JOSE ALLAMANO,
FUNDADOR Y MAESTRO DE MISIONEROS
“Levántate por encima de las propias circunstancias
y perspectivas que predominan en tu ambiente. Vuela por encima de ellas, pero
siempre hazlo conforme a lo que
Jesucristo quiere para tu vida”.
De familia campesina, nace en Turín, Italia, el 21 de
Enero de 1851. Fallece a los 75 años, el 16 de Febrero de 1926.
En su niñez, después de quedar
huérfano de padre, es educado bajo la influencia de su madre, de su tío y de
Juan Bosco, estos dos últimos, canonizados
después.
A los 22 años, es ya sacerdote. Permanece en el mismo Seminario como
profesor. Siete años más
tarde se le nombra rector del Santuario
de la Consolata de Turín. Contrae una
grave enfermedad que le sitúa al borde
de la muerte. Pide fervorosamente a la Virgen su curación, implorando la misma
para, si es Voluntad de Dios, fundar un instituto misionero. La sanación física
le llega, y la autorización para la creación del Instituto también.
Bajo el amparo de la Madre de Jesús
nace la Congregación de Misioneros de la Consolata en 1901. En 1911
funda el Instituto de Misioneras.
Pastor activo, atento siempre a los
signos del tiempo en que vive, se deja conducir por la voz del Espíritu
Santo. Pone toda su vida en manos de
Cristo y de María. Oración constante, espíritu de valor, control de su inteligencia, dominio de su
voluntad y un saber “quitar y borrar de mi memoria todo el pasado penoso,
triste; borrar de mi memoria todo
recuerdo que me llevara al desánimo, al rencor, al resentimiento, al odio, a la falta de perdón”.
Conduce la Misión desde la realidad
concreta que le presentan sus misioneros.
Se adapta al terreno que pisa, antes que las circunstancias le adopten y
le esclavicen. “El misionero debe
adaptarse a las circunstancias que vive,
debe adaptarse al modo de hacer de donde está misionando. No puede
imponer otros modos de hacer con violencia, sin respeto, sin
tolerancia. El Señor es quien tiene el
control. Nosotros somos herramientas en
sus manos. Nosotros no somos Dios”.
José Allamano no se cansa de
pregonar a sus discípulos que atiendan
siempre la mirada de sus ojos; que controlen
bien sus palabras: “Hay ojos malignos, hay ojos
benignos. Hay miradas de dulzura y de
bondad, de acogimiento y de amor, y hay
miradas de muerte, de odio. Vuestros
ojos deben ser factor de bondad, de compasión de misericordia. Jesús dice:” Lámpara de tu cuerpo son tus
ojos; cuando tus ojos están sanos, tu cuerpo entero tiene Luz”. Vuestra mirada, nuestra mirada, ha de ser
siempre clara, directa, serena, cariñosa, positiva, y a la vez intuitiva, viva, para
reconocer necesidades, injusticias y carencias. Ojos
que capten los interrogantes que las gentes formulan sin palabras”.
“La lengua, ese órgano tan pequeño,
puede hacer un bien inmenso. La palabra
oportuna, dulce, amable, en el momento preciso, construye el Reino de
Dios. La palabra resentida, pecaminosa,
destructiva, criticona, murmuradora, chismosa, construye el reino del diablo”.
José Allamano pone todo en manos de Jesucristo. Cada
amanecer, cada nuevo despertar, es una experiencia maravillosa con El y con la
Virgen. Todo es bueno si
nuestro pensamiento , si nuestra forma de
pensar la conformamos a lo que Cristo
pregona, a lo que Cristo dice. Lo malo,
lo negativo, se trata de mejorar. Si no
se logra, Dios quitará la cizaña en su momento.
Es el momento de Dios, es Su
Tiempo lo que cuenta. Y es poner la vida, toda la vida, en Sus Manos. Señor,
las veinticuatro horas del día son Tuyas, las empleo para Ti.
Sólo hay que pedir que El nos
deje un ratito para nuestras cosas.
Allamano recuerda que en múltiples
ocasiones el Señor mantiene en espera
nuestras súplicas, dolores y peticiones.
“Dios tiene su tiempo. Si no te atiende ahora, en este instante que
tú quieres, es porque no es el momento adecuado. No te atiende de momento...,
pero no te angusties, no tengas
tanta pena, El está siempre
contigo y aquello que anhelas llegará
o pasará; pero todo será para tu
bien”.
Con ello, José da a entender que la gloria venidera para cualquier
persona es siempre mayor que la postrera. Que el mejor tiempo está por llegar,
siempre que la vida de la persona
esté ausente de tanto pecado
consentido, de tanto pecado
conscientemente hecho.
No deja de insistir a sus misioneros
y misioneras la atención que deben de prestar a
su mirada. Es raro que en
cualquier comunicación, escrita o personal con ellos, no deje de decir: “El Espíritu Santo se refleja en
tus ojos, en tu forma de mirar a las personas, a los animales, a la naturaleza,
a las cosas. Esa mirada refleja así el bien, pero no dejaré de comunicaros que también
puede reflejar el espíritu del mal, del odio, de la perversión. Llena tu alma cada instante de Dios, de
hablar con El, de comunicarte con El, y tu alma se llenará de bondad, de
paciencia y lo más importante, de perdón; y por tus ojos estará hablando Dios a las
personas, a los animales, a la naturaleza, a las cosas”. “De la calidad y serenidad de tu mirada , ó de la
agitación, inquietud y oscuridad que
refleje, depende tu calidad de vida, tu calidad
como persona”.
Desea por encima de todo cumplir el
mandato del Maestro. Desea hacer de su
vida una existencia inmersa en la santidad.
“Aquí, en este mundo, en el
corto tiempo que estamos en la Tierra, antes que nada hay que ser santos; luego viene todo lo demás. Sin santidad, lo demás no vale nada. Que
crezca, pidamos a Dios sin cansarnos minuto a minuto, que crezca en cada uno de
nosotros la voluntad y el empeño de la propia santidad”.
José Allamano, desde joven, alimenta
esa fe tan necesaria para seguir viviendo.
“Sin fe, no es posible construir nada. La fe es el primer escalón para ser hombre y
mujer con mayúsculas. La fe mueve a la esperanza;
la esperanza mueve a la caridad,
al amor, y sin Amor todo lo que se haga, por mucho que se haga no sirve para
nada, como dice san Pablo. La Caridad, es lo que distingue al cristiano
auténtico, pero no es el distintivo del
cristiano de religiosidad y de ritos, que tanto abunda. La Caridad es el traje de luz del seguidor
verdadero de Cristo. La Caridad es la que es capaz de suscitar la admiración,
el respeto, la conversión de aquellos que no son cristianos, o de aquellos que siendo cristianos, son sólo cristianos de
cumplimiento de preceptos, pero no tienen
a Jesús controlando por completo
sus vidas”.
Insiste que sus misioneros sean
guerreros de Luz, que no sean simples
hombres y mujeres que vayan solamente,
únicamente, para enseñar oraciones,
ritos, peticiones, a las
personas. “Mostrad al Señor,
mostrad a Dios en vuestras vidas. Que irradiéis a Dios, Su Amor, Su Bondad, por
todos vuestros poros hasta la extenuación, hasta la muerte si es preciso”.
Luego, muy luego, ya vendrán, si es necesario, las enseñanzas de rezos, de
rosarios, de novenas, de velas encendidas, de tantas cosas que tantas veces confunden
a las gentes y no dejan ver el rostro de Jesús
y sus enseñanzas. El Reino de
Dios es lo que hay que anunciar, Reino de Bondad, de Misericordia, de Amor, de
Perdón”.
“Misioneros, misioneras, sacerdotes,
cristianos auténticos, presentar el cristianismo como el mensaje que además de
ofrecer la promesa de la otra Vida, pueda hacer más feliz la vida a todos en
esta tierra”.
“Escoge siempre la mansedumbre como
el camino para transformar este mundo en un mundo habitable, en un mundo
mejor”. “Preocupaos como cristianos de
conservar el mundo que Dios nos ha dado, el medio ambiente”. “Sed fuertes,
varoniles, enérgicos en el apostolado, incluso vosotras misioneras, también”.
“Sed cisternas llenas de esperanza y caridad respecto a los dones espirituales. Sed canales, y no cisternas respecto a los bienes
materiales”. “Haced el bien, bien hecho
y sin ruido. Hace falta fuego para encender a la persona y sacarla
del letargo religioso y transformarla en
vividora entusiasmada, alegre, confiada
y con paz en Cristo. Hace falta el fuego de Dios en este
mundo apagado y solo entregado a las pasiones del mal, del mundo y de la
carne”.
Así fue, así es ese hombre fuerte; ese hombre que vivió por y para Jesús, el
Señor, el Maestro, el Camino, la Luz , La Vida. Así
es. Así
fue José Allamano, Beato
José Allamano.
José Ramón González