Al
encuentro del Amado
que nos espera
Nuestro fiel y veterano amigo, Angel
Sánchez Toledano, escribió el 5 de octubre en su web http://angelsanchezt.blogspot.com/ exhortando a la práctica de los Ejercicios,
y proponiendo nuestras tandas al final. Ofrecemos parte de su ejemplar
testimonio:
«Yo
te llevaré al desierto, ahí te hablaré al corazón y te volveré a enamorar y
descubrirás que aquello que te daban tus amantes, en realidad te lo daba yo...
tu Esposo...Te llevaré al desierto, y te hablaré al oído, y después de los
espinos, después del vacío ahí me encontrarás y sabrás que Yo Soy ,entonces conocerás quien Soy». (Os 2,16)
Hoy quiero
hablar de este encuentro personal que todos deberíamos realizar de vez en
cuando, para encontrarnos a solas con el Señor. Sentir que El nos llama, que
quiere llevarnos a un lugar apartado para darnos lo que nuestra alma necesita.
Nos dice: Ahí me encontrarás…te hablaré al oído, y entonces
conocerás quien Soy.
Las
dificultades diarias, el cansancio físico, el desaliento que muchas veces llama
a nuestra puerta, las dudas que en ocasiones se apoderan de nuestra fe, hace
necesario que busquemos un oasis donde beber y recuperar lo perdido.
Muchas son las personas que nos
han precedido, que nos han hablado de las bonanzas de una vida de silencio y
oración, apartados del mundanal ruido. Muchos han alcanzado la santidad en este
retiro voluntario, buscando el conocimiento y la unión con Dios.(..)
Es impensable e incomprensible para
muchos estar en silencio. Huyen de él, les espanta. He visto hogares que tienen
encendida la televisión, simplemente por que no saben estar a solas. Ni
siquiera la miran.
Precisamos silencio, si queremos
encontrarnos con Dios. El habla en la quietud. Alejar de nosotros las numerosas
distracciones que nos impiden entrar en nuestro interior. Encontrar respuestas
a los momentos de sufrimiento. Tenemos que ir al desierto, tenemos que ir
al encuentro del Amado que nos espera.
Existen los llamados cursos de
retiro o los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Consisten en
estar unos días aislados, en una casa de oración, donde a través de las ayudas
de unas meditaciones, predicadas por sacerdotes, y de una intensa vida de
piedad, volvemos a reflexionar sobre nuestra vida y el lugar que Dios está
ocupando en ella. Rodeados de un ambiente de silencio para favorecer la
escucha, para evitar otras distracciones. Unos días, para dejar en casa
todo lo que nos preocupa. Ir vacíos para ser llenados. A la vuelta sabremos
retomar esas dificultades y problemas de forma muy distinta. Cada año tendríamos
que realizar esta experiencia.
Una cosa importantísima, que he
podido experimentar siempre. El diablo hará lo posible para poner mil excusas,
y dificultades para no llevarlo a cabo, o sea que a fastidiarle y a obrar en
contra de lo que nos inspira.
¿Qué son 4 ó 5 días al año para dedicarlos
exclusivamente al Señor? ¡Pero si es que siempre nos pide mínimos! El Santo
Padre cada Cuaresma, nos da ejemplo, haciendo una semana de ejercicios
espirituales. A ver si en este curso
logramos comprometernos a realizar un curso de retiro o unos ejercicios
espirituales. ¿Nos lo proponemos?
Angel S. T.
P.D. Yo
he realizado varias veces los ejercicios espirituales de San Ignacio. Los
organizan: Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey en Pozuelo de Alarcón
(Madrid) y en Caldes de Montbui (Barcelona). También en cualquier centro del Opus Dei os informarán de los
cursos de retiro que tienen programados durante el año.