Pequeños detalles

 

No hace mucho me preguntaba por qué, cuando en teoría hemos ganado mucho en comodidades, tenemos tantas cosas para ayudarnos en el trabajo, en la diversión, en la cultura, se siguen —y aún aumentan— las rupturas matrimoniales. Ya dije en otro artículo lo importantísimo que es la fidelidad, la mirada de respeto que tienes que tener para con aquél o aquella que Dios ha puesto junto a ti, y que lo asumiste como un gran don el día de tu boda; que en aquella ocasión te entregaste a él (o a ella) y dijiste «Te quiero a ti,  ... como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida». Todo eso es muy importante. Pero ahora quisiera hablar de los pequeños detalles, del día a día. Sé muy bien que por pequeños detalles se pierden las personas y también que por pequeños detalles se ganan.

Ya no llenan tanto los regalos —que conviene hacerlos y no olvidar las grandes ocasiones para felicitar a unos y a otros— sino los pequeños recuerdos del día a día, con sencillez, con alegría. También la sensibilidad para no perder una ocasión de «poner el hombro» ante un trabajo inesperado o largo. Saber compartir, con naturalidad, penas y alegrías; ilusiones y decepciones; esperanzas grandes y esperanzas pequeñas...

Enamorar no es gastar por gastar; no es dar con indiferencia. Es un encuentro de corazón  a corazón (alguien con quien comentaba esto me dijo que le sonaba a cursi y antiguo; pero aplicarse a descubrir los deseos no comunicados del otro siempre será algo necesario y nuevo para la verdadera comunicación de amor).

San Pedro nos lo dejó dicho en su primera espístola: En conclusión, tened todos unos mismos sentimientos, sed compasivos, amaos como hermanos, sed misericordiosos y humildes. No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición. Pues quien quiera amar la vida  y ver días felices,  guarde su lengua del mal,  y sus labios de palabras engañosas,  apártese del mal y haga el bien,  busque la paz y corra tras ella. Pues los ojos del Señor miran a los justos  y sus oídos escuchan su oración,  pero el rostro del Señor contra los que obran el mal.

Rosario