¿Realmente
la verdad es sinfónica?
He oído decir a un sacerdote que es normal
que exista un pluralismo teológico y que, como el teólogo Urs Von Baltasar
enseñaba, la verdad es sinfónica, ni monofónica, ni solitaria y excluyente,
sino coral e incluyente.
Confieso que por un lado me parece algo
hermoso, pero por otro me da la impresión de que eso puede presentarse como la
justificación del error. ¿Qué piensa Vd.?
L. L., Barcelona
Ante todo, debo decir que no soy ningún
gran conocedor de la teología de Urs Von Baltasar. Me atreveré, sin embargo, a
exponer algunas ideas que quizá puedan ayudarte.
En primer lugar, creo importante tener en
cuenta que, cuando se habla de verdad, se piensa en la de nuestros pensamientos
o ideas; pero que esta verdad llamada verdad lógica, depende de la realidad de
las cosas pensadas, realidad a la que también se da el nombre de verdad, verdad
ontológica; y de ella depende, repito, la primera, que debe ser un reflejo fiel
–no necesariamente perfecto o exhaustivo- de la realidad de las cosas.
Es claro que la verdad objetiva de las
cosas es sinfónica; en otros términos es evidente que el universo es una
espléndida sinfonía. Ni mi capacidad, ni el reducido espacio de estas páginas
dan para una descripción aun somera de esta sinfonía. Advierte solamente que,
desde el microcosmos hasta el macrocosmos, desde el átomo hasta el universo en
expansión, pasando por las moléculas, los cristales, las semillas de las
plantas, los huevos fecundados de los animales y del hombre, los instintos de
aquellos y el progreso intelectual, científico, técnico, moral y religioso de
éste último, continuamente topamos con un orden esplendoroso, bellísimo en su
estructura y en su dinamismo evolutivo. El diminuto planeta Tierra, partecita
se diría insignificante, no sólo del entero universo en expansión, sino incluso
de la simple galaxia Vía Láctea, existe en dependencia múltiple y armónica del
Sol y del resto de las estrellas de la misma, pudiéndose afirmar además que
Pero en esta verdad objetiva natural se
injerta la sobrenatural, revelada por Dios a la humanidad, cuya belleza supera
en proporciones de infinitud a la del cosmos. Es la belleza del Ser infinito,
Uno en tres Personas, que se vuelca y refleja en la débil, frágil y hasta
pecadora criatura humana.
Todo tomó origen en la eternidad con un
acto de predilección divina y se plasmó con el comienzo del tiempo, primero, en
la preparación de la “cuna” para ese hijo adoptivo de Dios que él quiso que
fuera el hombre, el animal inteligente y libre; preparación, si calculable, en
millones de siglos de luz.
Después, cuando todo estuvo a punto en
nuestro pequeñísimo planeta, tuvo lugar la formación de ese hijo y su elevación
a la categoría de partícipe de la naturaleza divina. Tras lo cual, por
sugestión diabólica, ocurrió el drama y la catástrofe de los siglos, ¡el rechazo
del Amor infinito! Pero este Amor divino no pudo soportar la ruina eterna del
predilecto recién formado y, con el anuncio de las consecuencias de su pecado,
vino el de un Hijo de mujer que habría de quebrantar la cabeza de
Llegó mucho más tarde la plenitud de los
tiempos y con ella la increíble pero verdadera salvación, liberación, y
divinización del hombre caído, llevada a cabo por el Verbo, Hijo eterno de
Dios, encarnado en las purísimas entrañas de
Todo para que el hombre pudiese, tras la
muerte temporal, vivir y gozar por la eternidad en comunión con las tres
Personas divinas, incluso, tras la resurrección universal, en su plenitud
humana de cuerpo y alma unidos en única sustancia, naturaleza y persona.
Esto dicho de la verdad ontológica o de los
seres en sí mismos, cabe preguntarse, si se puede decir lo mismo de la verdad
lógica o de las ideas verdaderas del hombre.
Si se trata realmente de la verdad, de ideas
verdaderas, y no de pretendidas verdades y reales falsedades o errores,
tendremos que decir que la verdad lógica es tan sinfónica como la ontológica,
la del universo, puesto que la verdad lógica es expresión fiel y fiable de
aquella.
Pero ocurre que entre las pretendidas
verdades de la mente humana las hay que no encajan de manera alguna en la
sinfonía de uno u otro de ambos universos, el natural y el sobrenatural. Éstas
no pueden ser incluidas en la sinfonía de la verdad, no siendo verdaderas. El
error por sí mismo sería cacofónico,
destructor de la sinfonía de la verdad y se autoexcluye de la misma.
Cuando, pues, se habla de pluralismo
teológico, para que sea aceptable, se ha de entender pluralismo en las diversas
concepciones verdaderas y objetivas del Misterio de Dios con el hombre. Cabe,
en efecto, una diversidad de formulaciones de ese Misterio, porque los teólogos
pueden contemplarle desde ángulos diversos: culturales, filosóficos, estéticos,
sociales…, y porque la percepción humana del misterio, aun verdadera no será en
ningún teólogo ni plena, ni totalmente aséptica, quiero decir, purificada de
condicionamientos subjetivos. Y estas distintas visiones verdaderas se
completan y enriquecen mutuamente en la universal sinfonía de
Espero, como te decía, que estas
reflexiones te puedan servir.
J. Mª F-C.