Señor, mi Dios:

Cuando tus palabras me llegaban, yo las devoraba;

Era tu palabra para mí gozo y alegría del corazón

 

                                                (Jeremías 15, 16)

 

Lee la Palabra:

El profeta se dirige a Dios en oración en un momento de crisis vocacional,

   como nos pasa a nosotros tantas veces. La crisis, quiero decir.

Porque lo que es orar a Dios en la crisis, ¿lo haces? ¿lo hacemos?

Si orásemos en tiempos de crisis, la personal, y las otras,

   aprenderíamos muchas cosas.

La primera, percibir y vivir la crisis como crisol: tiempo de purificación

   de la ganga de nuestra fe, esperanza y caridad;

tiempo de crecimiento y maduración. Pruébalo y no tardarás en verlo. ¡Ya me dirás!

 

Medita la Palabra:

Se ve la sinceridad del orante. Cuando le llegan palabras de Dios, las devora.

Si quieres oír palabras de Dios, abre la Biblia y lee con atención.

Todo momento es bueno para eso. Él te está hablando directamente a ti...,

Y entonces, devóralas: Qué me dice Dios. Porqué y para qué

   me dice esto Dios a mí, ahora, aquí...

Pregunta... Escucha... Rumia... Dale vueltas. ¡Ya verás...!

 

Ora la Palabra:

Para el profeta, la palabra era gozo y alegría del corazón.

¿Te parece poco? Tú ¿qué sientes cuando meditas la palabra?

El gozo y la alegría del corazón es paz honda, serenidad,

   fortaleza interior e impulso al amor:

   docilidad a esa palabra y adhesión a esa voluntad divina.

Dile lo que experimentas y compártelo con Él en gratitud.

¿Ni gozo ni alegría ni nada de nada?

¿Qué obstáculo hay en el corazón para que no dance de amor?

 

Contempla la Palabra:

Abre el corazón y consiente a esa Presencia real oscura

   que te hace vivir de fe pura, de esperanza pura, de amor sin recompensa

   y olvidado de uno mismo...

El gozo y la alegría no serán sensibles, serán... Querer estar así, seguro, muy seguro de estar siendo amado por el Amor Personal y Divino... y estar siendo transformado... Es efecto no sensible, pero real de la Palabra de Dios... Vívela...

      ¡Ojalá, escucharais hoy su voz! (Salmo 95/94,7).

P. Gregorio