Su
«metamorfosis»
empezó a manifestarse en todo
La
esposa de un ejercitante escribió este testimonio hace unos años, pero no se
publicó. Lo ofrecemos ahora a nuestros lectores, sabiendo que el cambio de su
marido al que se refiere ha permanecido tan vivo como cuando ella escribía
estas líneas.
Nuestra familia siempre
tuvo como pilar inamovible a Cristo nuestro Señor; pero ya sabemos todos lo
frágil que es esta navecilla de nuestras almas y estaba un poco desorientada.
De recién casados todo iba viento en
popa; pero, poco a poco este amor ardiente al Señor se fue enfriando, un poco
por parte de mi marido y —todo sea dicho— también por mi parte. Pese a todo yo
rezaba una oración apasionada al Señor por mi querido esposo y por mis muchos hijos
(entonces 10), encomendando especialmente a mi marido a San José y a
Como la oración siempre es escuchada, y
como es también infalible y todo lo alcanza, el Señor tuvo a bien organizar las
cosas —lo que no era fácil entonces—
para que mi marido pudiera ir a unos Ejercicios espirituales y allí tocarle
fuertemente en el corazón.
Tanto fue así que su vida cambió e hizo
un giro de 180º. Esta metamorfosis se empezó a manifestar en todo y en todas
las facetas de nuestras vidas. Él era bueno, pero comenzó a ser mejor y a
intentar que todos fuéramos mejores.
¡Sean dadas todas las gracias a Nuestro
Señor, que tanto y tan bien cuida de nosotros!
Recordando aquel dichoso cambio y las
cosas que fueron mejorando desde entonces, estaría todo el día con le frente
cosida al suelo, dando gracias al Señor por las maravillas que supuso a nuestra
familia que su cabeza hiciera los Ejercicios espirituales.
Por esto recomiendo, viva y
encarecidamente a todo aquel que quiera dar un sentido a su vida, a todo aquel
que quiera ser realmente feliz, que haga unos Ejercicios espirituales en
silencio, en los cuales el alma se pueda encontrar realmente con Dios, y pueda
fundirse en Él en ese abrazo amoroso del hijo con el Padre bueno, capaz de
llevar a toda plenitud la existencia de una vida.
¡Gloria al Padre, Gloria al Hijo y
Gloria al Espíritu Santo!
¡Amén!
F. A.