¿POR QUÉ  NOS LO PONE DIOS TAN DIFÍCIL?

 

Un amigo mío tiene dudas de fe, y me pregunta: Si Dios existe, ¿por qué no se nos manifiesta con mayor claridad?¿Por qué no nos da muestras evidentes de su presencia, para que no dudemos de Él?¿Por qué nos lo pone tan difícil?

No sé muy bien qué responderle. ¿Podría orientarme? Gracias.

P. C. Madrid

 

Trataré de hacerlo.

Ante todo, para poner un poco de humor y quitar dramatismo a sus preguntas, yo le diría que no pertenezco al Consejo de la Santísima Trinidad, y no estoy suficientemente informado para poderle responder sobre tantos porqués.

Después, ya más en serio, le diría que, si Dios no existiese, él no tendría ninguna duda sobre su existencia, porque para tener dudas hace falta existir y, sin Dios, ni existiría él, ni existiría nada. En efecto, sin un Ser que exista por sí mismo, -esa es la noción básica de Dios-, ningún otro ser puede existir: un mundo de solos seres que para existir necesitasen otro que les hubiese dado la existencia, sería un absurdo, y lo absurdo no existe. Es evidente.

De manera que, en cuanto al manifestarse con mayor claridad y darnos pruebas evidentes de su presencia, para que no dudemos de Él, me parece que con la sola inteligencia que nos ha dado ya tenemos bastante. Y esta es mi experiencia y la de muchísimos otros de las más diversas condiciones, tanto entre la gente sencilla, como entre las personas cultas e incluso entre los grandes sabios, no sólo en Filosofía y Teología, sino también en las ciencias que se contentan con la experimentación sensible. Y le citaría algunas de esas últimas personas eminentes con alguna otra menos sabia. El famoso entomólogo francés Favre decía que él no creía en Dios, que le veía presente en la naturaleza. Einstein afirmó: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita». Copérnico escribió: «¿Quién, viviendo en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?». Edison: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios». W. Von Braun: «Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando día tras día en profunda adoración». Newton: «La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente». E. Schrödinger (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria): «La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios de la mecánica cuántica». K. L. Schleich (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local): «Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión». Kepler: «Sí, Dios es grande, grande es su poder, grande su sabiduría. Alabadle, cielos y tierra. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres, en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla». J. Barón Von Liebig (químico y fisiólogo alemán): «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente todo el que se esfuerce por extraer sus ideas del gran libro que llamamos naturaleza». Tras esos pocos -que hay muchos más- testimonios de científicos y sabios, y puesto que he hablado de gente sencilla, yo le citaría sólo las palabras de un mendigo analfabeto, “Jocé”, como se presentaba él, José Barranquero, que un día me decía espontáneamente: “Yo me digo que esto -y con el brazo extendido y moviéndolo de izquierda a derecha, señalaba la tierra, el cielo y de nuevo al otro extremo la tierra- no se ha hecho solo, esto lo ha hecho Alguien”.

No en vano la Biblia afirma en el libro de la Sabiduría: Son necios por naturaleza todos los hombres que han desconocido a Dios y no fueron capaces de conocer al que Es, a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al Artífice, atendiendo a sus obras (Sb 13,  1). Y S. Pablo: Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció (Rm 1, 20-21).

A esto se añade la persona de Jesucristo, del cual no sólo conocemos que existió, sino también muchas de sus afirmaciones y obras. Pues bien, entre esas afirmaciones la más importante y trascendental, la que motivó su condena a muerte, fue la de su propia divinidad, como Hijo de Dios. Y puesto que no se quería aceptar sus afirmaciones, repetidamente apeló a sus obras, obras que sólo Dios podía realizar: «Yo y el Padre somos uno.» Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: «Muchas obras buenas de parte del Padre os he mostrado.¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?» Le respondieron los judíosNo queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.» Jesús les respondió¿No está escrito en vuestra Ley: Yo he dicho: dioses sois? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la palabra de Dios -y no puede fallar la Escritura- a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho:`Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.» (Jn 10, 30-38).  

Tu amigo tendría que tener más que suficiente con esto para despreciar sus dudas sobre la existencia de Dios y no pensar que Dios nos lo pone muy difícil. No nos lo pone difícil ni en cuanto a la fe, ni en cuanto a la vida, puesto que Jesús, cuyas palabras no engañan, ha podido asegurarnos: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera( Mt 11, 29-30).

¿Toma tu amigo sobre sí el yugo de Jesús? Quizá esté ahí todo el problema. ¿Y para ello, para que el yugo le resulte suave y la carga ligera, echa mano de los medios que Él ha puesto a nuestra disposición en su Iglesia: la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la oración, los sacramentos y, entre todos y sobre todos, el Santísimo Sacramento y Sacrificio del altar?

Por último se me ocurre que también podría ser que sus dudas tuviesen origen más que nada en un psiquismo falto de confianza en sí mismo e inclinado al escrúpulo. En este caso, tu verás si no sería bueno que acudiese al psiquiatra.

J. . F-C.