¿Tiempo perdido?

 

Ahora que, por desgracia, hay tanto paro me gustaría que reflexionáramos sobre el uso del tiempo.

Claro que el primer uso del tiempo, en esas circunstancias, es la de salir del paro, bien buscando actividades alternativas, preparando y presentado «currículums»; y también aprovechándolo para mejorar la formación profesional en busca de otras salidas.

Pero siempre tendremos tiempo que no sabremos cómo emplearlo. Desearía mucho que el tiempo se empleara para cultivar la cercanía de los unos con los otros. Y en esa cercanía pienso, en primer lugar, de la cercanía entre los esposos. ¡Qué bueno sería que por lo que sea tengamos más tiempo para comunicarnos, liberados de la tiranía de los horarios laborales que no nos dejan respirar.

¿Cuántas veces hemos sabido «perder el tiempo» con el prójimo? No hablo sólo del tiempo de ocio o diversión sana, que también se necesita, sino también del tiempo de «sentarse» para hablar.

Demasiadas veces hemos «temido» la compañía de algunos porque pensamos que «nos dan la lata». A mí siempre me ha impactado el pasaje del Evangelio en que los apóstoles, molestos por los lamentos de la cananea, le dicen al Señor «Despáchala, que viene detrás de nosotros gritando»

¿Cuántas veces de forma suave o grosera habremos actuado así?  Bastantes.

Hay una frase en la Vigilia Pascual que dice: «Suyo es el tiempo».  Sí, el tiempo es del Señor. Y también el prójimo es del Señor. Que devolvamos al Señor el tiempo que nos da por medio de la atención a sus hijos, nuestros prójimos.

Que nunca nos quedemos con la sensación o intranquilidad de que podríamos haber hecho más. La limosna es fácil de dar... pero la palabra, el tiempo cuesta más

Entendamos que «perder el tiempo» es ganarlo. Así devolveremos al Señor muchas cosas; entre otras el tiempo que estuvo como Hombre para manifestarse como Dios.

De todo corazón,

Rosario