No soy mía, soy tuya:

           haz con lo tuyo lo que quieras.

 

En nuestro número de Noviembre 2007, publicamos una breve nota necrológica del fallecimiento de Iciar Ganuza Canals, hermana de Isabel Ganuza, casada con Lluis Guinart., ambos ejercitantes de la OCP. Dada la ejemplar vida y muerte de esta joven, ampliamos datos, tomados de la página web de «Jóvenes y Familias por el Reino de Cristo» (www.jrcfrc.org).

 Iciar nace el 18 de Enero de 1983, en el seno de una familia cristiana,  familia adherida al grupo «Schola Cordis Iesu», deseosa de trasmitir a los hijos el tesoro recibido del Padre Orlandis, a través de D. Francisco Canals, abuelo materno de Iciar.

Los que la habéis conocido sabéis que Iciar era una chica muy normal, simpática, buena, alegre, bromista, inteligente, seria en sus estudios de historia y con una gran fe recibida de la familia que poco a poco iba creciendo en ella.  Pero a la vez no estaba exenta de las tentaciones y vanidades de este mundo nuestro, con defectos y miserias. Ella misma ha sido siempre consciente de su debilidad. Decía: “no soy una santa, he hecho tonterías en mi vida”.

Iciar, ya con 19 años empezó a sentir un deseo mayor de que los que le rodeaban conociesen y amasen más al Señor,  y le pedía al Señor por ellos, y se ofrecía. Con esta preocupación de la salvación de los que Dios le había dado, fue en agosto de 2005 a la peregrinación a Colonia, al encuentro con el Papa. Al regresar, la peregrinación pasó por Lisieux, lugar donde vivió y murió Santa Teresita. Iciar muy vinculada a esta santa, a su doctrina y a su vida (providencialmente muere en la octava de Santa Teresita, habiendo vivido como ella 24 años), entra en la basílica y se ofrece a Dios rezando el acto de ofrenda al Amor Misericordioso que hizo esta Santa en 1895:

“Para vivir en un acto de perfecto amor, me ofrezco como víctima de holocausto a vuestro Amor Misericordioso, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en Vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!”.

Tras esto recibió una consolación muy fuerte que dio sentido sobrenatural a toda su ofrenda.

Cuando en  Mayo de 2006 le diagnosticaron el cáncer, dijo: “Antes de esto no tenía paz y ahora tengo una paz y una alegría interior inmensa porque estoy segura de que estoy haciendo lo que Dios quiere”. Dios le pedía desprenderse de su novio y de su familia, pero no entrando en la vida religiosa, sino de otra manera. Cuando entendió la voluntad de Dios, la aceptó con la fuerza que venía del mismo Dios.

Poco después, el 25 de junio, escribió una carta al Santo Padre Benedicto XVI: 

“Santo Padre. Me llamo Iciar, soy una joven española de 23 años ... Pertenezco a una familia numerosa, soy la sexta de doce hermanos. Mi familia es el mejor regalo que me ha dado Dios porque en ella me han transmitido la fe, el amor a María, al Sagrado Corazón y a la Iglesia.   Pertenezco al grupo Schola Cordis Iesu, del Apostolado de la Oración. … Santo Padre, …Yo cada día en el Ofrecimiento diario del Apostolado de la Oración y en el Rosario pido por Ud. y por la Iglesia.  Muchísimas gracias, afectuosamente, Iciar Ganuza Canals”.

El 5 de Agosto del 2006, ya con la metástasis en los pulmones, decía en la Catedral de Pamplona, ante cientos de jóvenes participantes al Encuentro Nacional, en el V centenario del nacimiento de San Francisco Javier: “Hemos de darnos cuenta que tenemos mucha suerte de tener fe, pues ésta nos hace tener la esperanza en el cielo, entender que estamos aquí de paso y que tenemos que vivir mirando al cielo y eso te ayuda a llevar la enfermedad [como cualquier cruz que toca sufrir]. Doy gracias a Dios que me ha dado la fe y a mi familia que me la ha trasmitido (…)

El sentido de esto: Como Jesús nos salvó por medio de la Cruz así nosotros podemos ofrecer los sufrimientos, yo los ofrezco por un montón de cosas, la gente me dice reza por tal, o por cual, y yo los ofrezco por eso y Dios te escucha, es muy grande que Dios, que lo puede todo, se valga de nosotros que somos tan poca cosa, tan inútiles, para ofrecer cualquier cosa: las amas de casa, su trabajo; los estudiantes, el suyo; yo que estoy enferma, lo mío…”(aquí se emocionó)  “y de verdad se ve que da resultado. Dios coge esas cosas y hace pequeños milagros. Gente por la que yo rezo, amigos ateos de la universidad que han ido a poner una vela a la Virgen, o gente que no sabía rezar y que está rezando, hay tantas cosas por las que rezar: Por la paz, por los pecadores, por la Iglesia, por los sacerdotes, … y saber que con el día a día a Dios ya le vale, tenemos mucha suerte”...

Estando ya avanzada la enfermedad, decía: “Dicen que Dios te lleva en brazos en los momentos difíciles, pero a mí me parece que me lleva en coche y contándome chistes de lo feliz que soy,… Vaya tontería te acabo de decir, ya me perdonarás pero es que ya no son horas...” (Correo electrónico del día 16 de junio 2007 a las 12:56 de la noche, no podía dormir).

Iciar tenía tan asumido el sentido del sufrimiento, que hasta bromeaba sobre ello. Le decía a su hermano seminarista riéndose: “Vamos a hacer prácticas… Yo soy una chica que me estoy muriendo de cáncer y te pregunto: ¿cómo puede ser que Dios sea bueno y me quiera si me trata así?... A ver, contesta”. Antonio, su hermano seminarista, le decía: “Vamos Iciar, no juegues con eso…”. Ella riéndose respondía: “Tienes que estudiar más… Je, je, je”. Ella tenía resuelto este tema uniéndose a Cristo en la Cruz.

La semana antes de morir a la pregunta de si se acordaba de lo que ocurrió en Lisieux respondió: “Sí, perfectamente, el Señor me hizo arder por dentro, con un fuego muy intenso, dándome mucha paz. Recuerdo que cuando lo sentí pensé que Dios me iba a pedir algo muy grande, me dio mucha alegría y le dije que sí. Después me dio miedo y le pedí que me diera tiempo.  Ya me ha dado tiempo, dos años …. No me arrepiento de haberme ofrecido”.

Iciar muere santamente el día 4 de Octubre de 2007, después de luchar durante año y medio con un cáncer.

Iciar es fruto de la Gracia Misericordiosa del Corazón de Cristo y nos habla de que haciéndonos pequeños, humildes y confiando en Dios, todos podemos llegar a la Santidad, al Amor pleno de Caridad.

Ojalá que hoy todos pasemos a ser, ante Dios, una de esas “almas pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de Dios” que conscientes de nuestra “pobreza” y  con “una esperanza ciega en Su Misericordia” le digamos llenos de Amor al Señor como tantas veces le decía Iciar : “no soy mía, soy tuya y haz con lo tuyo lo que quieras”.

 

Santiago Arellano Librada, hnssc