GOTAS

 

El Evangelio no es un discurso meramente informativo,

sino operativo;

no es simple comunicación,

sino acción, fuerza eficaz que penetra en el mundo,

salvándolo y transformándolo.

(Benedicto XVI en Jesús de Nazaret)

 

 

El Evangelio es Buena Noticia, muy Buena Noticia.

            Pero al pensar así,

            ¿no nos estamos quedando en una comprensión muy hermosa,

            pero insuficiente?

El Evangelio es un libro, ciertamente; un pequeño gran libro.

            Pero ¿no será por eso que lo tenemos más en las bibliotecas

            que en las manos,

            y en éstas más que en el corazón y en la vida personal?

El Evangelio nos informa de algo bueno,

pero difícil de practicar.

El Evangelio no nos transmite algo,

sino a Alguien que es Vida,

            la Vida misma;

que es Verdad, la misma Verdad.

            Alguien que cuando entra en el corazón lo cambia,

            lo hace nuevo, lo vivifica, lo dinamiza, lo cura, lo sana, lo salva.

            Hace el hombre nuevo y con él la sociedad nueva.

¿Quién hace eso sino Dios? Sólo Él puede realizarlo.

            Por eso el Evangelio es Dios hecho Palabra humana, vida humana:

            es Jesucristo Vivo y Vivificante en quienes le acogen

            y en el mundo entero, a través de quienes le acogen.

"Aquí está en acción el verdadero Señor del mundo,  el Dios vivo",

Leamos, meditemos, hagamos nuestro el Evangelio.

Lo predicaba así san Juan Crisóstomo (350-407):

            "Por eso os exhorto:

            ¡leamos con mucha atención las Escrituras divinas!

            El Señor mismo entrará en nuestros corazones,

            iluminará nuestra inteligencia,

            nos revelará las verdades escondidas;

            será él nuestro Maestro en lo que no comprendamos,

            con tal de que nosotros estemos dispuestos

            a hacer lo que podamos ".

 

Y así... ¡Dejémonos evangelizar por el Evangelio!

                                                                                                            P. Gregorio