Dad testimonio de que el Amor 

es posible

 

Párrafos de la homilía del Cardenal Rouco Varela durante la celebración multitudianria  de la Familia en la plaza de Colón (Madrid)

 

 

La verdad de la familia, única respuesta cristiana

(...) ¡No hay duda! la familia se presenta como el problema objetivamente más grave e inquietante ante el que se encuentran las sociedades europeas y, por supuesto, la española. El Santo Padre, en el Mensaje de la Jornada de la Paz del próximo 1 de enero sobre la “Familia Humana - Comunidad de Paz”, llega, incuso, a afirmar: “la negación o restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz. Por tanto, quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad nacional e internacional sea frágil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal ‘agencia’ de paz”

3. ¡No hay pues tiempo que perder! ¡Urge la respuesta cristiana a esta pregunta crucial para nuestro futuro, el de España, el de Europa y el de toda la humanidad! Y nuestra respuesta no es otra que la de la verdad de la familia, inscrita en el ser y en el corazón del hombre –varón y mujer–, restablecida en toda su plenitud, bondad y belleza por Jesucristo, el Redentor del hombre, y que hoy queremos proclamar como la única propuesta auténtica, la única capaz de renovar profundamente la sociedad desde sus raíces y las personas en lo más intimo de sus necesidades básicas, de sus deseos de salud, de felicidad ¡de su ansia de eternidad! Y, por consiguiente, la única que puede convencer a los jóvenes de que sí, de que es posible concebir y proyectar la vida como una gran experiencia de amor ¡como una vocación para “el amor más grande” (...)

 

Frutos de la familia cuando vive según Dios

La experiencia diaria nos enseña lo que sucede a las personas y a las sociedades cuando no construyen el matrimonio y la familia sobre el fundamento sólido de la institución divina: vidas rotas por la separación irreversible entre los cónyuges, sufrimientos, desorientación y desamparo en los niños y los jóvenes afectados por la ruptura familiar, la plaga del aborto, el envejecimiento imparable de la población… En cambio, cuando se elige la vía del amor crucificado, del seguimiento de la voluntad de Dios y se persevera en ella, el matrimonio se manifiesta como “la cuna de la vida y del amor” (Juan Pablo II, Christifideles laici, 40) y la familia, que de Él surge, como el lugar primero y fundamental donde se aprenden las primeras y más básicas lecciones de humanidad; más aun, las eternas lecciones del amor verdadero y de la paz. La vivencia de la justicia y del amor entre los hermanos y hermanas, la función de una autoridad desinteresada, que se revela y ejerce como un servicio de amor por parte de los padres, la dedicación preferente a los miembros más débiles –a los pequeños, a los ancianos, a los que están enfermos–, la disponibilidad siempre pronta para ayudarse mutuamente de los miembros de la familia entre sí y en cualquiera necesidad, dispuestos siempre para acoger al otro, para perdonarlo… ¡todo ello! cuaja como fruto cotidiano de la familia fundada y vivida según Dios.

 

Seguid contruyendo vuestras familias,

como comunidades de intimidad y amor

Éste es el don que hemos descubierto y que habéis recibido, queridas madres y padres cristianos, cuando os habéis sentido llamados por Dios a la vocación matrimonial y habéis respondido a ella con el Sí decidido y gozoso de vuestro amor mutuo, en el que se incluía “el sí” consciente y responsable de los hijos que habéis ido recibiendo de Dios en un itinerario de amor desprendido y de generosas e íntimas acogidas, fruto maduro de una cotidiana oblación de vosotros mismos al Señor. Así, amorosamente, fuisteis construyendo vuestra familia como esa íntima comunidad de amor y de vida que hace posible que la humanidad entera se pueda ir configurando como una gran familia en la que reine “la civilización del amor” . Sí, queridas familias cristianas de España, en la Comunión de la Igesia, la familia de los Hijos de Dios, sois las imprescindibles protagonistas de la realización de ese objetivo de Civilización del amor ¿Quién si no sois vosotras puede hacerlo? ¡Nadie más!

 

Habéis creído en el Amor de Dios

8. Queridas familias cristianas, vosotras habéis conocido el amor que Dios nos tiene y habéis creído en él. Habéis creído en “el Dios que es Amor”. Habéis conocido “al Amor de los Amores” y querido permanecer en Él y así permanecéis en Dios y Dios en vosotras (Cfr. Ef 1; Jn 4,16). Vuestro testimonio ante el mundo y la sociedad contemporánea no es otro ni debe ser otro que el de que el Amor es posible y que vivirlo en su plenitud, consisten la vocación del hombre y el único criterio de verdad y de vida que puede salvarlo. Si alguien nos pregunta por el significado de esta gran celebración habría que contestarles: Las familias cristianas de España han querido ofrecer un testimonio público, festivamente expresado, de que en la experiencia cristiana de la familia se descubre, recibe y vive el gran Don del Amor como primicia y vía imprescindible para vivir de amor y con amor en todas las circunstancias privadas y públicas de la vida y como la única fuerza que permite andar la peregrinación de este mundo con esperanza. “Porque amor saca amor”, diría Teresa de Jesús. Ésta es la aportación siempre antigua y siempre nueva de las familias cristianas a sus contemporáneos, sean creyentes o no, y a la sociedad: el mantener siempre abierto y abonado el surco de la vida para recibir el gran Don del Amor y para hacerlo fecundo y activo en todos los contextos en los que se desenvuelve la existencia humana, de camino a su último destino.

 

Conversión de las conciencias en favor de la familia

 Ofrecemos nuestro testimonio. No lo imponemos. Pero sí pedimos a Jesús, María y José, que sea comprendido, que sea aceptado; más aún, que contribuya a que la conciencia social y la valoración cultural por parte de la sociedad española en relación con el reconocimiento del valor insustituible del matrimonio y de la familia según el proyecto de Dios para el bien de las nuevas generaciones y de su futuro, que tanto deniegan o escatiman, gire y gire pronto. Más aún, pedimos que con vuestro testimonio constante y gozoso de la verdad, la bondad y la belleza de la familia cristiana, en la vida privada y pública, apoyados en la oración de toda la Iglesia, especialmente de sus comunidades contemplativas, seáis capaces de que se produzca una verdadera conversión de las conciencias de las personas y de los distintos grupos e instituciones sociales en su concepción y en su aprecio de la familia; ¡que de nuevo sea vista y apreciada la familia, fundada en el verdadero matrimonio, como “la célula primera y vital de la sociedad” y “la primera e insustituible educadora de la paz”!; tanto en la opinión pública, como en la estimación popular, en la valoración política y en la legislación del Estado. (...)

 

Tomado de www.porlafamiliacristiana.com