PAULINA
JARICOT,
fundadora
de
“He nacido con una gran imaginación, un
espíritu superficial, un carácter violento y perezoso. He tenido dos pasiones que me han tiranizado
durante toda mi vida: la cólera y el orgullo y contra ellas he luchado con
tesón para vencerlas”
La menor de siete hijos del matrimonio de
Antoine y Jeanne, nace el 22 de Julio de 1799 en la ciudad francesa de
Lyon. “Yo era muy miope y con muy
poca fuerza en las manos, pero me sentía
llena de vida. Me hice
inseparable de mi hermano que me precedía en edad y ambos soñábamos con ir de
misioneros. Luego él fue sacerdote”
Dotada de una voz admirable para el canto,
cursa estudios. Sus hermanas mayores la reclaman para unirse a sus negocios con
la seda. “Me decían que era
guapa. Hacía falta
estar muerta
para permanecer insensible a los halagos, a las palabras zalameras. Me planteé
un noviazgo serio con un caballero joven, pero a los diecisiete años un sermón
escuchado en una parroquia me puso en otro camino”. “Para no caer en las
tentaciones, quemé las novelas rosa y las canciones apasionadas, abandoné las
pulseras y collares, renuncié a los bellos vestidos y a no estar tan pendiente
del espejo. Anuncié a mis amigas que estaba decidida a servir al Señor”.
Paulina vuelve la página de su vida en una
confesión general. Hace voto de
permanecer casta de cuerpo y corazón.
Siente especial cuidado por los indigentes, “adopté forma de vestir
similar a ellos”, y por las personas que
trabajan. “Las prostitutas, muchachas
de mi edad a las que la miseria ha conducido a esa situación, me
provocaban una vida de continua agitación para procurarlas asilo”.
Paulina contacta con operarias jóvenes de
los talleres de Lyon que comparten su ideal.
“Encontré a muchas de ellas completamente entregadas y siempre
dispuestas a dirigirse a todas partes donde el Señor las necesita”. Las asocia bajo el nombre de “Reparadoras
del Corazón de Jesús ignorado y
despreciado”.
“Toda la tierra me ha parecido fecundada
por la presencia de ese Divino Salvador en el Santísimo Sacramento. De ello ha
resultado la correspondencia con mi hermano, por entonces en el Seminario de
París, para animarlo en su vocación. De ello y de mi disposición personal, ha
llegado
Su hermano, junto con otro amigo
seminarista, ponen en su conocimiento la crítica
situación financiera en la que se encuentran las misiones extranjeras. “Me inflamé de entusiasmo por ayudar a las
Misiones. Me dirigí en primer lugar a las Reparadoras, mi batallón sagrado, y
las lancé a la iniciativa de la monedita semanal. Ví
lo fácil que sería para cada persona de mi intimidad encontrar diez asociados
que dieran esa moneda cada semana para
El plan tiene un éxito más allá de toda
expectativa. Las decenas se
propagan. Las centenas aumentan, y fluye
el dinero. Paulina dirige la
organización. Los miembros alcanzan
pronto el millar. Su hermano seminarista
la anima: “Continúa hermana esta obra que Dios ha comenzado por tus
manos y que es el grano de mostaza que debe producir un gran arbol cuyas ramas cubrirán toda la faz de la tierra”.
Pero esta magna visión puesta en práctica
por Paulina despierta la ambición, la envidia y los celos entre algunos
miembros de
Sufre también manipulaciones, humillaciones
y abandonos. “Mi confesor, el abate Wurtz publica por su
cuenta, no haciendo ni figurar mi nombre, mi tratado sobre el Amor infinito de
Años más tarde, el Consejo Central de
En su retiro planifica una nueva acción
similar a la que años atrás inicia para
Su salud no es buena y no pone cuidado. Se preocupa de la integración del mundo
obrero. “Denuncié la codicia de los negociantes que se creen lo bastante
fuertes como para no tener nada que temer del descontento de sus obreros”.
Lo que comienza como una inmensa buena
voluntad de evangelizar el mundo obrero termina por ser un auténtico calvario
para Paulina, por mezclarse intereses económicos y ambiciones de personas en
las que Paulina ha confiado. “Estoy
siempre totalmente extendida sobre
El Cura de Ars
reconoce en vida de Paulina su labor y su virtud. Se hace valedor de ella y es prácticamente el
único apoyo que encuentra en su vida.
El 9 de enero de
José Ramón González.