Lecciones de una conversión de ayer
Antes de concluir este año, en el que hemos
conmemorado el centenario de la conversión del joven «Paco», (después «P.
Vallet»), se han celebrado dos reuniones de miembros de la Obra y de las
Congregaciones por él fundadas.
Una de ellas, formada por un centenar
de hermanos franceses y suizos, se realizó, del 1 al 4 de noviembre en el mismo
lugar donde el joven «Paco» tuvo su transformadora experiencia: la Casa aneja a
la «Santa cueva» 1 en Manresa.
En la otra reunión participaron
ejercitantes y religiosos/as cpcr procedentes de Cataluña, de Madrid y de
Extremadura, hospedados por las Cooperatrices en su casa «Mare de Deu de Montserrat»,
sita en Caldes de Montbui (Barcelona).
En las intervenciones que se
escucharon tanto en Manresa como en Caldes se recordaron algunas de la lecciones que aquella transformación espiritual, fruto de
los Ejercicios, tuvo en una persona concreta —y de las innumerables que
siguieron en miles de hombres—, lecciones
que se pueden aplicar perfectamente a las actuales necesidades de
nuestra sociedad.
La M.
Marie Christiane, Sup. General
de las Cooperatrices, hizo notar que Paco Vallet reencontró allí su propia
identidad. En 1947 escribía: Muerto, vivía más intensa vida que nunca,
sentíame henchido de alegría y gozaba de una paz indescriptible. Nunca había
amado tanto ni tan ardorosamente. Y era libre. Me poseía, dueño de mí mismo.
Nada me costó dejar al mundo, a la familia, a mi ciudad, a mis antiguas
ilusiones... Vivía verdad, vivía esperanza, vivía paz, vivía caridad (Avanzar,
Sep 1947). Y esto era consecuencia de que aquellos Ejercicios acababan de
descubrirme un mundo nuevo y de revelarme la objetividad más real de la
religión cristiana. (ib, Julio 1947). ¡Qué actualidad tienen estas palabras
en el día de hoy, arrasado por el relativismo! Sí, en los Ejercicios el Señor
muestra, hoy como ayer, con ese «Principio y fundamento», una objetividad capaz
de descubrir ante muchos un «mundo nuevo».
Pero la objetividad que recobró
«Paco» no era «algo abstracto»: era Alguien, una Persona capaz de atraer todos
los corazones. Como hizo notar el P. Barbier en su conferencia, Paco llegó
aquí completamente desorientado: pero salió plenamente «re-orientado», es
decir, vuelto hacia el Oriente, hacia ese Sol de los hombres que es nuestro
Señor Jesucristo. En efecto, San Ignacio presenta en sus Ejercicios de
manera admirable a Cristo y procura que el ejercitante le «conozca íntimamente
para que más le ame y le siga». Y esta lección de los Ejercicios el P. Vallet
la difundió después con todo el ardor de su corazón. Que este «dar a conocer a
Cristo hoy» sea urgente ha llevado a Benedicto XVI a adelantar la publicación
de su libro «Jesús de Nazaret» para favorecer en el lector un crecimiento de
su relación viva con Él.
Una tercera lección que nos llega de
aquellos días de hace cien años es la solemne promesa que hizo el hasta
entonces voluble joven «Paco». En efecto, antes de salir de Manresa, en la
capilla del Rapto (visitada por participantes en el Congreso CPCR): «Allí,
junto a la estatua yacente del Santo, ... que decía aquel día mil cosas a mi
alma, solo, quise quedar solo con la resolución más firme de consagrar toda mi
vida a aquellos Ejercicios que acababan de descubrirme un mundo nuevo. Esta
decisión fue una gracia de Dios que le sostuvo hasta su muerte, y que el Señor
hizo germinar en su corazón generoso, que no podía guardar para sí solo el
tesoro que acababa de descubrir. También hoy necesitamos que se renueve en
nuestros corazones, encerrados en sí mismos, el empeño por dar a conocer el
tesoro de la fe, de la esperanza, del amor que Cristo nos ha traído, y
difundamos con valor la Buena Nueva del Evangelio, haciéndonos mensajeros de la
verdadera y definitiva salvación.
1 Con este nombre se venera la cornisa rocosa en la que
San Ignacio se retiraba para hacer su oración, y en la que recibió muchas de
las ilustraciones divinas que le condujeron a redactar su libro de los
Ejercicios.