegres por que el Señor nos ha bendecido con nuestra familia, con nuestra fe. Transmitamos esta alegría y felicidad en nuestra casa y en cualquier lugar que estemos.

 

 

Andrea Ricardo Comunidad de San Egido:

 

La familia, espacio de la gratuidad

 

La pobreza se vuelve insoportable en la soledad. Y el bienestar se vuelve amargo en la soledad. Pero, ¿es este nuestro destino?

El destino que llevamos dentro es bien distinto: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2, 18) -dijo Dios mirando al hombre que no encontraba compañía entre las cosas y los animales. Allí comenzó la aventura de la familia, compañera de toda la historia humana. En esta aventura humana se sitúa el Señor, Jesús de Nazaret, que nació en una familia galilea e hizo de la familia una célula vital del nuevo pueblo de Dios. El Eterno no prescinde de la pequeña familia. Para Jesús la familia ha sido la cuna -o mejor dicho, el pesebre- de la vida y del amor. Esta es la familia cristiana. 

(...) En un mundo donde se tiene la ilusión de elegir, donde todo se compra y se vende, donde todo es precario y está sujeto a las leyes de la competencia, la familia es el espacio de la gratuidad: algo escandalosamente gratuito, pero no precario sino bien sólido porque está fundado sobre la fidelidad del amor. El mundo necesita más familia porque necesita gratuidad.... El mundo -dice Benedicto XVI- debe acoger la idea de la familia en el léxico de la vida nacional e internacional, para descubrir una verdad decisiva: que la humanidad es una gran familia de pueblos. No estamos aquí para defendemos a nosotros mismos o un interés de la Iglesia, sino que estamos aquí por un bien de todos. Por esto estoy contento de estar en Madrid para decir que en España, en Europa y en el mundo, se necesita más familia porque se necesita más gratuidad, más vida y más amor.

 

 

Lucrecia y Manolo, familia numerosa:

 

El apoyo mutuo de los esposos, y ambos en Dios

es la verdadera ayuda

 

Somos “Los Blasco”, como cariñosamente nos llaman nuestros amigos. Llevamos casados 27 años y tenemos 7 hijos entre los 26 y los 14 años. Seis de ellos nos acompañan ahora, en este testimonio y el séptimo está en el cielo: murió como resultado de la explosión de una bomba, en un atentado terrorista en Irlanda del Norte en 1998. Tenía 12 años.  (...)

Sólo alguien que ha pasado por un acontecimiento semejante sabe lo que se siente: se te cae el mundo encima, nada te puede aliviar el dolor. Sin embargo, sí hay algo que te ayuda: la unión de la familia en esos duros momentos; el apoyo de la mujer en el marido, del marido en la mujer y de ambos en Dios, proporciona una nueva perspectiva a ese sufrimiento.

La Fe da sentido al dolor y te ayuda a perdonar a esas personas que sólo saben odiar: los terroristas.

Ser transmisores de la fe es una misión que todas las familias cristianas tenemos.

A lo largo de todos estos años de matrimonio, hemos pasado todo tipo de avatares: unos buenos y otros no tan buenos, pero el balance es siempre positivo: hoy somos muy felices. Tenemos en acogimiento nuestra sexta hija y ya es un miembro más de nuestra casa; es un privilegio poder dar una familia a alguien que la necesita para crecer. Seis hijos, muy seguidos, dan mucho trabajo: su educación exige un gran esfuerzo y nunca termina, pero os aseguro que merece la pena. Es una labor preciosa, que cuando van pasando los años, tiene su recompensa.

 

 

Joaquín ex-drogadicto:

 

Mi familia ha sido un constante regalo para mí

 

Hace casi 4 años mi vida era muy diferente. Yo no creía en Dios, estaba consumiendo cocaína, saliendo todas las noches hasta las tantas y destrozándome como persona. Pero, María, la Madre del Señor, entró en mi vida. Yo no la buscaba y Ella no paraba de buscarme.

Ahora he cambiado mucho, siento que mi vocación, para lo que Dios me llama, es a irme a Burundi a construir el “Centro Reina de la Paz”. Os aseguro que no es fácil, dejo muchas cosas atrás, mi familia, que siempre me ha dado ánimos aunque no me entendiera, muchos amigos, ... Pero después de haber estado dos meses en Burundi mi corazón se quedo allí. Ahí es donde encuentro la Paz, la llamada de Dios. Durante todo este tiempo de conversión y discernimiento, el apoyo, la compañía y el cariño de mi familia ha sido un constante regalo.